China y América Latina: ¿Un matrimonio perfecto?

Somos proveedores de materias primas y consumidores de sus productos. Esa relación afianza un modelo de producción primario. Diez autores reflexionan sobre el tema.



Sebastián Mantilla Baca* (O) 20 Junio 2015

La presencia de China en América Latina es una realidad. Si en los años ochenta las inversiones de China en el exterior eran cercanas a cero, la situación ha tendido a cambiar de manera impresionante. Del 2005 al 2012 China invirtió en la región USD 29,7 mil millones. En términos de intercambio, la tendencia ha sido igual. Del 2000 al 2014, el comercio total entre América Latina y China (exportaciones e importaciones) aumentó 22 veces (Cepal, 2015), llegando a más de USD 240 mil millones.

Esta dinamización de las actividades de comercio e inversiones ha ido de la mano del impresionante crecimiento de la economía China. De 1979 al 2015 ha mantenido una tasa de crecimiento del 9,5%. A más de ser el primer exportador de mercancías a escala mundial, es uno de los principales importadores de materias primas, principalmente minerales como petróleo, cobre, carbón, etc.

Esto ha hecho que China encuentre en América Latina al socio ideal. Por un lado, hemos sido sus proveedores de materias primas y, por otro lado, buena parte de los productos que ahora consumimos provienen de ese país. No obstante, esta relación, en lugar de tender a fomentar la diversificación exportadora de nuestros países, ha tendido a afianzar un modelo que sustenta la producción de bienes primarios. El 75% de todo lo que le vendemos a los chinos es materia prima.

El libro la ‘Expansión de China de América Latina’ aborda esta situación desde diferentes ópticas y puntos de vista. Se trata de artículos en los cuales se abordan temas como la creciente influencia de China en la región, el interés por los recursos naturales, los planes quinquenales, el enfoque de su política exterior, la comparación de su estrategia con la de los Estados Unidos y de Europa, entre otros aspectos.    

El texto ‘La expansión de China en América Latina’, de Rhys Jenkins, analiza los impactos positivos y negativos que ha tenido la expansión de China en la región. El autor argumenta que, por lo general, los impactos positivos de China han tendido a sobredimensionarse, subvalorando los impactos negativos que efectivamente comienzan a manifestarse. La balanza comercial deficitaria que mantenemos como región, el reforzamiento del modelo de países exportadores de materias primas, el aumento de las importaciones chinas en desmedro de la compra de bienes manufacturados que se producen en América Latina y la influencia creciente en términos políticos e internacionales son parte de los efectos negativos de esta relación.  

En el libro ‘¿Qué significa el 12º Plan Quinquenal de China para las relaciones sino-latinoamericanas?’, de Margaret Myers y Zhimin Yang,  se hace un profundo análisis de este plan y sus implicaciones en la planificación social y económica. Los planes quinquenales de China han sentado las bases para movimientos económicos y sociales tales como el Gran Salto Adelante, la Revolución Cultural y la era post-Mao, de “reforma y apertura”.

Aunque este tipo de planes no son una herramienta de predicción confiable de lo que piensa hacer a mediano plazo, sí permiten identificar los problemas que su gobierno considera como más relevantes para el crecimiento y desarrollo futuros. Estos son: la transformación económica, la escasez de recursos y la mejora de la industria. Estos aspectos incidirán en la articulación de los intereses de China a escala  global, así como la trayectoria de sus compromisos con América Latina.

‘Smart Power y la política exterior de la República Popular de China hacia América Latina y el Caribe’, obra de Fernando Villamizar Lamus, analiza en qué medida la política exterior de China corresponde o responde al concepto de ‘smart power’ o ‘poder inteligente’, propuesto por Joseph Nye.  La hipótesis que guía este texto apunta a afirmar que existen, en efecto, varios aspectos de la política exterior que corresponden al concepto antes mencionado de Nye en el sentido de que China ha desarrollado un poder blando, que en lugar de coaccionar absorbe a terceros.

El artículo de Adriana Erthal Adenur y Danilo Marcondes de Souza Neto, ‘La creciente influencia de China en el Atlán­tico Sur’,  da cuenta de cómo la influencia de China en la región no solo se está dando en relación con el aumento de la cooperación y el comercio sino también a través de vínculos políticos, tecnológicos, culturales y de seguridad, los cuales se han diversificado progresivamente.

Si bien esta cooperación ha generado beneficios tangibles en los últimos 10 años, también ha provocado nuevas dinámicas de competencia, incluso entre los actores involucrados en la asistencia para el desarrollo. Este artículo examina algunos de los impactos de la cooperación china. En estos momentos de crisis económica global, caracterizada por la limitada capacidad de las potencias occidentales para colaborar con los países de la región, ha permitido que la oferta china de cooperación se haya convertido en una alternativa. Es más, aparece como una opción atractiva por razones de carácter económico e ideo­lógico. La presencia de China ha erosionado la influencia que Occidente  ha tenido en la región, siendo cada vez más un competidor directo del poder económico, político, militar y cultural de Estados Unidos y de Europa.

Esto se puede constatar con la reciente visita del primer ministro chino, Li Kequiang, a Brasil, Colombia, Perú y Chile. Li Kequiang ha hablado de inversiones por más de USD 220 mil millones. Un hecho ­inédito en la región, lo cual hace difícil encontrar en el pasado un punto de comparación.

En el caso de Brasil (primer socio comercial de China en América Latina), se ha comprometido cerca de USD 50 mil millones de inversión para sectores de comerciales, financieros y de infraestructuras. El proyecto estrella es la construcción de una línea férrea que unirá el océano Atlántico con el Pacífico. Esto potenciará las exportaciones brasileñas hacia China, principalmente de bienes primarios (soya, carne, etc.), así como de los países por donde pase directa e indirectamente el ferrocarril (Perú, Chile, Bolivia y Paraguay). De igual modo, esto les permitirá a los exportadores chinos llegar con precios significativamente más bajos al gran mercado brasileño.

Habrá que ver si las intenciones chinas de “impulsar un camino conjunto”, tal y como lo anunció en su visita a la región Li Kequiang, se cumplen. Por lo general, lo que ha predominado ha sido el interés de China de mantener sus niveles de crecimiento, así como la provisión normal de materias primas y recursos naturales esenciales para el funcionamiento de su economía.

Pese a que la élite del Gobierno de chino ha mantenido la política de no desafiar la influencia estadounidense en la región, su poder y nivel de injerencia se irá afianzando a medida que las inversiones en los sectores comerciales, financieros y de infraestructuras se cristalicen. La dimensión y extensión del ‘patio trasero’ de Estados Unidos quedará sensiblemente reducido (por no decir que ya lo está).  

No obstante, aunque este ascenso de China en la región ha dado lugar a la aplicación de propuestas endógenas y alternativas al ‘Consenso de Washington’, pensemos por un momento en el caso de Ecuador; en este sentido, se hace necesario analizar si este ‘Consenso de Pekín’ (no esbozado sino de manera parcial y dispersa a través de una serie de políticas y estra­tegias) es beneficioso para América Latina.

*Analista político y columnista. Director del Centro Latinoamericano de Estudios Políticos (Celaep). Presidente de la Red de Apoyo a Gobiernos Locales, RED-GOB.

Editor de Revista Latinoamericana de Política Comparada.

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