Es cobardía no luchar por los principios

Con un libro sobre geopolítica, actualizado al 2015, en ciernes y varias entrevistas que atender, Paco Moncayo abre un espacio en su agenda para reflexionar sobre la cobardía y sus manifestaciones.



iguzman@elcomercio.com   Ivonne Guzmán. Editora (O) 29 Agosto 2015

Paco Moncayo habla despacio y construye cada frase de la manera más correcta posible, como quien está acostumbrado a decir cosas sensatas que son escuchadas por auditorios enteros. Por ejemplo, minutos antes de sentarse a hablar sobre la cobardía para esta entrevista, ha estado conversando sobre posibles escenarios sociales y políticos con algunos miembros del Ejército y haciendo dibujos en una pizarra. Pero cambia de tema, de ánimo y de tono sin problema, acostumbrado, como está, a ser escuchado.

¿Son lo mismo la cobardía y el miedo?

No, son distintos. El miedo es una reacción natural de todo ser humano ante el peligro. Yo no he visto en la vida militar una persona que no tenga miedo frente al riesgo de su integridad física. Ahora, el miedo puede ser físico, pero también puede ser moral.
Está claro lo del miedo,

¿La cobardía qué sería?

La cobardía es una forma de reaccionar frente al miedo. Usted puede ver cobardes con gran poder, que expresan el miedo a perder poder  o canonjías con actos de inmensa cobardía, que son actos de violencia en contra de débiles.

¿Esa es la cobardía mayor?

La mayor cobardía, a mi juicio, siempre o casi siempre tiene como actor central al poder. Ahí están Hitler, Pinochet, Videla.
Gente que ejerce violencia parapetada detrás de grandes estructuras de control.
Claro, de control, de poder y de protección.  

Describa al cobarde
Cobarde es aquel que abusando del poder ejerce violencia sobre los indefensos; cobarde es el que teniendo un deber que cumplir, por miedo, deja de hacerlo.

¿Cuáles serían las señales inequívocas para identificar a un cobarde?

Hay varias expresiones, pero generalmente los cobardes simulan ser valientes.

¿Cómo sería un mundo solo de valientes?

Terrible.
 

¿Por qué?

Mire, algo que caracteriza al ser humano es la diversidad. De alguna manera, todos somos valientes y, de alguna manera, todos somos cobardes. Pero somos valientes o cobardes en escala y en circunstancias.

¿Negar nuestra cobardía es también negar nuestra condición humana?

Por supuesto, mire, insisto, no hay cobardes absolutos ni valientes absolutos. Todos los seres humanos en nuestra vida tenemos actos de pequeñas cobardías; hasta en la relación de pareja hay pequeñas cobardías.

¿Qué le pasa a una persona que permanentemente quiere mostrarse únicamente fuerte, valiente?

Las personas así están utilizando un mecanismo de compensación para ocultar su cobardía. Entonces el fanfarrón, el buscapleitos, normalmente es una persona que no tiene bien sustentada su personalidad, que requiere de estos mecanismos para autoafirmarse.

¿Solo los verdaderamente valientes son capaces de mostrarse vulnerables?

No, al revés. Oiga, Séneca decía... me acuerdo de esto porque en un destacamento en El Oro había un pedestal de bandera donde estaba escrito: “Solo es valiente aquel que jamás desespera. Séneca”. Le tengo así grabado y no sé si será de Séneca. Claro, el valor está en no desesperarse ante el peligro.

¿En tener sangre fría?

De alguna manera, ¿no? Se trata del autocontrol, pero todos tenemos miedo. Y vuelvo a decirle, hay un miedo físico y un miedo moral. El más agudo es el miedo moral.

¿Por qué?

Por ejemplo, un estadista que tiene miedo a fracasar por lo que eso conllevaría para el destino de su país, pero no porque “¿qué dirán de mí, cómo recogerá mi nombre la historia?”. Porque es cobardía reaccionar ante la posibilidad de fracaso defendiendo mi nombre y no pensando en el destino común.

¿Cuáles son las características de la cobardía que a usted más le molestan?

La característica más odiosa de la cobardía para mí es el ejercicio abusivo del poder; del que protegido de mil maneras maltrata, denigra, ofende, insulta, menoscaba al indefenso.

¿Ante qué o cuándo usted se ha acobardo?

Yo he tenido miedos enormes, cuando he enfrentado problemas graves, pero me acordaba siempre de esto: Solo es valiente aquel que jamás desespera. En la guerra con Perú, por ejemplo.

¿Sintió miedo pero no se acobardó?

No, no me acobardé. Si me hubiera acobardado hubiera tomado decisiones equivocadas. Aquí en la política interna, en la caída del presidente Bucaram, que yo era jefe del Comando Conjunto, y tenía un miedo horrible a que alguien dispare.

¿En qué épocas o espacios de su vida se ha topado más de cerca con la cobardía?

Donde la he visto y enfrentado más ha sido en la vida política; más que en la vida militar. Es en la vida política donde he visto que por miedo se acobardan y claudican en sus principios. Gente que ha defendido tesis como la no penalización del aborto en caso de violación y que el rato que tiene que tomar posición se acobarda. Es cobardía cuando usted no lucha por sus principios; gente que ha sido de izquierda y que de pronto apoya tesis contrarias a lo que ha sido la causa de su vida. Y puede ser cobardía por acomodamiento.

Entre la espada y la pared, ¿escoger la espada es siempre sinónimo de valentía?

No siempre. Cuando usted está en una situación aparentemente sin salida tiene que optar por la salida que constituya el mal menor y eso puede significar más inteligencia que cobardía. Pero cuando a usted le ponen entre la espada y la pared con sus principios y convicciones ahí sí no puede salir cómodamente.

¿Cuándo es imperdonable la cobardía?

Cuando afecta a los valores. Hay momentos cruciales en la vida en los que uno no puede dejarse vencer por el miedo.

Paco Moncayo

Nació en Quito en 1940. Su formación militar comenzó en su adolescencia en el Colegio Militar Eloy Alfaro. General (r) del Ejército; comandó la guerra del Cenepa. Es doctor en Ciencias Internacionales y tiene una maestría en Seguridad Continental. Ha escrito una decena de libros. Comenzó su carrera política en 1998, cuando se retiró de la vida militar. Fue dos veces alcalde de Quito (del 2000al 2009).

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