La pérdida no es, en sí, buena o mala

Hay días en que la pérdida es total, como en el terremoto de Nepal. Para entender ese tipo de pérdidas y las otras conversamos con Pancho Prado.



iguzman@elcomercio.com   Ivonne Guzmán. Editora 02 Mayo 2015

“El arte de perder se domina fácilmente;/ tantas cosas parecen decididas a extraviarse /  que su pérdida no es ningún desastre./ Pierde algo cada día. Acepta la angustia/ de las llaves perdidas, de las horas derrochadas en vano (…)”. Así comienza el poema ‘Un arte’, de Elizabeth Bishop. Y cuando uno lo lee se da cuenta (o se convence) de que la pérdida, cualquiera, es parte de la vida y que no es necesariamente un desastre. Pasa lo mismo cuando se habla con Pancho Prado sobre este tema, que dicho, escuchado o leído parece tan natural, pero que vivido en primera persona puede convertirse en el infierno.

¿Se puede definir la pérdida, o la pérdida es algo que solo se puede sentir?
Se puede definir y debe haber miles de definiciones, pero la que se me viene ahorita es de la psicología profunda y se trata del sentimiento de que un valor, un quántum de energía psíquica te hace falta.

¿Sirven para algo las pérdidas o no tienen función ni sentido alguno?
La pérdida, como toda crisis, es una oportunidad para regresar a ti mismo. Proyectamos nuestra energía psíquica en personas, cosas, situaciones y cuando perdemos ese objeto, esa proyección se queda en el aire. Es como si de repente la pantalla desapareciera y tu película quiere seguir proyectándose, pero no tiene dónde.

¿Qué hacer en esos casos?
Tienes que empezar a ver la película dentro de ti.

¿Cambiar el lugar hacia donde proyectas?
Sí, y es difícil. Todo regreso hacia uno mismo es como un calvario, como una peregrinación en soledad. Yo diría que la pérdida es siempre, de alguna manera, regresar a ti mismo.

Krishnamurti veía a la pérdida como una liberación.
Yo no díría eso, pero tiene lógica lo que ha dicho Krishnamurti, porque si pierdes a alguien y recuperas esa energía, y la proyección se vuelve hacia ti, tienes energía disponible que antes estaba invertida en otro lado. Es como la plata que inviertes en algo, y de repente eso no funciona y la recuperas.

O no la recuperas y la pierdes del todo. En ese caso, ¿qué es lo que recuperas?
Energía psíquica.

Y, en todo caso,  ya no estás preocupado de eso.
Al comienzo es difícil. Hay que pasar por un proceso de duelo, y a veces hay gente que no lo supera.

¿Es mucha psicología barata esto de que lo que no te mata te hace más fuerte, situándonos en el escenario de la pérdida?
Debería ser así de positivo, pero no siempre es así.

A veces quedas dañado de por vida.
Sí, te quedas mal porque no eres capaz de recuperar esa proyección ni de sostener esa energía dentro de ti. Pero la idea es que el ser humano encuentre un centro tras una pérdida, después de que ha regresado a sí mismo y encontrado un mundo interior.  Solo ahí te haces más fuerte.

Si es cierto que cuando perdemos algo o a alguien somos más libres, ¿por qué no celebramos las pérdidas?
Vivimos en la cultura occidental, en la que nos han enseñado desde pequeños que todas las pérdidas son horribles o son el fin del mundo. Y, sí, las pérdidas son desagradables, y en Oriente u Occidente duelen. Pero en otras culturas se enseña que hay un sentido trascendente de la vida, que todo es impermanente. Por ejemplo, en la cultura budista se ve que nada dura, que el ser humano debe irse desapegando de las cosas. En cambio la cultura occidental es la cultura del apego.

¿Estamos mal programados emocional y culturalmente  y es por ese motivo que sufrimos tanto?
Es que el rato que naces ya es una pérdida.

¿Por qué?
Creo que detrás de todas las pérdidas está esa gran pérdida que ocurre cuando nacemos porque abandonamos ese lugar paradisíaco, que puede ser la inconsciencia o la comodidad del útero, donde no tenías que hacer nada para vivir. La primera gran pérdida es la del vientre materno o del paraíso. Es como el mito del paraíso, del que somos expulsados.

