Caudillos al altar y demócratas al olvido

La enseñanza de la historia ha construido en la sociedad un culto a personajes que representan al caudillismo y al hiperpresidencialismo. ¿Y los demócratas?



Martín Pallares. Editor (O) 01 Noviembre 2014

Es muy probable que si a un grupo de ecuatorianos se les pide nombrar a los tres o cuatro presidentes de la historia del Ecuador que primero se les vengan a la mente, una mayoría mencionará a García Moreno, Eloy Alfaro y Velasco Ibarra. También es probable que se si les pide que digan quiénes han sido los personajes más importantes de la historia del país, repitan esos mismos nombres.  No hay que olvidar que cuando Ecuavisa realizó en el 2005 el concurso para elegir al ‘Mejor ecuatoriano de todos los tiempos’, el ganador fue Eloy Alfaro.

Y si la pregunta no se limita al Ecuador y es sobre quién ha sido el americano más destacado de la historia, existe un alta probabilidad de que la respuesta sea Simón Bolívar.

Pero si uno examina a estos personajes rigurosamente a través del prisma de los fundamentos democráticos y republicanos se verá que ninguno de ellos se destacó por su respeto a las constituciones, las leyes, la separación de poderes y el gobierno limitado. Todos tienen en común, a más de sus indudables virtudes humanas, la particularidad de que no dudaron en romper constituciones, hacer otras a sus medidas y usar todo el poder posible para realizar lo que ellos consideraban que era lo que el país necesitaba.

García  Moreno
García Moreno
Primer modernizador del país

Todos ellos en algún momento aplicaron el concepto de que el fin justifica los medios. Siempre hubo un motivo o una causa superior que justificaba su  intervención en las instituciones republicanas. Además, ya sea García Moreno,  Alfaro, Velasco Ibarra u otros como Vicente Rocafuerte o Juan José  Flores representaban al hiperpresidencialismo.

El Ecuador, ¿ha construido entonces un culto histórico a favor del autoritarismo y el caudillismo? ¿Son acaso los presidentes que concentraron los poderes los líderes ideales para los ecuatorianos

Aparentemente sí. Si se mira lo que se ha estudiado de historia en la escuela y en los colegios, y si se examina el imaginario histórico de los ecuatorianos se verá que los principios republicanos de la separación de poderes o del respeto a las libertades individuales no tienen el mismo protagonismo que los idearios de aquellos líderes que basaron sus acciones en la fuerza militar, en la concentración de poderes o en el rompimiento del sistema democrático.

Para el historiador Eduardo Crespo, catedrático de la Universidad de los Hemisferios, el Ecuador al igual que el resto de países de la región nace como Estado cuando no había siquiera una nación que justifique su existencia, muy al contrario de lo que ocurrió en Europa. Por eso, dice, había que crear mitos fundacionales para justificar la independencia de España.  Ahí es cuando se recurre a la figura de los caudillos militares que lideraron la independencia, porque es a través de ellos que se justifica la construcción de un Estado que no tenía una nación como sustento.

Simón Bolívar
Simón Bolívar
Es el referente de América

“Cuando se votó para elegir el nombre del aeropuerto de Quito nadie votó por el de Carlos Montúfar, que era un estadista, sino por el de Sucre que fue, al fin de cuentas, un militar”, sostiene.  

Si se mira a la América anglosajona, en cambio, se tiene que los llamados padres fundadores eran estadistas que habían estudiado la democracia bajo la luz del liberalismo inglés y la Revolución Francesa. De entre Benjamín Franklin, John Adams, Alexander Hamilton, Thomas Jefferson, James Madison y George Washington, solo este último tenía formación militar aunque también poseía profundas convicciones republicanas que hicieron que no aceptara la reelección, por ejemplo.

En la América española, por el contrario, lucen como héroes y fundadores de los ­actuales países los caudillos militares que prefirieron la fuerza y la concentración de poderes.  Así se explica, dice Crespo, el hiperpresidencialismo.

