De desear a decidir hay un buen trecho

Que lance la primera piedra quien no haya hecho promesas de año nuevo; Bryant Richardson lleva más de 20 años cumpliendo las que se hizo a sí mismo y hoy habla del compromiso que conlleva toda promesa



iguzman@elcomercio.com   Ivonne Guzmán. Editora 27 Diciembre 2014

Bryant Richardson ha aceptado la entrevista sin entender del todo de qué se trata; solo que el concepto que desmenuzaremos es el de la promesa (a la cual somos tan dados esta época del año).  Bryant sabe de qué se tratan las promesas, y sobre todo los compromisos, pues desde hace más de 20 años cada día escoge mantener las promesas que se hizo a sí mismo para vivir mejor, libre de adicciones; y ayuda a otros, a través de ‘coaching’, a que también puedan hacerlo.

Porque no tiene del todo clara el objetivo y la mecánica de la entrevista, hace una introducción de 7 minutos en los que me explica de qué se trata su trabajo, y la filosofía y los pasos que lo hacen posible.  Solo luego empiezo a preguntar.

¿Prometemos de manera compulsiva?

Los seres humanos procrastinamos mucho. Y tenemos deseos que no son muy claros ni están muy resueltos.

¿Y por eso estamos todo el tiempo prometiendo cosas?

Sí, y más que decisiones o resoluciones lo que tenemos son deseos. Te doy un ejemplo, yo dejé de fumar el 13 de febrero de 1993. Me involucré en esto que hago porque tenía problemas serios con todo tipo de sustancias y un día decidí que quería recuperarme, porque no estaba contento como estaba. Yo, muchas veces me desperté el 1 o el 2 de enero sin saber dónde estaba y qué había pasado; amanecía en Salinas, cuando había comenzado a farrear en Quito.

¿Por qué nos entusiasman tanto las promesas?

Porque es una fantasía de lo que sería posible.

Nos hacemos nuestra propia película.

Es un mundo alterno posible. Las personas tienen deseos de muchas cosas y en la medida en que estas cosas están en el aire, pueden postergarlas, no implican ningún compromiso.

¿Y creemos que es fácil?

Sí, porque a la final no es nada, es solo un deseo.

¿Qué no deberíamos prometer a nadie nunca?

Imposibles. Pero eso no implica que no puedas tener sueños grandes, sino que hay que hacer esfuerzo para que esa fantasía se vuelva algo concreto.

Hay que trabajar.

El trabajo más grande es interno. Y cuando tú tienes ese trabajo resuelto, el resto son detalles, problemas logísticos.

¿Entonces  lo que nos pasa es que confundimos promesas con deseos?

Creo que sí. La promesa va un poco más allá del deseo, pero tampoco tiene la sustancia para que se convierta en una decisión. De deseo a decisión hay un buen trecho.

¿Hay mucho de religiosidad o de pensamiento mágico detrás de todo esto?

La magia que implica el atractivo de ese sueño es esencial. No creo que puedas proponerte algo sin que ese espejismo no provoque que tú lo anheles de una forma lo suficientemente fuerte para que encuentres la manera de hacerlo realidad.  El deseo debe tener magia.

¿De qué están hechas las promesas que sí se cumplen?

Hay un fortísimo componente de voluntad; pero voluntad en el sentido de aferrarse a eso y ponerle el ñeque necesario para conseguirlo. Y eso implica también un compromiso, además de decisión y voluntad. Lo primero que hay que hacer es mirarse a uno mismo de una forma honesta; necesitas ver cómo eres para saber por qué haces lo que haces. Es esencial que uno viaje la distancia entre donde  está y donde quiere llegar interna, espiritual, económicamente…

¿Qué podemos o debemos hacer para cumplir lo que prometemos?

Tienen que confluir tres factores: tiene que existir la oportunidad, es decir, ser viable; debes tener la necesidad de hacerlo; y debes tener ganas de hacerlo y tomar la decisión, porque sientes el deseo.

¿A quién es mejor no creerle nunca una promesa?

Te voy a poner una imagen del Viejo Oeste en la cabeza: hay un señor que va de pueblo en pueblo vendiendo un elíxir que cura el insomnio, la infelicidad, la pena, la gota, la mordedura de culebra y la soledad. En nuestro contexto moderno, ese señor podría ser un político, podría ser el gerente de una empresa que vende servicios, podría ser una actriz de cine que vende su imagen de sensualidad para que la compremos como ‘la belleza’. Puede tener muchísimas caras.

¿Cuáles son las promesas más difíciles de cumplir?

No creo en sueños inalcanzables, no importa qué tan absurdos puedan parecer, si estás dispuesto a hacer lo necesario para conseguirlos. La meta no es tanto la meta, sino lo que pasa para llegar a esa meta.

¿Hay alguna circunstancia en la que sería mejor dejar de hacer promesas?

Bueno, si te encuentras haciendo miles de promesas y no cumpliendo ninguna, mejor empieza a preguntarte por qué te estás prometiendo todo esto y no estás cumpliendo nada.

¿A quién hay que cumplirle siempre las promesas?

A los niños, porque les enseñas a soñar. Si no cumples, les enseñas a no anhelar, les rompes sus sueños.

¿Qué hacemos con las promesas que no cumplimos?

Primero perdonarte. Y luego cuestionarte el porqué; ver si realmente era factible esa promesa. Deberíamos usar el espejo retrovisor en nuestras vidas y tratar de entender cuál ha sido el derrotero que nos ha traído hasta donde estamos.

Luego de perdonarnos y entender qué nos hizo incumplir la promesa, ¿deberíamos insistir en ella o mejor olvidarla?

Si estudias el porqué no cumpliste, no solo vas a descubrir por qué no funcionó sino cómo hacer una promesa viable, y quizá una mejor promesa.

Entonces, ¿sí vale volver a prometer?

Sí, yo creo que no se pueden agotar nunca las posibilidades de soñar, de ser, incluso ante situaciones absolutamente monumentales. Quizá la promesa que no deberíamos romper nunca es la de seguir buscando.

Bryant Richardson
Nació en Quito en 1958. Tiene formación como tecnólogo médico, especializado en prótesis oculares. Además ha estudiado Bellas Artes y Diseño Gráfico. Actualmente se desempeña como intérprete simultáneo (inglés-español y viceversa) en áreas técnicas. Desde hace más de 20 años hace ‘coaching’ y acompañamiento para superar adicciones a todo tipo de sustancias.

 

 

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