¿El sino humano es perderlo todo, incluso la vida?
No sé si perderlo todo. Es un misterio lo que pasa después de la muerte, nadie sabe, pero yo creo que en la vida se pierde y se gana. Siempre hay una compensación. Toda pérdida es un final y un comienzo.

Hay pérdidas banales y pérdidas importantes.
Pero eso de banal o no es relativo, porque hay personas que proyectan un valor muy grande sobre cosas que aparentemente son banales. Por ejemplo, el cuerpo; hay gente que pone todo el sentido de su vida en el cuerpo, entonces cuando envejece o tiene un accidente o le salieron patas de gallo tiene un sentimiento de duelo terrible. Es porque había demasiada energía puesta ahí.

En su novela ‘Kafka en la orilla’, Murakami dice que perder todo tipo de cosas es precisamente de lo que trata el estar vivo. ¿Coincides?
Para completar esa idea yo diría que hay que perder y ganar; se pierde, se gana. Son ciclos, como una sístole y una diástole. No solo se pierde, también se va ganando. Y lo que tú ganas y luego pierdes deja algo en ti.

Por último, nada es en vano.
Como dice Machado: Todo pasa y todo queda. Pasó, perdiste, pero quedó también.

En tus 21 años de consulta, ¿qué has notado que la gente más lamenta perder?
El amor de pareja. El 50 o 60 por ciento de la gente que acude a terapia psicológica lo hace por una ruptura amorosa.

¿Crees que hay pérdidas buenas, que uno a la final tenga que agradecer?
No se tiene que entender a la perdida como algo bueno o malo, sino como algo inevitable, más allá del bien y del mal. Más bien las consecuencias de esa pérdida, lo que hagas con ella sí puede ser algo constructivo o algo destructivo. O sea, cómo enfocas tú el sentido de la pérdida, si hacia el plano constructivo del crecimiento, de la lucha; o al plano pasivo, destructivo, del ‘se acabó mi vida’. La pérdida no es, en sí misma, buena o mala, sino lo que haces con esa pérdida.

¿Qué riesgo corremos si es que no aprendemos a aceptar las pérdidas?
El riesgo de quedarnos niños e inconscientes.

¿Eso es muy malo?
Sí, porque vas a sufrir mucho, porque la vida es para crecer, para aceptar frustraciones. La vida está llena de pérdidas, y aunque no solo exista eso, hay mucha pérdida. Pero cada pérdida es una puerta que te lleva a otra habitación. Entonces si es que alguien se resiste a las pérdidas o a las frustraciones se va a quedar niño, neurótico, psicótico, adicto… atrapado en la ilusión de que sigue dentro del paraíso.

¿Hay algo que todos podamos hacer, y que sea infalible, para aceptar las pérdidas?
En psicología no hay recetas infalibles ni fórmulas. Uno aprende sobre la marcha, pero creo que si habría alguna especie de fórmula sería tener un yo fuerte. Lo único que se requiere en esta vida es coraje y paciencia, mucha paciencia... kilos de paciencia.

Pero lo normal ahora es que queramos que todo sea instantáneo, porque vivimos en un mundo instantáneo.
Ese es el niño, y vivimos en una sociedad enferma, adicta, patológica.

¿Qué cosas importantes perdemos habitualmente, pero no les damos tanta importancia?
Creo que la paz; ahora todo es televisión, ruido, movimiento. Falta el templo interior; la paz interna. Y también hemos perdido la conexión con los valores espirituales, que no necesariamente son religiosos.

¿Y por qué no resentimos esas pérdidas?
Porque lo material te gratifica inmediatamente y te da la ilusión de que ya lo tienes todo.

¿Nadie sabe lo que tiene hasta que lo pierde?
Eso es verdad. Es que los seres humanos tenemos ese defecto: solo valoramos lo que estamos cerca de perder o lo que ya hemos perdido.

 

Pancho Prado

Nació en Quito, en 1964. Fue bautizado Francisco, pero todos lo conocen como Pancho (“es mi nombre artístico”, bromea). Es psicólogo clínico de orientación junguiana; atiende en consulta desde hace 21 años. También es cantautor, y a mediados de los 80 formó Umbral con Nelson García; su canción ‘A dónde vas’ suena hasta ahora en la radio. Es parte de la Escuela de TarologíaUnusmundus.

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