La poderosa belleza del no

‘Yo no’ son las memorias del intelectual alemán Joachim Fest, que bajo la guía de su padre Johannes, jamás transó con los atropellos nazis. Eso lo convirtió, a la postre, en una de las pocas voces con integridad intelectual luego de la guerra.



Martín Pallares. Editor 15 Noviembre 2014

El gesto de decir no puede llegar a ser bello y hasta heroico. Bello cuando el que dice no está negándose a traicionar sus principios, aunque esa negativa signifique la marginación y el menosprecio de una mayoría que dice sí al unísono: a veces por convicción, a veces por seguridad, casi siempre por cobardía.

Y puede ser heroico también cuando la lealtad con los principios de la civilidad, la moral y la ética prevalecen sobre las conveniencias sociales, económicas e incluso el sentido común.

Es la belleza y la heroicidad de aquel no con el que Classius Clay (más tarde Mohamed Ali) se negó a ir a combatir a Vietnam, aunque eso le costó la cárcel y la renuncia a un campeonato mundial de boxeo. O del no épico de la frágil Rosa Parks cuando se rehusó a ceder su asiento en un bus a un pasajero blanco en Alabama. Es el no que no concilia con aquella lógica pusilánime del sentido común que dice: “Piensa en los tuyos, en tu futuro y calla”.

En el no de ‘Yo no’ (Ich nicht) de Joachim Fest la belleza se perfecciona cuando una persona, en este caso el padre del autor, se niega a plegar con el nazismo de inicios de los años 30 del siglo pasado, aunque esa negativa le haya llevado a la marginación, el desprecio social y la miseria familiar.  

‘Yo no’ es un libro de memorias que habla sobre la heroicidad de decir no, pudiendo fácilmente haber dicho sí.
‘Yo no’ es el ensayo autobiográfico de Fest, el intelectual e historiador alemán que creció durante el nazismo bajo el paraguas ético de su padre.

Johannes Fest, el padre del autor y héroe de este libro, representa al perfecto Bildungsbürger, el alemán culto e ilustrado que se enorgullece de tener en su casa las obras completas de Goethe, Shakespeare, Heine y Lessing y cuya oficina adornaba un pequeño busto en bronce de Dante, como testimonio por la pasión que sentía por el renacimiento italiano.

Proveniente de una sólida familia prusiana, Johannes era también un devoto católico y un convencido de que la República era la única forma ética de gobierno. Como republicano nunca pudo conciliar con el autoritarismo nazi y su profundo humanismo lo llevó a repudiar el exterminio de los judíos, lo que lo llevó incluso a rezar en público por ellos, a sabiendas que eso le significaría el pasaje a un campo de concentración.

Johannes, al comienzo de la aventura nazi, perdió su empleo como director de un colegio por no afiliarse al partido de Hitler, lo que sumió a su familia en una pobreza franciscana.

Cuenta Fest que alguna vez su madre, desesperada por la situación familiar, imploró a su esposo para que se afilie al partido y pudiera conseguir nuevamente un empleo. En su súplica le dijo que afiliarse era un engaño a los nazis porque finalmente él no creía en el credo del partido y que nada cambiaría. “¡Claro que todo cambia!”, le espetó furioso su esposo, negándose a traicionar a sus valores.

Joachim Fest
Joachim Fest
Nació en Kronberg en 1926 y murió en el 2006. Periodista e historiador alemán, crítico y editor. Fue muy conocido por sus escritos y discursos sobre la Alemania nazi.

En Alemania, cuenta Fest, muchas personas contrarias a los nazis tomaban la precaución, al salir a la calle, de llevar las dos manos ocupadas en algo, para tener una excusa y no levantar el brazo en el saludo obligatorio de “Heil Hitler”. Su padre, que no cedía un milímetro, se negaba también a utilizar esa argucia y salía con las manos libres. En un artículo reciente sobre ‘Yo no’, el escritor español Antonio Muñoz Molina sostiene, al referirse a este episodio, que “ir por la calle con las manos en los bolsillos puede ser un gesto de heroísmo porque es otra forma de decir no”.

El libro, escrito en una prosa exquisita, plantea la importancia de nunca renunciar a los principios de la democracia liberal porque esos principios, en algún momento, dice el autor, serán la única inmunidad moral del ser humano.

Fue precisamente la lealtad absoluta y sin concesiones que la familia Fest mantuvo con los principios republicanos la que la salvaría cuando la pesadilla nazi había pasado. Así Joachim Fest se erigiría, tras la guerra, en uno de los pocos intelectuales con su legitimidad moral intacta. A tal punto que sacudió la conciencia de su país cuando condenó al casi intocable Günter Grass, no por su obra literaria a la que tanto admiraba, sino por haber confesado demasiado tarde su cercanía al nazismo.

Cuenta asimismo Fest en este ‘Yo no’ cómo la sociedad alemana fue cediendo ante la brutalidad nazi. Al principio, dice, muchos Bildungsbürgen o burgueses cultos se oponían a Hitler, pero al poco tiempo empezaron a ver cosas buenas en él y a tolerar sus atropellos. La construcción de obra pública, por ejemplo, era uno de los factores por los que muchos empezaron a ver con buenos ojos el liderazgo de Hitler. Luego vinieron otros logros del nazismo que terminaron de convencer a muchos que habían sido críticos. Por ejemplo, el haber levantado la moral pública aplastada luego de la Primera Guerra Mundial o el haber mejorado la calidad de vida de los alemanes.

Muchos de los amigos o conocidos de Johannes terminarían, si no como simpatizantes, sí tolerando a Hitler porque había puesto fin al caos político en el que había vivido Alemania desde la Primera Guerra Mundial. Muchos expresaban su confianza en que Hitler terminaría inclinándose por el pragmatismo y abandonando su demagogia. Solo los horrores de la guerra los sacarían de esa ilusión, narra Fest.
“Los problemas del momento jamás deben poner en duda los principios en cuestión”, solía repetir Johannes a sus hijos.

Algunos años luego de finalizada la guerra, Fest escribió la primera biografía de Hitler. Nadie con la integridad intelectual como la suya para hacerlo. Casi al final de su ‘Yo no’, Fest hace esta definición del dirigente nazi: “Él era un revolucionario. Pero debido a que era capaz de ocultarse tras una máscara burguesa, destruyó la fachada hueca de la burguesía con ayuda de la misma burguesía. El deseo de poner fin a la misma era insoportable”.

El momento que explica el título del libro se produce cuando al ver que la demencia colectiva se había apoderado de sus compatriotas, Johannes llama al pequeño Joachim y a su hermano Wolfgang a su despacho.  Ahí, en tono grave, les compartió una máxima latina que pidió no la abandonen: “Incluso si todos los otros lo hacen, yo no”.

Esa sería la frase y el concepto que acompañaría a los Fest durante todos los horrorosos años previos a la guerra, durante ella y en la Alemania post conflicto.

Una máxima que, difícilmente, pasará sin hacer mella en la conciencia y la sensibilidad  del lector de este entrañable y emocionante ‘Yo no’ de Joachim Fest. Un texto profudamente inspirador.

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