El futuro de Cataluña: más incertidumbres que certezas

Hoy se celebran las elecciones parlamentarias en Cataluña, pero los independentistas quieren convertirlas en el referéndum sobre la secesión.



Por: Michel Rowland G.* (O). Máster en Ciencia Política por la Universidad de Salamanca 26 Septiembre 2015

Las elecciones que se llevan a cabo hoy en Cataluña van mucho más allá de un cambio en la correlación de fuerzas políticas locales. Los resultados determinarán el futuro de la entidad territorial bien sea como Comunidad Autónoma, tal como fue reconocida en la Constitución Española de 1978, o bien como un nuevo país europeo. En efecto, las encuestas muestran que las fuerzas independentistas se convertirán en mayoría al interior del Parlamento de la Comunidad e iniciarán muy probablemente un proceso para abandonar el sistema cuasi-federal español y constituirse así en un Estado en un futuro próximo. En 18 meses se llevarían a cabo elecciones constituyentes y la aprobación de una nueva Constitución vía referéndum. 

No deja de sorprender lo rápido que ha avanzado este proceso político en el pasado reciente, en particular en los últimos tres años. Recuérdese la masiva concentración pro independencia realizada en Barcelona en septiembre de 2012, la posterior crisis política que obligó a convocar a elecciones anticipadas, y la consulta efectuada en noviembre de 2014 por la Presidencia de la Generalitat en la que 1,8 millones de un total posible de 6,2 millones de electores votaron por la transformación de Cataluña en un Estado independiente. 

Resulta también un tanto extraño para un observador externo al proceso político español que sea Cataluña, y no el País Vasco, la que dé los primeros pasos hacia la independencia. La resistencia bajo diversas expresiones de grupos vascos -incluyendo la vía armada- a la homogeneización centralizadora del Estado español en la época franquista llevaría a pensar que el orden de la lucha secesionista debió ser otro. Pero hoy en día los vascos poco o nada dicen sobre el proceso catalán. ¿Por qué? 

Una breve disposición incluida en el texto constitucional español vigente que dice: “la Constitución ampara y respeta los derechos históricos de los territorios forales”, explica en buena medida esta situación. Navarra y el País Vasco son territorios que obtuvieron privilegios políticos durante los gobiernos liberales de mediados del siglo XIX y negociaron adecuadamente en la época de la transición democrática (1975-1982) para que dichos privilegios se tradujeran en un ordenamiento jurídico y económico con un mayor margen de maniobra frente al Estado central. La concreción de dicha negociación en los Estatutos Autonómicos evitó que, aún en las épocas y jornadas más álgidas y violentas promovidas por ETA, el nacionalismo vasco no propugnara romper con el Estado español. Y sigue así.  

Cataluña, por su parte, reivindica su derecho a la autodeterminación apoyándose sobre su  tradición histórica como territorio a medio camino entre el Reino de Francia y el Reino de España durante largo tiempo y a su ordenamiento jurídico propio construido sobre las constituciones catalanas, un conjunto de normas promulgadas en lo que fuera el territorio del Conde de Barcelona entre los siglos XII y XVIII. La Guerra de Sucesión española y la conquista de Barcelona en 1714 por parte de las tropas de Felipe V significaron la pérdida de su autonomía y la sujeción al poder borbónico radicado en Madrid

El ansia independentista aflora nuevamente en 1931 con la caída del Rey Alfonso XIII y la proclamación de la Segunda República española. En 1932 se establece un estatuto autonómico catalán y en 1934 se proclama el “Estado Catalán de la República Federal Española”, que es intervenido por las tropas del Estado central. La Guerra Civil estalla en España con una Cataluña gobernada por fuerzas socialistas y anarquistas en máxima tensión entre ellas y bajo la presión a su vez de las tropas franquistas. 

