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Contenido: Diseño y maquetación: Miguel Rivas

Los 6 años
de Angostura

Angostura, seis años después

En Angostura aún quedan objetos del campamento de las FARC, que fue destruido por el ejército de Colombia, el 1 de marzo del 2008. Esa madrugada murió alias 'Raúl Reyes' y otras 23 personas.

El bombardeo al campamento de las FARC en Angostura, el 1 de marzo del 2008, marcó un antes y un después en la zona fronteriza de ecuatoriana.

Tras el ataque, en el que murió el segundo al mando de las FARC, Raúl Reyes, y otras 23 personas, incluidos guerrilleros y cuatro estudiantes mexicanos, las Fuerzas Armadas, con el Ejército ecuatoriano a la cabeza, incrementaron los operativos en la región y aumentaron su capacidad operativa y logística.

El bombardeo desnudó la estrategia del grupo armado, que desde el 2005 levantaba refugios provisionales usados para el descanso de sus tropas en zonas selváticas de difícil acceso, en Ecuador.

Con el incremento de las operaciones militares y el acoso de las fuerzas colombianas en el cordón fronterizo, los subversivos dejaron de usar Ecuador para levantar campamentos. Mientras el 2011, los militares ecuatorianos descubrieron 39 refugios, el 2012 solo se detectaron 5. Varios líderes de los armados murieron en los ataques en Colombia o fueron capturados en ambos países.

Informes del Ejército indican que eso implicó un quiebre para la guerrilla, que replanteó su estrategia para seguir usando al sector fronterizo como zona de retaguardia.

Fue un punto de quiebre. En lugar de levantar campamentos provisionales para sus tropas, las FARC empezaron a ocupar algunas fincas a lo largo de la frontera, que son utilizadas para su abastecimiento de víveres y pertrechos militares así como zonas de descanso y refugio de algunos de sus cabecillas. Las FARC, según informes de Inteligencia, tienen un plan detallado que les ha permitido adquirir decenas de propiedades, que están a nombres de campesinos, que son sus colaboradores, la mayoría bajo amenazas. Y otros a cambio de réditos económicos. Por años, el bastecimiento para las actividades de las FARC y otros grupos armados ilegales, incluidos los campesinos que viven de la siembra de la hoja de coca, los narcotraficantes que la transforman en clorhidrato de coicaína y la comercializan, han sido un motor económico para toda la frontera, caracterizada por niveles altos de pobreza, falta de servicios y fuentes de empleo.

Con el repliegue de los armados, la actividad comercial cayó sustancialmente en buena parte de los poblados limítrofes, cuyos habitantes están sometidos a más controles y tratan de sustituir sus ingresos a través de otras actividades como la agricultura, la pesca, o el contrabando.

Pese a que las estructuras armadas de los subversivos dejaron de levantarse en suelo ecuatoriano, estos mantienen intactas sus redes de apoyo, a través de colaboradores y milicianos, dedicados a tráfico de drogas, de armas, municiones, precursores y a realizar acciones militares en Colombia.

Análisis de las relaciones bilaterales

Juan Manuel Santos, de ‘guerrerista’ a conciliador

Seis años después del ataque al campamento de Angostura, en la provincia ecuatoriana de Sucumbíos, las relaciones entre Ecuador y Colombia atraviesan por su mejor momento. Así lo han señalado de forma reiterada los presidentes Rafael Correa y Juan Manuel Santos.

El Mandatario colombiano aparece como el protagonista clave de la recomposición de las relaciones entre los gobiernos de Quito y Bogotá, que se rompieron luego de la incursión del 1 de marzo del 2008.

A partir de agosto del 2010, cuando se instaló en la Casa de Nariño, Santos ha sufrido una metamorfosis. Dejó de lado su faceta del ‘guerrerista’ ministro de Defensa del gobierno de Álvaro Uribe, que ordenó la ‘Operación Fénix, para dar de baja a ‘Raúl Reyes’, el número dos de las FARC. Y la sustituyó por una postura más conciliadora, que le ha dado resultados.

A las pocas semanas de su arribo al poder, sofocó las crisis diplomáticas con Ecuador y Venezuela, que recibió de herencia de su antecesor.

La recomposición de las relaciones con los dos países vecinos se incluye en los éxitos de la política exterior que se le abonan, en medio de las críticas que crecen por el manejo de los temas domésticos y que provienen en especial del expresidente Uribe, su ex aliado.

De la buena salud de los vínculos bilaterales da cuenta la serie de reuniones que han mantenido los dos jefes de Estado, en Quito y en Bogotá, así como la realización del Primer Gabinete Binacional, que se efectuó en Tulcán, en diciembre pasado. Un encuentro similar se llevará a cabo este año en una ciudad colombiana, en una fecha por definir.

Además, existe una creciente colaboración entre los dos países en temas de seguridad.

Esa buena salud de las relaciones, sin embargo, será sometida a prueba por dos temas espinosos, posiblemente este mismo año. Uno se refiere a la demanda que interpuso Ecuador ante la Corte Internacional de Justicia (CIJ) de La Haya por las fumigaciones que realizara Colombia con glifosato en el cordón fronterizo. Y otro al proceso que se adelanta en la Comisión Interamericana de DD.HH. por la muerte del ecuatoriano Franklin Aisalla en el bombardeo que mató a ‘Reyes'.

Colombia, de facto, no ha reconocido el fallo que la CIJ hizo público en noviembre pasado y que la conminó a entregar más de 165 000 km2 de mar territorial a Nicaragua. (Dennis Rodríguez P., Corresponsal en Bogotá)

La cronología militar en Angostura