Según Crespo, en la construcción de este fenómeno tiene un papel importante la figura de Simón Bolívar, a quien la historiografía lo ha elevado a una condición cuasi sagrada, a pesar de que no respetó las instituciones colombianas y redactó una Constitución para Bolivia donde se establecía una Presidencia vitalicia.

Todo eso ha configurado una sociedad patriarcal que mira en la “mano dura” una protección.

Eloy Alfaro
Eloy Alfaro
‘El mejor ecuatoriano de todos los tiempos’

El  historiador y experto en educación Milton Luna sostiene que la sociedad patriarcal fue terreno fértil para que el culto a los caudillos fuertes floreciera. Para Luna, esta historiografía que exalta  a los líderes que hicieron sus reformas y obras “a patadas”, mira con buenos ojos a la figura del padre autoritario que grita y pega al hijo por su bien.  

Pero Luna mira otras aristas en este fenómeno.  Para él, la “nueva historia” que se empezó a hacer en el Ecuador a partir de los años 60 y 70, en la que los líderes perdían el protagonismo frente a los actores sociales, no permeó en el sistema educativo del país y se quedó en pequeños círculos intelectuales. Ni siquiera ha influido de forma sustancial al modelo actual,  donde el memorismo y la exaltación de los héroes sigue marcando la agenda educativa.

Ese memorismo, al no ser crítico, ha ido cimentando una actitud dogmática en los jóvenes que, a su vez, se ha alineado a una tradición y visión de muchos educadores que se formaron bajo la vertiente estalinista del culto a la personalidad. Esa vertiente, dice, dominó a una importante parte de la izquierda ecuatoriana.

“La sociedad está formada para el insulto, para ser maltratada, para aceptar el papá autoritario y proveedor”, dice Luna.

Para Luna, el aprendizaje de la historia es una de las herramientas más importantes en la construcción de una cultura cívica. No es de extrañarse por eso, dice, que a lo largo de la historia se haya visto con buenos ojos y tolerancia el modelo hiperpresidencialista.  

Por su lado, César Montúfar, en una columna publicada en este Diario el lunes pasado, llamaba a este fenómeno “la falacia autoritaria”. 

Montúfar sostiene que esta falacia, incubada en la enseñanza de la historia, apuntala la tesis de que el país solo es gobernable mediante un liderazgo fuerte con capacidad de imponer un solo punto de vista.  Es falacia, sostiene Montúfar, porque las grandes transformaciones y los períodos más fecundos han sido aquellos donde se ha respetado la pluralidad y los principios democráticos.

Para Montúfar el mejor ejemplo de esto lo representan dos figuras muy distintas en la historia: Galo Plaza y Velasco Ibarra. Plaza gobernó al Ecuador entre 1948 y 1952 observando y acatando hasta el último detalle la institucionalidad y los límites del poder. Velasco, en cambio, no dudó en romper o reformar la constitución para hacer los cambios que, según él, necesitaba el país.

Montúfar sostiene que mientras Plaza con su respeto a la democracia cimentó las bases para un período de prosperidad y desarrollo en los años 50, Velasco Ibarra desinstitucionalizó al Ecuador privándolo de la posibilidad de tener un desarrollo orgánico y sostenido.  “La falacia autoritaria nos hace ver y ponderar las obras que hacen los caudillos, no los procesos sociales que impulsa la verdadera democracia”, sostiene Montúfar.

En definitiva, esta  forma conservadora, según Milton Luna, de  ver y entender la historia es la que ha  invisibilizado o minimizado la importancia de otras personalidades y otros actores sociales que prefirieron el apego a la institucionalidad y los principios republicanos.
Quizá por eso, muy pocos o más bien ningún ecuatoriano habrán escuchado en las aulas colegiales sobre el jurista liberal de la primera mitad del siglo XX, José Rafael Bustamante, quien en su libro ‘Filosofía de la Libertad’ dijo: “Todo bien impuesto es un mal”.

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