A lo largo de la dictadura de Franco (1939 – 1975) se impone una política centralista expresamente homogeneizadora: se desmantelan y eliminan las instituciones locales, se prohíbe la enseñanza y la práctica de la lengua catalana y se promocionan los “valores” de la nación española. Con la llegada de la transición democrática -una etapa mezcla de temor por el pasado e ilusión por el futuro- los catalanes obtienen su estatuto autonómico, pero este no se desarrolló de la misma manera que el estatuto vasco o el navarro, dado que los derechos forales no se habían aplicado en su territorio en el siglo XIX.

No es sino hasta el 2003 con la salida del poder del presidente de la Generalitat, Jordi Pujol, -nacionalista moderado ideológicamente adscrito a la derecha- que fuerzas catalanistas de izquierda toman control del Parlamento catalán y plantean un nuevo estatuto autonómico. Mucho más reivindicativo que el anterior, será recortado y limitado tanto por el Congreso español como por el Tribunal Constitucional. 

En 2010, Artur Mas, heredero político de Pujol, retoma el poder y tras una gestión con resultados limitados por la crisis económica y la carencia de mayoría en el Parlamento, inicia negociaciones con el gobierno central para establecer un nuevo pacto fiscal. Mariano Rajoy como presidente del Gobierno rechaza tal propuesta en septiembre del 2012 y Mas retoma la bandera de la independencia para aumentar su popularidad y asegurar su supervivencia política hasta el presente. 

Desde entonces y con acciones como las ya enunciadas al principio de este artículo se ha llegado a un punto en el que todas las fuerzas políticas, tanto tradicionales como nuevas, saben que están inmersas en un proceso que ha rebasado el ámbito local de sus actuaciones, que afecta de manera radical al modelo territorial español cuasi federal construido en 1978, y cuyo desenlace es incierto.

Así, si Cataluña se independiza de España se vería enfrentada como Estado a una serie de desafíos cuya resolución dista mucho de ser clara a pesar de que las fuerzas soberanistas ya hablan de la existencia de una Hoja de Ruta para desarrollar el proceso. En el aspecto político, su salida de España supone su salida automática de la Unión Europea y de los organismos internacionales. ¿Si desea reingresar, cuánto tiempo tomará?, ¿España aceptará o vetará la candidatura de Cataluña?

En el aspecto internacional tendrá que asumir las competencias que actualmente posee el Estado español en temas tales como migración y seguridad externa. ¿Existirá disposición para transferirlas?

En el aspecto administrativo supone que el nuevo Estado tome una decisión respecto a los recursos y al patrimonio del Estado español que está en su territorio. ¿Pagará una compensación por ellos?, ¿procederá a incautarlos? 

En el aspecto impositivo Cataluña tendrá también que negociar la transferencia de las recaudaciones fiscales que se captan en su territorio.¿España aceptará perder dichos ingresos? Y no olvidemos que también existe una deuda pública española que deberá repartirse proporcionalmente. El nuevo país no nacerá libre de compromisos.     

El aspecto económico supone su salida de la Zona Euro, lo que conlleva a la creación de una nueva moneda, un nuevo sistema financiero, un nuevo Banco Central. ¿Se logrará una nueva cultura de confianza? 

En el aspecto cultural supondrá la preeminencia de la lengua catalana sobre la lengua castellana. ¿Se respetará y aplicará el bilingüismo sin caer en los errores y discriminaciones del pasado?, ¿la Nación catalana reemplazará automáticamente a la Nación española en los textos de historia sin nexo alguno ni reconocimiento mutuo?, ¿los ricos nexos culturales entre los países de América Latina y Cataluña se diluirán en una potencial vorágine soberanista? 

Y en cuanto a los ciudadanos del nuevo país, ¿qué pasará con aquellos que quieran seguir siendo españoles?, ¿se creará una doble nacionalidad automática o cada familia tendrá que iniciar un proceso de radicación? Y aquellos que no estén de acuerdo con la independencia, ¿serán invitados a abandonar su territorio?, ¿serán considerados una minoría y tratados como tales?   

En este punto, definitivamente hay muchas más preguntas que respuestas

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