Marte: el próximo nuevo mundo

El Planeta Rojo despierta fascinación por conocerlo, colonizarlo o como puerta a otras formas de vida. La ciencia y la ficción son las vías de acercamiento hacia su superficie.



paredesf@elcomercio.com   Flavio Paredes Cruz.. Editor (O) 03 Octubre 2015

Sabemos que está ahí, lo hemos visto, conocemos la materia que lo compone y su comportamiento en orbita, pero Marte -aún- permanece como ese vecino de cuya vida especulamos por las siluetas que sombrean las cortinas. El hallazgo de agua líquida en suelo marciano, difundido el lunes último, sacude la fascinación por el Planeta Rojo, devuelve los logros científicos y los relatos ficticios a las charlas de sobremesa y repite -eco incesante- las sospechas sobre formas de vida extraterrestre.

Marte está de moda, lo evidencia la expectativa que se levanta desde su hosca superficie. Sin embargo, el auge del cuarto planeta del Sistema Solar ha registrado ascensos y caídas en diferentes tiempos de la historia. La perseverancia por descifrarlo se ha mostrado desde los avistamientos de Giovanni Schiaparelli, en 1877, hasta las expediciones -fallidas o exitosas- emprendidas por la NASA y otras agencias aeroespaciales. Esas misiones han sido bautizadas con nombres que dan cuenta del afán exploratorio  derivado de ese empeño por lo imposible... tan humano: Mariner, Viking, Odyssey, Curiosity, Pathfinder, Opportunity...

Los nombres de las sondas suenan más ostentosos que aquellos de las carabelas que trajeron al europeo hasta la Abya Yala; pero son impulsados por los mismos vientos de descubrimiento, conquista y colonia, procesos que renacen de frente a la data obtenida de este otro ‘Nuevo Mundo’, de esta otra ‘Terra Incógnita’. “Si la Luna fue isla en alta mar, Marte es el continente distante”, exclamaron voces entusiastas en las redes sociales.

Así, configurándose como el próximo destino (en 2010, Obama entregó USD 18 millones para lanzar una misión tripulada antes del 2030), Marte es también un mundo extraño, exótico y misterioso.

Ese misterio que se despierta desde los nuevos territorios se ha traducido en un renacer de la mitología. Si antes los aedos explicaban el origen del cosmos desde teogonías y metamorfosis; en el siglo XX, la ciencia ficción extendió nuevos bestiarios y relatos especulativos sobre aquello que -todavía- se ignora. Como los europeos recordaron a las sirenas con los manatíes, el imaginario humano bien podría ver a los marcianos en formas de cíclopes devoradores o de pequeños hombres verdes, tal cual los representó la cultura pop, armada de libros, cómics, series de TV, filmes y otras expresiones.

La imaginación supo retratar al último de los planetas telúricos desde el Sol, con las formas del terror, la ciencia ficción y la comedia. Después de que Percival Lowell hallara -en 1908- supuestos canales en la superficie de Marte, creando rumores sobre la existencia de vida inteligente, los marcianos -en forma de trípodes alienígenas- llegaron a la Tierra en la novela ‘La guerra de los mundos’, de Herbert G. Wells. Radionovelas, pánico y agitación en calles neoyorquinas y quiteñas de por medio, este relato dio rienda a tantos otros.

Los invasores se convirtieron en víctimas cuando, en 1950, las ‘Crónicas marcianas’, de Ray Bradbury, propusieron una colonia humana en suelo marciano, para suscitar, ante todo, una reflexión sobre el trato del hombre hacia el ‘otro’. Edgar Rice Burroughs hizo lo suyo con la serie marciana protagonizada por John Carter; Issac Asimov, con ‘A lo marciano’; Arthur C. Clarke, con ‘Arenas de Marte’; Alexéi Tolstoi, con ‘Aelita’;  y hay más nombres: Kim Stanley Robinson, Frederik Pohl, Frederic Brown, Philip K. Dick, Geoffrey A. Landis...

Si bien la ciencia y la tecnología acabaron con algunos mitos, otros surgieron.En 1965, la Mariner 4, de la NASA, descubrió un planeta muerto o -por lo menos- sin formas de vida visibles. Asimismo, el interés por el rostro humano en la zona de Cydonia, se desmontó, cuando una mejor resolución permitió visualizar una meseta allí donde se encontraron rasgos antropomórficos, que movían a imaginar civilizaciones primigenias. Ahora, el agua...

Sin embargo, otro tanto de la fascinación por este planeta, con días de 24,62 horas, se podría enumerar con títulos de filmes: con las peculiares obras del cine B o con productos más acabados como ‘Misión a Marte’, de Bryan De Palma. Con ‘Mars Attacks’, Tim Burton ridiculizaba no tanto a los extraterrestres sino a al conglomerado humano y, sobre todo, a los líderes que se regodeaban en la política. Lo más actual es ‘The Martian’, de Ridley Scott y estrenada el viernes pasado en el país.

‘The Martian’ y su antecedente literario, escrito por Andy Weir, proponen la supervivencia de un astronauta que, abandonado por sus compañeros, ‘coloniza’ Marte, movido por un irrefrenable deseo de volver a la Tierra. Tal idea, la colonización de Marte, es para nada lejana si tomamos el referente de Mars One, el proyecto de Bas Lansdorp que intentará llevar a 50 hombres y 50 mujeres, para una vida definitiva -desde el 2023- en nuestro segundo vecino más cercano (después de Venus). Curiosamente, el proyecto internacional de Lansdorp retoma una idea del cine de viajes espaciales de los últimos años: la unión de la humanidad de frente a la aventura extraterrestre; quizá como opción ante el encuentro -¿diálogo o choque?- con el ‘otro’.

Las contrariedades que podría presentar Mars One se arremolinan en torno a la hostilidad de la superficie marciana. Pero si algo nos ha demostrado la ambición humana es la capacidad de modificar territorios para convertirlos en mapas y paisajes aptos para su naturaleza o supervivencia. Hasta que la misión despegue, nos queda algo de data y mucho de ficción para hablar sobre nuestro vecino con nombre de deidad guerrera o para avizorar rutas hacia ese próximo ‘Nuevo Mundo’.

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