El vengativo siempre pierde

¿Qué puede resultar de la venganza? Santiago Argüello –experto en criminología– está convencido de que nada bueno. Y durante una hora va hilvanando los argumentos que sostienen su teoría.



iguzman@elcomercio.com   Ivonne Guzmán. Editora (O) 24 Enero 2015

Esta conversación comienza con la observación detallada de la reproducción de la pintura ‘El juicio de Cambyses’, de Gerard David (siglo XV-XVI), en la que se ve el desollamiento de un hombre aún con vida. Santiago Argüello la usa como lámina didáctica para explicarme la diferencia entre tormento y tortura. Es el preámbulo que emplea para contarme que el tormento fue una forma de venganza legal en algún momento. Y la explicación viene a cuento porque  nuestro tema es la venganza.

Los muchos años que Santiago lleva relacionado con el crimen –es criminólogo– y todas las atrocidades que ha visto cometer alrededor del mundo con el sello de la venganza (durante 14 años trabajó para la ONU en misiones de paz y programas de derechos humanos), lo hacen la persona adecuada para hablar de ella, en su oficina de la Fiscalía General del Estado, en Quito, una mañana de vientos helados.

¿Usted es vengativo?

Creo que la cultura ecuatoriana es autocomplaciente: somos buenos, recibimos bien a la gente, somos generosos, no somos discriminadores, ¡atención!, y tampoco somos vengativos. Y eso es un error. Hay una cierta distancia entre el corazón y la cabeza, y tenemos mucho corazón y ese mucho corazón también nos hace rencorosos. En ese sentido, si me preguntas personalmente, una vez escribí un cuento del que no quiero ni acordarme, que empezaba así: “¿Usted me pregunta si es un cuento? Yo le digo que es una venganza”. No te quiero hablar de ese cuento, porque es terrible.

Entonces, sí ha sentido el deseo de venganza.

He tenido ese sentimiento. El rencor es normal, natural, como sentimiento, y la venganza es más bien una pulsión, que tiene que ver con la pasión.

¿Cuál es la diferencia entre rencor y venganza?

El rencor es un sentimiento; cómo reaccionas frente a ese sentimiento es lo que cuenta. Puedes reaccionar  vengativamente o no hacerlo, y tiene mucho que ver con lo que tú construyes como valores. Te duele algo; tienes un sentimiento de rencor, ¿cómo reaccionas? En la criminología hablamos del pasaje al acto. Tú y yo hemos sentido rencor y hemos querido pisarle el pescuezo a alguien, pero no lo hemos hecho.

¿Cuál es la lección más importante que usted ha aprendido de la venganza?

No sé si aprendí algo… Bueno, aprendí el daño que me puede hacer. Aprendí el dolor que me causa, pero creo que también hay un aprendizaje que es muy prolongado, que viene de la infancia y se desarrolla con el tiempo y las experiencias,  que te permite mejorar tu reacción frente a la frustración.

¿Hay situaciones en las que el desquite o la revancha estén  justificados?

O sea, siempre al final de la historia te vuelves a preguntar si la satisfacción supuesta de tu venganza te llena personalmente; ¿realmente haber hecho sufrir a otra persona te satisface? Creo que al final de la historia yo me sentiría agredido por esa situación.

Pero uno mismo ha buscado la venganza…

Sí, pero es terrible.

Entonces, ¿no cree que hay circunstancias en las que se puede comprender la búsqueda de venganza?

Quizá en unas condiciones bastante extremas.

¿Los sistemas de justicia son el ropaje civilizado de la venganza?

Sin duda. Si yo te cuento toda la historia de la venganza esto debería tener 14 tomos más o menos, porque la humanidad ha formulado todos los mecanismos de venganza imaginables y no imaginables. A nosotros lo que nos enseñaron es: venganza privada, en la Antigüedad; venganza pública, a través de los mecanismos de tormento establecidos en las leyes; y hemos llegado a la venganza del mundo más civilizado que es la prisión. Ese es el mecanismo privilegiado, pero anda a ver lo que son las prisiones o la cantidad de gente inocente que está ahí.

¿Bajo qué lógica se nos quiere impedir que hagamos el mismo daño que hemos recibido?

