Tenemos que olvidar para seguir vivos

Con su nuevo show, de paso por Quito, Sergio Mercurio -más conocido como el Titiritero de Banfield- reflexiona sobre el olvido, un tema que conoce a fondo porque lo trata en su obra y lo ha vivido.



iguzman@elcomercio.com   Ivonne Guzmán. Editora (O) 18 Abril 2016

Sergio Mercurio ha venido tantas veces a Quito que ya se mueve en ella como si estuviera en casa. Para esta entrevista acordamos vernos donde el acupunturista que visita siempre que está en la ciudad. Sergio vino con su show de títeres, pero esta vez para cerrar la trilogía de la vejez con un trabajo sobre el olvido. Un tema que conoce bien, porque lo ha estudiado, lo ha hecho materia de su creatividad y porque lo ha vivido.

¿Por qué hay que olvidar?

Es más fácil decir por qué no tenemos que olvidar... pero evidentemente también hay cosas que hay que olvidar para poder seguir vivos.

¿Qué tipo de cosas?

La primera obra que escribí tiene un texto que dice: Hay días que la memoria me prohíbe la esperanza. Digamos, si hay que escoger qué tenemos que olvidar, lo primero tiene que ser que vamos a morir.

Si no ya no tendría ningún sentido la vida, ¿no?

Debemos olvidar que vamos hacia el mismo lugar que fueron todos, que talvez no logremos construir nada duradero; tenemos que olvidarnos de eso.

¿Para poder vivir?

Sí, para que se haga más habitable nuestro cuerpo y nuestro lugar. Borges dice que construimos sobre la arena, hagamos lo que hagamos siempre es sobre la arena, no tiene bases esto… Son cosas que tenemos que conocer también, y luego olvidar.

¿El olvido como un mecanismo de supervivencia?

Es un mecanismo. Pero también creo que saber eso nos da el lugar de no ser todopoderosos, y es necesario recordarlo.

Memento mori (recuerda que vas a morir).

En realidad cuando uno está creando, que lleva algunos instantes de eternidad, parece que logra vencer eso.

¿Tu definición de olvido?

No sé, porque es un recurso que se puede usar como todos los recursos con buenos fines y malos fines. Creo que en nuestra sociedad en este momento hay un ejercicio constante del olvido porque eso facilita el statu quo, facilita que todas las cosas sigan estando como están. Entonces yo creo en la importancia de la memoria. Por ejemplo, yo trato el mal del alzhéimer en la obra (‘Viejos de mi...’), y cuando la estaba creando me cuestionaba: a quién perjudica el olvido; no es a uno mismo, es al otro.

¿Qué es más temible: olvidar o que te olviden?

Olvidar, porque temer que te olviden es egoísta.

Borges también dijo que el olvido es el único perdón y la única venganza.

Creo que en el transcurso del acercamiento a la madurez, olvidar es un buen perdón.

Todos vamos a ser olvidados algún día, ¿qué sensación te deja esa certeza?

No me preocupa mucho eso en realidad.

¿Cómo será la vida habitada en el olvido, como la que vivirán quienes tienen alzhéimer?

Yo a veces pienso: qué piensa un bebé. ¿El bebé se olvidará de algo? Cuando miro a mis hijas mirar algo, ¿están acá? Yo las enfoco a ellas y veo que ellas enfocan más allá de mis ojos y se ríen, ¿qué están viendo?, ¿en dónde están? Yo no sé dónde están las personas que tiene alzhéimer; o sea, yo desearía llegar a ese mundo, como desearía llegar al mundo del bebé. Aparte es un poco onírico todo esto, porque es un terreno de sueños, como si estando ahora los dos juntos vos estuvieras viendo otras cosas todo el tiempo. Y el que tiene alzhéimer está viendo otras cosas todo el tiempo.

Pero está aquí todavía.

Está aquí todavía. Creo que es algo que te llena de preguntas que no tienen respuesta.

Asociamos la vejez con la pérdida de memoria.

Para mí es solo que la sociedad impone esta idea porque hay un marketing de la juventud muy grande, de ser joven, de no parecer viejo. Los viejos para mí son como una señal mucho más clara que cualquier cosa, que recurrir a la filosofía para comprender el mundo. A veces cuando los viejos solo están ahí, haciendo sus cosas, sin querer, están pasando un mensaje, incluso aunque hayan olvidado todo.

¿Cómo?

Por ejemplo, cuando una viejita que tiene alzhéimer tiene una conversación con su madre es alucinante, porque está pidiéndole cosas que existieron hace 70 años; curiosamente en el alzhéimer que es la pérdida de la memoria ella está recuperando memorias, que si vos tenés la posibilidad de observarlas son increíbles.

¿No hemos aprendido a entender el alzhéimer?

No lo hemos aprendido a valorar; y creo que es un ejercicio muy difícil de desapego, porque uno está con la construcción final de la persona. Qué quiero decir con esto: vos ves una persona que tiene ideologías y conceptos y de repente ¡puf! lo primero que se le va es eso. Lo primero que se le va es lo último que llegó a tener. Y sin embargo va para atrás, a recuperar cosas.

Es otro tipo de memoria, que creemos que no sirve.

Exactamante. Lo que sucede es que el alzhéimer pone en juego tu relación con el otro. ¿Con quién te relacionás cuando te relacionás con otra persona? ¿Con alguien que expone ideas? ¿Con alguien que se maneja con el sentido común? ¿O vos te relacionás con el ser profundo que está detrás de la máscara esa? Hay un ejercicio de amor y de tolerancia muy grande para relacionarte con ese ser. Yo me acuerdo cuando mi abuela tenía alzhéimer; esa persona que me quiso tanto y no tenía idea de quién era yo. Y yo estaba delante de ella y lo único que podía hacer era comprarle caramelos.

¿Eso la hacía feliz?

Sí.

¿Tienes algún conjuro contra el olvido?

No, no lo tengo. A veces tuve, pero no tengo más.

¿Por qué?

Porque también los conjuros y los rituales pasan de tiempo. Tienen su momento. Ahora estoy en un horizonte másincierto.

Sergio Mercurio

Nació en 1968 en Banfield, provincia de Buenos Aires.Es titiritero autodidacta; estudió cine y educación física. Su repertorio incluye 6 obras que ha escrito y dirigido y en 5 de ellas también actuado; y 6 más que solo escribió y dirigió. Tiene dos películas y dos libros publicados y otro en espera. Hasta mediado de este año irá de gira también a varias ciudades de Brasil, Guatemala y Cuba.

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