El síndrome del sapo es un mito

Muchas sociedades recurren, frente a las crisis, a la metáfora del sapo en agua hirviendo. Sin embargo, esta idea está errada: en realidad el sapo sí salta y se salva.



Martín Pallares Editor. (O) 14 Marzo 2015

Si pones un sapo en una olla con agua hirviendo, el sapo salta inmediatamente y se salva. Si lo dejas en agua fría y vas aumentando la temperatura lentamente el sapo queda amodorrado y muere. 

A esta escena se la llama “síndrome del sapo en agua hervida” y ha sido utilizada en miles de ocasiones para hablar metafóricamente sobre la actitud de las personas o de las sociedades frente al cambio.  

La fábula no es nueva. Se utilizó a inicios de la Guerra Fría para tratar de explicar cómo la sociedad rusa se adaptó al comunismo de la Unión Soviética, se ha recurrido a ella para hablar sobre cómo la sociedad tolera el totalitarismo en Corea del Norte o para referirse a la forma en que el comunismo de Fidel Castro se impuso en Cuba.  Los libertarios en EE.UU. la utilizan para graficar cómo se han perdido libertades.

Se ha utilizado la metáfora no solo en temas políticos: hay psicólogos industriales que recurren a ella para describir cómo el personal de una empresa se deja atrapar por las malas prácticas de los administradores.

Al Gore, ex vicepresidente de  EE.UU., popularizó como nadie la parábola del sapo, cuando en su película ambientalista ‘An Inconvenient Truth’, que en español se traduce como ‘Una verdad inconveniente’, habló sobre un mundo que se destruye en medio del calentamiento global.

Ahora la referencia a la historia del sapo se escucha a menudo. En el Ecuador, se ha comenzado a mencionarla con mayor frecuencia en redes sociales, sobre todo desde el anuncio de los aranceles

Lo que ocurre en Venezuela ha hecho incluso que varios columnistas la utilicen para describir la situación política. Como “Un país de ranas hervidas” describía en septiembre del 2013 el venezolano Rafael Bello Rosal a su país, en una columna en El Universal. En 1996, Rafael Obregón ya decía en una columna en El Tiempo de Bogotá que los colombianos se estaban adaptando a la violencia como el sapo que murió en la olla de agua que se calentó poco a poco. Una simple búsqueda en Google permite ver las decenas de miles de veces que la gente ha recurrido a la imagen. Con tal solo poner como términos de búsqueda las palabras sapo+hirviendo+argentina o el nombre de otros país los resultados son sorprendentes.

Si en algo coinciden quienes recurren a la historia del sapo es en que siempre se preguntan si el país o la sociedad que les incumbe calzan en el caso del sapo que entra al agua hirviendo y se salva o en el del que ha sido colocado en  agua fría y luego muere.

El problema con esta metáfora es que está mal. Al menos en términos científicos.

Una investigación hecha por periodistas de Fast Company en 1995 echó al traste la veracidad de la paradoja. Luego de que algún político había utilizado la historia para criticar alguna decisión del Gobierno de EE.UU., la unidad de investigación se puso en la tarea de consultar sobre el tema a las autoridades más importantes sobre sapos.  

Primero hablaron con George R. Zug, curador de reptiles y anfibios del Museo Nacional de Historia Natural en Washington. “Bueno, eso es, déjenme decirlo, pura charlatanería. Si un sapo tiene la posibilidad de salir, ciertamente que lo hará. Y no puedo imaginar a nada que sea arrojado en agua hirviendo que no termine sancochado y muerto por quemaduras”.

El profesor Doug Melton, del Departamento de Biología de la Universidad de Harvard, lo puso de esta forma: “Si se pone un sapo en agua hirviendo, no saltará. Morirá. Si lo pones en agua fría, saltará antes de que se ponga caliente. No se va a quedar quieto para ti”.

Fast Company no se conformó con las opiniones de los científicos y quisieron hacer una prueba ellos mismos. Para eso convocaron a Thomas Hout, vicepresidente del Boston Consulting Group y a Debra Hofman, investigadora del Centro para la Información de Investigación de Sistemas de MIT y coautora de “Implementando cambio radical: gradual versus rápido”. 

Pusieron entonces a Sapo A en una cacerola con agua fría y aplicaron calor moderado. En 04:20 minutos, Sapo A saltó exitosamente con un brinco de 24 centímetros. Cuando pusieron a Sapo B en una cazuela con agua caliente, a los 01:57 segundos saltó con gran éxito gracias a un impulso de 57 centímetros.

“¿Cómo interpretaron nuestros expertos este triunfo de la ciencia?”, se preguntaba la gente de Fast Company. 

“Hay casos en los que el cambio gradual es siempre preferido”, les dijo Hofman. “El ‘mito del cambio’ responde a una forma muy estrecha de ver las cosas. Si las ranas pueden hacerlo, la gente también”.

Lo que los periodistas no mencionan en su reportaje sobre el mito del sapo en el agua hirviendo es que en 1869, mientras hacía experimentos para encontrar la ubicación del alma, el fisiólogo alemán Friedrich Goltz demostró, luego de cientos de experimentos, que únicamente un sapo que ha sido descerebrado se quedará en el agua que se caliente paulatinamente. Según Goltz, un sapo que tenga su cerebro en su lugar saltará del agua cuando esta alcance los 25 grados centígrados.

Quizá  la gente que recurre a la parábola o mito del sapo en agua hirviendo no debe preguntarse en qué momento del sapo se encuentran sus países; si no, más bien, si el sapo ha sido descerebrado o no.

 

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