Un centinela despierta en EE.UU.

‘Ve y pon un centinela’ complementa la historia y las sicologías de los personajes de ‘Matar un ruiseñor’. El libro aparece cuando en EE.UU. se desvanece el sueño de la sociedad posracial.



paredesf@elcomercio.com   Flavio Paredes Cruz. Editor (O) 25 Julio 2015

El desencanto parece ser inherente al crecimiento. A medida que pasan los años, la conciencia -ese riguroso centinela- asume la realidad totalitaria de una humanidad con conflictos devastadores. Los héroes se difuminan entre la nostalgia y lo que fue bello muestra sus colmillos.

El apego por una ‘bildungsroman’ (novela de crecimiento) no ha sufrido un revés tan claro  como el que ahora se evidencia frente a ‘Matar un ruiseñor’, tras la publicación -la semana pasada- de ‘Ve y pon un centinela’, libro que golpea como el fin de la inocencia. Ambos títulos tienen la firma de la estadounidense Harper Lee, pero están mediados por 55 años, un Pulitzer, una película oscarizada, traducciones, tantos lectores, como tantos fans, y, sobre todo, un cambio radical en las actitudes de los personajes de ese universo humano e ideológico que es Maycomb.

Las dos novelas también muestran sus diferencias en las formas narrativas. La de 1960 es contada por la voz infantil, en primera persona, de Scout; la segunda, por un narrador en tercera persona, que no se separa del todo de la perspectiva de la niña, ahora llamada Jean Louise, sofisticada jovencita.

Solo un pasaje onírico en ‘Ve y pon un centinela’ guarda empatía con el estilo de ‘Matar un ruiseñor’: cuando Jean Louise ‘Scout’ se recuerda junto a Dill y Jem, en sus juegos infantiles. Una ensoñación que da un respiro de esperanza en la desilusión que traza el libro. Se trata de una desilusión atravesada, quizá, por una mirada más honesta y real sobre el racismo en el sur de EE.UU., y por un apagón de la fantasía liberal que fue ‘Matar un ruiseñor’, un oscurecimiento que resquebraja al personaje de Atticus Finch, el -hasta ahora- héroe moral por antonomasia.
La actitud de Atticus, nueva para los lectores que veían en él un ícono de los paladines legales, se resume en uno de sus diálogos: “Vamos a poner esto sobre una base práctica, en este momento. ¿Quieres negros en el coche lleno, en nuestras escuelas e iglesias y teatros ? ¿Los quieres en nuestro mundo?... Cariño, no pareces entender que los negros aquí están todavía en su infancia como pueblo”.

La intervención del abogado, a quien Gregory Peck personificó en el celuloide, devela el paternalismo del blanco dominante sobre quienes considera inferiores. Y, por supuesto, muestra esa cara oculta de quien en el pasado defendió al negro Tim Robinson, evidenciando que tal actuación en la corte no fue un acto por la igualdad racial, sino un apasionamiento por la ley (complejo de Eróstrato para el estadounidense).
Es decir, Atticus Finch luchó contra los injustos horrores de acusar a un inocente, pero no bogó contra la segregación. Atticus Finch defendió al hombre sobre el estrado, pero no quería que el negro se sentase junto a él en sus espacios cotidianos.

Sin embargo, la actitud de Atticus revelada en ‘Ve y pon un centinela’ no contradice al personaje, lo complementa. El error de condenarlo confunde el cumplimiento de la ley con el compromiso por vencer prejuicios. Este héroe tampoco es ajeno a las sombras; así, contra la santificación de un personaje, se postula su conocimiento total, bemoles incluidos.

Pero en el texto actual -el original si se toma en cuenta que en 1957 se entregó como primer borrador de lo que en 1960 sería ‘Matar un ruiseñor’-, Atticus Finch no es el único que presenta un cambio en su arco de vida. La psicología y características de otros también han variado: Jem ha muerto; Calpurnia, ya anciana, se ha retirado; Dill está lejos, en Italia; el tío Jack también exhibe su cinismo en temas raciales; y aparece Hank para flirtear con Jean Lousie, ser la nueva mano derecha de Atticus y también un parlamentario contra la igualdad. En quien no hay cambios es en Alexandra, la tía sigue igual de pesada.

Con todos ellos toma fuerza la idea de que la integración de los afroamericanos, en una sociedad jerárquica,  tribal y agraria, como el poblado sureño de Maycomb -donde todos los blancos están emparentados por alguna línea y aún recuerdan la sangre de sus antepasados derramada en la Guerra Civil-, no puede ser entendida y menos concretada.

La autora estadounidense
La autora estadounidense
En 1960 (izq.) y en el 2010 (arriba).

Si los hechos históricos que se reflejaban en ‘Matar un ruiseñor’ se debían a ese sur de los años 30, dividido entre blancos y negros; los acontecimientos que vibran tras ‘Ve y pon un centinela’ se corresponden con el mandato de escuelas integradas en EE.UU. y con la fuerza que alcanzó la National Association for the Advancement of Colored People (Naacp).

La publicación de ‘Ve y pon un centinela’ concuerda temporalmente con el desvanecimiento de la anhelada sociedad posracial en EE.UU. Ese futuro augurado por los afiches de un Obama sonriente y un prometedor ‘Change’, pero destartalado tras los crímenes de odio perpetrados en Fergusson y en un templo de Carolina del Sur. Ese futuro tampoco se esperaba el desenmascaramiento de la activista Rachel Dolezal, ni el persistente ondeo de la bandera confederada (150 años después de concluida la Guerra de Secesión). Ese futuro, si todavía sigue en plan, necesita de una conversación madura sobre el racismo en EE.UU. y la aparecida novela de Harper Lee puede dar más argumentos.

No deja de ser un caso, para los seminarios de autor literario y de estéticas de recepción, estudiar a Harper Lee y a sus, ahora, dos novelas, tanto por los tiempos de sus publicaciones y el trabajo editorial (bastante cuestionado), como por las perspectivas diferentes. Y como parte de su lectura dentro de las aulas, una pregunta es necesaria: ¿Cómo se asumirá el nuevo perfil de Atticus Finch entre los escolares que tienen ‘Matar un ruiseñor’ como parte del currículo?  Quizá y su respuesta sea tan visceral e irreflexiva como la misma de Jean Louise: “Eres un cobarde, así como un snob y un tirano, Atticus. (...) Eres un caballero anciano, agradable, dulce, y nunca voy a creer una palabra de lo que dices. Te desprecio y todo lo que representas”.

Libros
Libros
A pesar de su reciente aparecimiento, ‘Ve y pon un centinela’ (1957) fue el borrador de ‘Matar un ruiseñor’ (1960).

Harper Lee
Escritora nacida en Monroeville, Alabama. En el 2016 cumplirá 90 años. Reconocida con el Pulitzer por ‘Matar un ruiseñor’, novela sobre la que se ha impuesto algunas consonancias con su vida personal. Amiga de Truman Capote, quien sería el personaje de Dill en la novela antes citada. Actualmente, reside en una casa de ancianos en su pueblo natal. En 1957 entregó ‘Ve y pon un centinela’ a su editor, quien dirigió su re escritura imaginando la vida de los mismos personajes 20 años atrás, de allí nacería ‘Matar un ruiseñor’. El manuscrito de ‘Ve y pon un centinela’ fue recuperado por su abogada, Tonja Carter, de una caja de seguridad; aunque hay quienes aseguran que el texto ya fue visto en una subasta en el 2011.

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