Se debe liberar a la figurina Valdivia del ‘coleccionismo’

Las figurinas de Valdivia deben ser el centro de toda una política museográfica para que no se queden como una tendencia del coleccionista



Por Mariella García Caputi (0) * 20 Septiembre 2014

La ciencia de la arqueología trata la vida de mujeres y hombres cuyos restos tratamos de interpretar hoy en día. No es una mera reconstrucción del pasado sino que apunta a “la construcción de teorías científicas que expliquen la forma concreta en que ciertos procesos causales afectan a la cultura material” (Barceló  1989:31).  

Siendo la cultura material el conjunto de evidencias que subsisten a través del tiempo, mi trabajo de investigación consiste en analizar las distintas formas en que se representan las figurinas Valdivia e interpretarlas como restos de arte mueble para la reconstrucción de esta sociedad del neolítico de la Costa ecuatoriana. En vista de que la investigación debe servirnos para reafirmarnos y construir nuestras propias identidades, debemos tener presente que estamos reconstruyendo nuestra propia historia, la que es necesario rescatar “para nuestro tiempo, aquello que se escondió detrás de estos 500 años” (Lumbreras 1992:31).

El yacimiento arqueológico de Real Alto (OGSECH-012) situado en Chanduy, en la provincia de Santa Elena, constituye un laboratorio donde se ha desarrollado el conocimiento científico sobre la temprana complejización social en la Costa ecuatoriana  a partir de una aldea con centro ceremonial, 6 000 años atrás. Como resultado de las excavaciones científicas en este sitio arqueológico se han publicado numerosos estudios como los de Jorge Marcos, James Zeidler, Jonathan Damp, Debora Pearsall y Mariella García, que evidencian la temprana complejización social en la Costa ecuatoriana. A través del análisis de la aldea con centro ceremonial en Real Alto, de sus unidades domésticas, de restos arqueo-botánicos y de las figurinas excavadas in situ se evidencian cambios sociales en el Formativo temprano a lo largo de algo más de dos mil años, subdivididos en siete fases temporales (I-VII).

De esta manera podemos decir ahora que la organización de la sociedad Valdivia se concibe dialécticamente desde la denominada división natural del trabajo hacia la existencia de individuos con un rol social diferenciado, desligados del proceso directo de la producción agrícola; ampliándose hacia  grupos que, a partir Valdivia V, expresan la moda de las deformaciones craneanas, cambios dados por la reproducción de la fuerza de trabajo que es su principal fuente de supervivencia, en tanto necesita de ella para sostener su modo de producción agrícola (García Caputi 2008:27).

En el caso de la figurina, afirmamos que es un objeto de arte mueble que comunica “algo más que lo que su apariencia da a indicar; funciona como símbolo o indicador de una realidad social” (Lull 1988, en Barceló 1989:25).  Sus cambios formales a nivel diacrónico tanto como su variabilidad morfológica responden a desarrollos tecnológicos dentro de un marco ideológico-conceptual que obedece a una realidad-necesidad concreta, en el marco de la ideología de la fertilidad.  

Tenemos pues las formas fálicas tempranas, seguidas por figurinas explícitamente femeninas y masculinas, a partir de la fase IIb.
Ejemplares de chamanas y chamanes, coqueros y figurinas asociadas a ‘bancos de poder’, según estudios etnográficos llevados a cabo en la Amazonía, que denotan su uso ritual.

A partir de Valdivia V se da la representación de un grupo socialmente diferenciado a través de figurinas que presentan deformaciones craneanas, lo que implica un modelado intencional de la cabeza de los integrantes de este grupo social desde la tierna infancia, probablemente obedeciendo a concepciones ideológicas en el manejo de la comunidad.

Estas representaciones se dan junto con el cambio del patrón de asentamiento en el valle de Chanduy, cuando se expanden las aldeas a lo largo de las vegas de los ríos con el uso intensivo del yacimiento como Centro Ceremonial.

Si bien las figurinas son abstracciones de la realidad social y no su representación explícita, su existencia está activamente implicada en la formación y estructuración de las prácticas sociales del Neolítico valdiviano por lo que, haciendo arqueología para construir nuestro presente, es necesario que los repositorios que custodian nuestro patrimonio desarrollen nuevas metodologías para el análisis de la cultura material que conforman sus acervos. Con la figurina Valdivia hemos testeado el método iconográfico desde las reservas del Museo Antropológico y de Arte Contemporáneo, en Guayaquil, en vías de ampliar la catalogación del fondo arqueológico. Se insertó para esto un abanico de categorías que permitan la inclusión de notas de campo o bibliográficas, junto a videos o documentales donde han sido exhibidas. Estas descripciones realizadas de manera más específica nos han permitido realizar búsquedas de información para su difusión en los portales digitales museísticos a los usuarios que hacen uso de estos espacios, acercándonos a la meta de una correcta transferencia del  conocimiento generado desde los acervos museísticos.

Es imprescindible ya salir de la era ‘coleccionista’ y dar protagonismo a la gestión documental que valida la pieza arqueológica; solo de esta manera responderemos a la necesidad de información que deben proveer los repositorios de los museos para que sus visitantes puedan comprender mejor los artefactos expuestos (Shanks 2008), priorizando la museología contextual, en la que se resalta no solo el objeto “sino todo lo que permite su comprensión por parte del usuario, su contextualización” (Gutiérrez Usillos, 2010a:58, en Gutiérrez Usillos 2012:35).  

* Artista plástica y arqueóloga. Ha venido estudiando el tema de las figurinas de Valdivia desde hace muchos años.

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