Cuando la pérdida es más que ficción

La muerte de sus parejas se expresa en las obras de tres escritores: Rosa Montero, Fernando Savater y Elena Poniatowska



Mónica Mendoza. Macroeditora (O) 13 Febrero 2016

Esta no es una historia sobre la muerte. Es sobre el amor al otro y de cómo el dolor de perderlo te inmoviliza, te corroe, te vuelve irracional incluso si eres un intelectual.

Perder a tu pareja de casi una vida está dentro de las posibilidades, pero el dolor puede hacerte dudar incluso de tus más firmes paradigmas sobre la vida y la muerte. Se trata seguramente de un impacto emocional que amerita modos de entender que van más allá de lo estrictamente racional.

Incluso para filósofos y literatos, que para convertir sus vivencias en textos están acostumbrados a distanciarse del hecho y la emoción.

El filósofo español Fernando Savater, la escritora y periodista mexicana Elena Poniatowska y la escritora española Rosa Montero experimentan esa pérdida desde la negación, desde los textos y desde el recuerdo eternizado.

Fernando  Savater no quiere escribir el final de su vida con Sara Torres. Su esposa, su aliada, su pareja de aventuras, su primera lectora y su crítica. Lo inspiraba su propia existencia. Falleció en marzo del 2015. En noviembre de ese año publicó su última obra (¿la última?) ‘Aquí viven leones’ y la primera firmada con ella, su compañera durante 35 años.  El libro es un ‘viaje a las guaridas de los grandes escritores’.  Un trabajo que comenzó felicísimo pero terminó editando con el dolor, con la pérdida de Sara.

El pensador y escritor (69 años) de decenas de libros, como ‘Ética para Amador’, ‘Las preguntas de la vida’, ‘Los diez mandamientos’, ‘El Jardín de las dudas’, ‘Sobre vivir’..., ya no quiere escribir más. Se siente desolado, y la desolación no es un buen estimulante, como ha dicho a inicios de este año.

La filosofía, su razón intelectual, ahora parece una ironía en su vida. Dos meses después de la muerte de Sara diario El País le preguntó: ¿La filosofía sirve para algo cuando muere alguien querido?  “Desgraciadamente, no. Tienes más argumentos para razonar las cosas, pero la razón no detiene el dolor. La aflicción es más fuerte que la razón”. Dice que tampoco le sirve la literatura.  En ‘Las preguntas de la vida’ (1999) escribió que la muerte sirve para hacernos pensar, pero no sobre la muerte sino sobre la vida.  Quizás por eso dice ahora:  “Mi única motivación es no olvidar a mi mujer”.

Aunque agnóstico, en el prólogo de  ‘Aquí viven leones’, Savater cita algunas doctrinas orientales acerca de que las almas transmigran después de la muerte a nuevos cuerpos. “En otra vida buscaré a Sara y seguro la encontraré, porque ella también me estará buscando”.

Rosa Montero (65 años) dice que para vivir tenemos que narrarnos.  Su libro ‘La ridícula idea de no volver a verte’  (2013) tal vez es una forma de volver a la vida a Pablo Lizcano. Su esposo falleció en el 2009 por un cáncer. Lo perdió tras 20 años de matrimonio.

Fue en noviembre del 2011 cuando le llegó un email de Elena Ramírez, editora de Seix Barral. Le proponía que hiciera el prólogo de Únicos, una colección de libritos breves, donde se incluía el diario de Marie Curie tras la muerte de su esposo. La editora pensó en  ella porque el texto de la polaca -una científica pionera  en el campo de la radioactidad-describía con crudeza descarnada el duelo por su marido Pierre.

Así, Montero toma como hilo conductor ese diario de dolor para contar su historia íntima. La pérdida de Pablo la había sepultado como un alud. No verlo nunca más, a veces parecía un mal chiste -como narra -.  Marie Curie dice en su diario: A veces (tengo) la idea  ridícula de que todo esto es una ilusión y que vas a volver. ¿No tuve ayer, al oír cerrarse la puerta, la absurda idea de que eras tú?. Y la escritora también se descubrió pensando que la ausencia de Pablo era una broma: A ver si deja ya de hacer el tonto  y regresa de una vez.

Montero dijo, en una entrevista en el 2013, cuando se publicó su obra que no era un libro de autoyuda. Pero el texto generó una avalancha de cartas de sus lectores donde le contaban historias de duelos, de muertes cercanas, llenas de vida, belleza y emoción.

Aferrarse a lo perdido es una constante y a veces con episodios siniestros como descubre el diario de la científica. Dos meses después de la muerte de su marido, atropellado por caballos, saca de su armario un gran bulto. Era la  ropa de Pierre de aquel día, aun con grumos de sangre y restos de sesos. Marie se puso a besarlos y acariciarlos ante el horror de su hermana que logró arrebatárselos y tirarlos al fuego. Montero se espantó. Ella más bien intentó cambiar al menos la fachada de los muebles.

La incredulidad ante la muerte de Pablo también la atrapó.  Y la muerte aún mancha sus recuerdos, tanto que a veces no soporta recordar. Con el duelo la escritora española dice que descubrió algo curioso con los “muertos queridos”. Y es que se produce una especie de posesión, como si Pablo se hubiera reencarnado en ella para sentir como propias ciertas fobias y aficiones.  

El libro le salió del corazón  a Rosa Montero y como nunca demoró 11 meses en escribirlo.

Elena Poniatowska esperó 20 años para escribir la historia de su esposo, el astrónomo mexicano Guillermo Haro. ‘El universo o nada’ (2013) ha sido el libro más difícil de su carrera.  La escritora (83 años) comenzó por desempolvar sus archivos personales donde estaban sus cartas, sus recuerdos, sus regalos...

Guillermo Haro falleció el 26 de abril de 1988. El día de su muerte ya no hablaba bien, decía incoherencias, como narra su esposa en el libro. Poniatowska al leer las cartas guardadas sentía que quizás lo había conocido poco y que le faltó haber dimensionado  la trascendencia e importancia del astrofísico. Seis años después de su muerte sus cenizas fueron exhumadas en Tonantzintla para trasladarlas a la Rotonda de los Hombres Ilustres de México.

Montero cree que los humanos no sabemos qué hacer con la muerte. La vida fluía tan normal, y, de pronto el abismo. Los tres escritores viven su dolor  hasta lo irracional -como Savater- sin encontrar aún una explicación humana.  La doctora  Iona Heath, autora del libro ‘Ayudar a morir: sobre lo esencial de la vida’, dice que cuando alguien fallece, hay que escribir el final. El final de la vida de quien muere, pero además el final de nuestra vida en común.

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