Estamos hablando de valores. Hay que tomar el tema en conjunto, porque toda reacción violenta puede encarnar mayor violencia. Esa es la lógica. Y la segunda lógica es la de contención, porque es más fácil ser vengativo. Es más fácil ejecutar una venganza que contenerse.

Es decir que es el camino que impone la razón.

Sí, porque manda la cabeza más que el corazón, y en ese sentido necesitamos esa construcción de racionalidad, pero no solo como racionalidad sino como un aprendizaje que transmite valores.

Describa la sensación de la venganza consumada.

No siento que en mi vida haya habido una venganza consumada. Pero he visto una serie de cosas que son producto de la venganza pura y simple, y que dejan un sabor absolutamente amargo. Sobre todo si para vengarte cometes un delito y te descubren.

¿Por qué la venganza tiene tan mala publicidad?

¿En realidad tiene tan mala publicidad? Revisa todas las películas que vemos; toda la filmografía gringa se sustenta por un lado en la Navidad y el Thanksgiving y por otro en el criterio vengativo. Mira el ‘rambismo’ que impone valores culturales. Te están diciendo: “Le secuestraron a la hija y él salió con su ametralladora y mató a 600. Y es muy justificable”. Yo creo que hay una construcción de contravalores.

O sea que en realidad no tiene mala fama, y solo en el discurso se pregona eso de poner la otra mejilla.

Estamos lejos de vivir eso. Y volvemos a lo que empezamos: somos autocomplacientes. Cuando tratamos temas como el de la venganza, le preguntas a la gente y te dice que nunca hizo nada de eso. Pero creo que aquí existe un sentimiento de rencor que es reconocible. Es que no puedes luchar contra la violencia que te causa algo.

¿Cómo sería un mundo regido por la Ley del Talión, la del ojo por ojo?

Todos quedaríamos ciegos. Y no sería mejor de lo que es. Creo que la elaboración de los valores, la contención y el enfoque hacia los derechos humanos en la sociedad contemporánea no debe ser solo un discurso ni normas.  Es la razón de la existencia de Estados.

¿Puede imaginar un escenario peor que el de la aplicación de la Ley del Talión?

Existen escenarios que ya son así. Yo he estado en África y existen situaciones peores; he estado en lugares donde se incendiaban todas las casas a causa de enfrentamientos. Existen escenarios en los que incluso no se tiene esa justificación de la venganza, sino que hay simplemente un estado de conflagración general, en el cual también los Estados están inmiscuidos.

¿De dónde nos viene esta sed de venganza?

Del dolor. Muchas veces de una percepción de injusticia, que no es necesariamente real. Tienes la idea de haber vivido una injusticia, y es ese fuego interno el que te dice que tienes que reaccionar.

¿Toda venganza es estéril, absurda?

Le decía a una amiga: el amor se construye ladrillo a ladrillo, pero el desamor también. Cuando tú tienes un distanciamiento y no logras evacuar eso y sigues con la idea de venganza, te destruyes. Con el tiempo te destruyes, te haces muchísimo daño. Pierdes tu tiempo.

O sea que aunque el vengativo cumpla su cometido, ¿está condenado a perder?

Siempre pierde. Y tiene una sola oportunidad de reivindicación, que es el aprendizaje. Aprende de la experiencia de venganza, aprende del daño que te han hecho.

¿Qué opina usted de esta frase: La mejor venganza es vivir bien?

Creo que lo que dice Borges es cierto: El olvido es la única venganza y el único perdón. Hay que pasar la página. Los místicos hablan de la necesidad de enraizarse en el presente, de manera objetiva y sensible. Debemos curarnos de violencia, curarnos de venganza y para eso necesitamos este ejercicio de enraizarnos en el presente.

¿Por qué nos cuesta tanto olvidar y pasar a otra cosa?

Porque nos sigue doliendo. Yo he sido víctima también en ese sentido; ha habido cosas que me han dolido tanto y que han permanecido por muchos años en mi mente. Y la pérdida de tiempo en esto es lo que más me duele, porque pierdes la posibilidad de proyectarte, de ser creativo, de desarrollarte.

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