Cuenca se abre a nuevas corrientes espirituales

El hinduismo, el budismo, los centros de espiritualidad... tienen cabida en una ciudad tradicionalmente católica.

20 abril 2014.

En la decoración predomina el blanco. Solo las imágenes de los maestros, las cortinas y algunos cojines -armoniosamente ordenados- tienen otras tonalidades como café y naranja. El objetivo es atraer las buenas energías hacia los 50 asistentes a la Escuela de Valores Divinos. Ellos también están vestidos de blanco y una que otra prenda naranja o de otro color. Ingresan descalzos, en silencio, juntan sus manos y hacen una reverencia a su deidad, que es una suerte de esfera gris llamada Lingam (dios Shivá). Lentamente se quema el incienso y el aroma perfumado se apodera de la sala, que es el Espacio de Luz. Es la planta baja de una casa del barrio Virgen de Bronce, en el sur de Cuenca. La escuela se inició hace cuatro años por iniciativa del venezolano Víctor Mayo, quien tenía el apoyo de su familia. Ellos sembraron en un terreno fértil porque al poco tiempo varias familias cuencanas se interesaron por aprender sobre esta escuela, que tiene sus orígenes en la India. Ana Lucía Borrero, de 52 años, llegó porque quería respuestas espirituales para su vida, una tarea pendiente desde su adolescencia. Han pasado cuatro años. “Encontré el conocimiento y el camino”.

Su amiga Mariela Ramos, de 32 años, también buscaba llegar a su ser, algo “que no encontraba en el catolicismo”. Ahora la meditación y conexión con Dios son parte de su vida. A los asistentes les colocan en medio de la frente un extracto de una semilla u hoja. Con ese símbolo se busca despertar los sentidos. Mayo, el líder, percibe que los cuencanos quieren respuestas de su existencia. De eso está consciente el sacerdote católico Paúl Jara, quien es párroco de Fátima, una de las iglesias más concurridas de Cuenca. “No se puede cerrar los ojos, el cristianismo no ha dado respuestas a los fieles… Hay quienes dicen que fueron a la iglesia en busca de consuelo y no lo recibieron”. Por ello, Jara destaca que el Papa pidió dejar los templos y salir al encuentro de sus comunidades.

Jara rompe esquemas en sus eucaristías de los jueves y domingos. Apaga las luces del templo y entrega una vela a cada asistente para que la enciendan y mediten sus actos, mientras él hace una reflexión. El historiador Juan Martínez cree que Cuenca es más permeable a nuevas corrientes para llegar a Dios o una deidad. “Antes había un pensamiento cerrado” y pone como ejemplo que Eloy Alfaro tenía una ideología liberal y le resultaba difícil entrar a esta urbe, conocida por su catolicismo arraigado. Claudio Malo, exministro de Educación, está de acuerdo con que una de las ciudades más católicas del país acepta otras corrientes por la globalización. En esta urbe, el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INEC) determinó que el 0,32% de la población profesa el judaísmo, islamismo y budismo. El 73,3% es católico y el 4,4% evangélico.

El Centro cuencano es conocido por sus iglesias patrimoniales como la Catedral Nueva. En las inmediaciones de este templo funciona el Centro de la Ciencia de la Espiritualidad, en la céntrica calle Bolívar. La azuaya Azucena Vintimilla, de 67 años, está al frente de ese espacio. Ella creció en un hogar católico, pero en el hinduismo encontró una respuesta. Empezó a recibir información del maestro Sant Rajinder Singh Ji Maharaj, de la India. En una amplia y modesta sala hay un proyector, papelógrafos y fotos del maestro Sant Rajinder. Allí se reúnen hace cinco años. Vintimilla, quien está vinculada a las artes plásticas, está contenta de que el cuencano esté abierto al cambio. Joel Arias, de 46 años, asiste al centro desde hace dos años. No hay ningún requisito ni se debe realizar ninguna contribución económica. Él y Maritza Bermeo, de 30 años, dan gracias que a través de la meditación distribuyen mejor el tiempo y mejoraron su creatividad, concentración y carácter. El arzobispo de Cuenca, Luis Cabrera, cree que la diversidad de caminos que escoge el ser humano muestra que en el mundo hay diferentes corrientes para estar junto a Dios. “La Iglesia Católica también tiene escuelas de meditación y los fieles no deben actuar por moda”. Pero Iván Arízaga, quien es consultor empresarial, dice que no es un esnobismo haber escogido el budismo como una razón de vida desde hace siete años. Sentía la necesidad de una transformación espiritual. Hace ocho años realizó en Quito un primer taller sobre budismo. Luego, con su esposa, Cecilia Salazar, quien es psicóloga, adecuaron un espacio en un edificio moderno del sector de los Tres Puentes.

Están al frente del Centro Zen, en el que meditan todos los miércoles con otros 15 cuencanos, quienes realizan contribuciones voluntarias de USD 10 para gastos varios. Allí hay una imagen de Buda, velas para encender la luz de la conciencia e inciensos para purificar el cuerpo. Los esposos se sientan en la postura flor de loto: una rodilla apoyada en el suelo y la otra sobre la pierna, la espalda derecha y la nuca bien estirada. Miran fijamente a una pared de tonalidad neutra y el sonido de unas plaquetas (palos de madera) anuncia el inicio de la meditación, que dura 25 minutos. Para Arízaga, no significa que no cometan errores, pero que la diferencia es que saben cómo no herir al prójimo. “Aprendemos a conectarnos con nuestro ser y a trabajar en la atención”. El aroma del incienso es fuerte en el Centro Zen al igual que en la Escuela de Valores Divinos. En este último sitio, antes que cualquier persona ingrese al Espacio de Luz, la limpian con incienso. Quieren que las malas energías salgan del cuerpo

Mariuxi Lituma. Redactora
mariuxil@elcomercio.com

Los miércoles y viernes se reúnen los miembros de la Escuela de Valores Divinos. Hay 50 miembros que buscan una conexión con su ser y respuestas espirituales.

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