Primero hay que ser para poder parecer

Alfonso Espinosa de los Monteros es uno de los rostros más conocidos del país; habla de la reputación, la suya es sinónimo de credibilidad



iguzman@elcomercio.com   Ivonne Guzmán. Editora (O) 10 Octubre 2015

Seguro nadie (y tampoco él) es capaz de imaginar cómo será el día en que Alfonso Espinosa de los Monteros deje de ser el conductor del noticiero estelar de Ecuavisa. Lleva 48 años haciéndolo, de lunes a viernes, a las ocho de la noche. Tiempo suficiente para haberse construido una reputación a prueba de campañas de desprestigio. Su credibilidad es su mayor activo, por eso sabe de qué habla cuando habla de reputación.

¿Somos nuestra reputación?

Las personas construimos nuestra reputación. La hacemos en base a nuestra conducta y nuestra manera de ser. Pero la reputación a la final es producto de una opinión que la gente tiene de nosotros.

Pero somos más que solo nuestra reputación.

Por supuesto, porque la reputación involucra también un concepto de imagen y allí pues puede haber algo de superficialidad y hasta de falsedad porque construir una imagen no es lo mismo que construir una reputación.

¿Cuál es la diferencia?

Que construir una reputación es un proceso que parte desde el interior de la persona, en base a lo que uno es y ha hecho en la vida. La imagen es un idea que pueden tener de uno y que puede ser construida en base a asuntos no apropiados…

¿Más artificiosamente?

Exacto. Es el caso de muchos políticos que se construyen una imagen artificiosamente, en la que actúan los publicistas, los mercadólogos. Entonces adoptan ciertos procedimientos, ciertas poses, incluso ciertas formas de hablar, ciertos conceptos para aparecer con una imagen que el público puede aceptar.

Todos aspiramos a una buena reputación, pero eso depende de los otros.

Sí, es la opinión que los demás tienen de nosotros. Pero esa opinión parte de lo que somos.

O sea que, de alguna manera, sí tenemos control sobre nuestra reputación.

Sí, por supuesto. En primera instancia mi reputación depende de mí.  Sobre lo que yo hago la gente emite una opinión y hace mi reputación.

En épocas de redes sociales y clima de chisme, ¿la reputación sigue teniendo el peso que tenía antes.

Sí, sigue teniendo peso, pero la diferencia es que está en riesgo permanente, porque el chisme tecnificado puede dañarla.

¿Es justo que un buen nombre que tarda tanto en construirse se desmorone en un par de minutos?

No, no es justo, definitivamente. En eso, los que practicamos el periodismo tenemos que ser muy responsables porque a veces por llegar a la verdad podemos tocar la honra de una persona sin tener las bases suficientes y hacerle un daño que puede ser irreparable.

Pero hay gente que vive de destruir y de rehacer su propia reputación.

Es un juego perverso y además inútil porque finalmente ese va y viene provocará un desgaste tan profundo que la reputación nunca se recobrará.

¿Pesa mucho una buena reputación?

A mí no, sinceramente. O sea, no soy dos personas distintas: uno en la televisión y otro en el ámbito social. Entonces no me cuesta mantener mi reputación. Tomo ciertos cuidados, eso sí.

¿Cómo convive con su reputación, que es un activo tan importante para usted?

De una manera muy natural. Porque si tengo una reputación es porque he hecho las cosas de una manera que ha generado más opiniones buenas que malas. Por ejemplo, cuando el Gobierno quiso desprestigiarme lo que me dijo es que era viejo, como si eso fuera un defecto. Pero eso no es absolutamente nada, y yo nunca he escondido mi edad. La gente sabe que tengo tantos años en televisión que hasta gané un récord. De mi reputación no hay nada más que decir. No pueden decirme mentiroso ni deshonesto. Que me digan viejito nomás.

¿Mantener una buena reputación no implica esclavizarse a la opinión ajena?

Puede ser, sobre todo en ciertos ámbitos de acción, como la política. Los políticos viven esclavos del ser y el parecer. Pero en mi caso el ser y el parecer son una sola cosa, por eso no estoy pendiente del qué dirán.

Cuando se la ha tenido y se pierde la buena reputación, ¿qué queda?

Eso debe ser terrible. Creo que por un instinto de defensa habría que tratar de recuperar la reputación, aclarar las cosas.

Y si uno mismo es el causante de la reputación perdida, ¿disculparse es el camino?

Si ese error ha causado daño a otras personas, hay que reconocerlo y disculparse. Yo he aprendido eso en el periodismo. Nunca he tenido problemas en reconocer un error.

Ya que hablamos de periodismo, ¿qué opina del hecho de que desde hace algunos años se haya trapeado el piso con nuestra reputación?

Yo creo que es una campaña orquestada con fines políticos. De repente todos los medios son corruptos y todos los periodistas somos mediocres. Pero hay una trayectoria que el público reconoce y pese a esta campaña tan negativa que el Gobierno hace equivocadamente con fines políticos, creo que los medios han logrado mantenerse.

¿O sea que es optimista y cree que el periodismo recuperará su buen nombre?

Yo creo que la reputación no está afectada. Y mi trabajo de todos los días está siendo valorado por la gente que lo ve y lo escucha; si fuera verdad todo lo que se ha dicho en esta campaña la gente hubiera dejado de vernos o de leernos. Entre periodistas y medios puede haber buenos y malos, también, porque nada es perfecto.

¿Qué pasa si vivimos demasiado pendientes de nuestra reputación?

Sería una esclavitud. Por eso yo creo que hay que ser y parecer. Parecer es lo que da la reputación, pero para eso hay que primero ser. Y si es así, no hay problema, porque uno no tiene que andar pendiente ni andar cuidándose de tal o cual gesto.

Alfonso Espinosa de los Monteros

Es el presentador de noticias más antiguo del país (48 años, que le valieron un récord Guinness) y también el más respetado. Se formó como ingeniero comercial en la U. Laica Vicente Rocafuerte (Guayaquil) y desde los 17 años está vinculado al periodismo de televisión; es Vicepresidente de Noticias de Ecuavisa.

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