San Diego: Una ciudad dentro de la ciudad

La convivencia de expresiones de arte estático y dinámico, blanco y colorido, eterno y efímero, da el carácter al cementerio de San Diego y refleja lo que es Quito en sus múltiples facetas culturales



Inés del Pino M. (I) * 01 Noviembre 2014

En el siglo XIX hubo varios cambios que determinará la nueva imagen urbana del  sector de San Diego en Quito, ubicado en la periferia del Centro Histórico; el primero se relaciona con la Batalla de Pichincha de 1822, librada en la Cima de la Libertad. El segundo con los terremotos de 1859 y 1868, que destruyeron la mayor parte de edificios religiosos y de arquitectura civil. Un tercer aspecto, de tipo político y urbano, ocurrió cuando el presidente Gabriel García Moreno impulsó obras que incorporaron el concepto moderno de salud pública e higiene en la ciudad, y edificios de gran envergadura como el Panóptico y la Escuela de Artes y Oficios en el sector suroccidental de Quito.

En el siglo XIX, la muerte rondaba en la memoria de los quiteños, la ciudad lucía pobre, destruida, aspecto que sin duda influyó en el ánimo de la población. En este contexto se creó la Hermandad de Beneficencia Funeraria, presidida por el dominico Mariano Rodríguez, en 1851. Su misión fue proporcionar apoyo espiritual a los asociados, recibir y administrar los aportes económicos mensuales de los socios para cubrir el costo de los funerales y el enterramiento. También incorporó un servicio de beneficencia para personas de escasos recursos.

La misión de la Hermandad revela el concepto moderno de preparación de las personas ante la muerte, previsión del futuro, conciencia del ciclo vital del ser humano, una manera de entender el “vivir para morir”.

La Hermandad de Beneficencia Funeraria estuvo presidida por el dominico Mariano Rodríguez entre 1851 y 1868. En 1872 se realizó la bendición y apertura del panteón que llevó el nombre de la parroquia y de la recoleta: San Diego.

El proyecto final se construyó en 1874, a cargo de Ramón Narváez, presidente de la Junta Mixta, a partir de dos proyectos realizados por arquitectos: uno de Juan Pablo Sanz y otro de Thomas Reed -que no tuvo firma- lo que trajo inconvenientes al interior de la organización, no obstante, fueron los referentes para construir el trazado básico del cementerio que es una cuadrícula similar a la de una ciudad con calles principales y secundarias, pasajes, espacios públicos y una muralla que separa a este espacio de la ciudad.

El cementerio de San Diego tuvo varias etapas de crecimiento. Entre 1907 y 1923 se estableció la traza urbana, algunos mausoleos de arquitectura historicista y el cerramiento. Alejandrino Velasco realizó varias obras que configuraron el espacio mortuorio. En 1912 la Hermandad se transformó en Sociedad Funeraria Nacional, manteniendo el objetivo de beneficencia.

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Vicente Costales / EL COMERCIO

Entre 1924 y 1940 se incorporaron series de nichos en bloques. La jardinería convierte a San Diego en un cementerio-jardín o parque de los recuerdos, al igual que otros en Latinoamérica. Obras importantes fueron: la portada de piedra, la capilla, el edificio administrativo, realizados por Pedro Brüning. Bloques de nichos diseñados por arquitectos como Francisco Durini y Antonino Russo; lápidas realizadas por Jaime Andrade M., Luigi Cassadio, Luis Mideros, A. Faggioni.

Entre 1959 y 1968 se incorporaron construcciones de hormigón armado, al igual que en la ciudad de Quito. Se intensificó el uso del suelo, aparecieron bloques de nichos en altura y enterramientos masivos.

Entre 1968 y 2014, San Diego entró en deterioro con la salida de las familias del Centro de Quito hacia otros sectores, pero llega un nuevo usuario que ocupa mausoleos vacíos y nichos disponibles que dan nueva vida y la vitalidad de la cultura popular caracterizada por el color vivo, los motivos decorativos que se copian, crean y recrean con una dinámica propia.

Hoy en día, junto a los mausoleos y tumbas populares permanece el espacio de beneficencia en donde se entierra a gente de escasos recursos, y un sector que recibe a personas que no fueron retiradas de la morgue y de los hospitales, personas no identificadas que luego de un proceso legal fueron depositadas en San Diego.

Se mantiene el carácter de parque del recuerdo o cementerio-jardín, es decir un espacio de paseo, de silencio y reflexión en el que está presente la memoria y la historia de la ciudad, aspecto que no se encuentra en otros parques. En este contexto, la muralla es parte del diseño de este espacio urbano “otro”.

Es difícil decir qué es más importante: los grandes mausoleos, de arquitectura académica, estática, eterna, hecha en mármol blanco, o las lápi­das populares cuya creatividad, ­color y carácter efímero tienen su estética propia.

En el cementerio y en la ciudad suceden cosas similares: crecimiento progresivo, presión inmobiliaria, control del suelo construido, costos de mantenimiento, tecnología y seguridad, entre otros.

Hablar de San Diego es hablar de la vida, la sociedad y la cultura local, de los ritos que permanecen y los que se renuevan. Revela que el núcleo central de la sociedad es la familia, y dentro de esta la madre y el padre ocupan el centro.

Los afectos se expresan mediante oraciones, tarjetas, corazones, flores, objetos que son depositados junto a la lápida, música, canto y a veces comida. En la visión moderna de la muerte no está representado el infierno y no hay el muerto malo. El cementerio está lleno de ángeles y algunos representan a la “hermana muerte”.

La convivencia de expresiones de arte estático y dinámico, blanco y colorido, eterno y efímero da el carácter al cementerio de San Diego y refleja lo que es Quito en sus múltiples facetas culturales y urbanas, por esto lo denomino “una ciudad dentro de la ciudad”.  

La U. Católica del Ecuador hizo la valoración patrimonial de San Diego, que permitió al Instituto Nacional de Patrimonio Cultural realizar su declaratoria  como Patrimonio Cultural de la Nación en el 2000.

* Arquitecta. Máster en estudios de la Cultura con mención en Comunicación. Máster en Gobierno de la Ciudad con mención en Áreas Históricas.

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