Reflexiones sobre Quito y sus orígenes

Sobre el asiento inca de Quito, de unas cuantas manzanas y calles, se superpuso la ciudad colonial, siendo al inicio un discreto conjunto de casas de teja y plazas



Hugo Burgos Guevara* (O) 05 Diciembre 2015

‘El gran Quito”, como se lee en todos los cronistas del Perú y Ecuador prehispánicos, tuvo su fundación española sobre buena parte de las calles incas y aposentos de piedra, como de madera, carrizo y barro (bahareque).

Los españoles se acoplaron a las manzanas y calles delineadas y usadas por los originarios y por los incas hasta poco antes de 1534, ajustando un damero sobre el diseño aborigen quitu-cara-inca; reutilizando las pocas manzanas y poniendo en uso y función las cuatro plazas originarias: i) ‘Plaza de los soldados’ o Guaman-pata (Plaza de Santo Domingo); ii) Catug-Pata (término quichua = plaza del mercado, erróneamente llamada “tianguez”, palabra del idioma náhuatl o azteca); iii) terraza ceremonial de nombre inca desconocido, enseguida llamada ‘Placeta de la Fundación’ (o ‘Casas Reales Antiguas’); iv) espacio ritual de los incas (probablemente el usno o templete, donde el inca bebía la chicha sagrada con el sol (Espacio de la Plaza Mayor).  

Sobre el asiento inca de Quito, sobre su patrimonio construido, unas cuantas manzanas y calles, se superpuso la ciudad colonial, siendo inicialmente un discreto conjunto de casas de teja, donde las plazas quedaron distribuidas en forma de cruz (ver Burgos 2010: Las Plazas en forma de Cruz…), rasgo medieval que se encajó sobre la formación preexistente.

Los templos, conventos y sus campanarios, pronto se sumaron a la ruptura del paisaje cultural de la ciudad india.

Asiento urbano en formación, en el mundo andino prehispánico, significa cumplir los requisitos de las ciudades-estado, de origen familiar o de linaje real, para cumplir al menos tres requisitos “población densa”, “administración”, “fortaleza”, “templo-religión”, “aposentos reales”, “geografía sagrada”.

“Mercado” es otro requisito, pero con la ocupación el mercado andino de Quito, sufre una metamorfosis. No es necesariamente requisito si la ocupación es solo de los gobernantes. Estos, sin embargo, necesitan de sirvientes y mujeres, quienes ocuparán plazas paralelas pero de menor rango. Los tributos crean intercambio.

Sin embargo, la antigua función de “intercambio primitivo” que tuvo Quito como centro interregional, pudo revivir, aún con la ocupación y recrear su antiguo asiento de “mercado” o “Katug-pata” de tipo inca-quitu (terraza de mercadeo en manos del conquistador inca).

La ‘cuatripartición’ de Quito
La ‘cuatripartición’ de Quito
incluye los cerros sagrados del Panecillo y el Itchimbía.

No necesariamente habría masiva población, porque la conquista inca estaba en época de acomodamiento, asimilación y transculturación, entre los pueblos originarios sometidos o desplazados (reconocidos como “hurinsayas”) y los linajes conquistadores (“hanasayas”).

No habiendo una cultura original en desarrollo (los Quitus), puesto que esta fue en parte desplazada a otros lugares o eliminada (como hicieron los incas al ocupar las islas sagradas del Lago Titicaca, dos décadas antes), tampoco habría una población masiva de ocupación.

No podía esperarse de ninguna manera que hubiera el manejo de una cultura material del pueblo conquistador, sino eventualmente para los gobernantes. Solo el desprevenido arqueólogo podría reclamar el aparecimiento de  los restos de cultura material del pueblo conquistador, cuando esos materiales arqueológicos pertenecen a una ciudad en guerra y acomodamiento.

Quienes así reclamen no han entrado en la órbita de la correlación teórica y experimental entre la arqueología prehistórica con los documentos históricos, con la etnohistoria y  con la arqueología histórica, disciplinas ya formadas, que estudian los procesos del “contacto” entre Europa y América, en el siglo XVI. Este lapsus arqueológico sobre Quito inca se anticipa como inaceptable.

En cuanto a las generalizaciones etnohistóricas del modelo, basadas en documentos y trabajos de campo, apunto las siguientes consideraciones:

1. Quito ocupado por los incas evoluciona de asiento de intercambio a ciudad o urbe  indígena americana, aunque en formación, idealmente a semejanza del Cusco,  adaptando su diseño a la realidad del hábitat local, sin perder los principios.  

2. No toda la población originaria ha sido desplazada a otros lugares. Las crónicas hablan de chozas alrededor de toda la ciudad. Por tanto, la cultura material -cuyos restos reclaman los detractores de la arqueología- es de cultura local, como se observa en los documentos y en los restos no incas que encuentran los estudiosos.

No obstante, debemos remitirnos también a las obras de Jacinto Jijón y Caamaño (‘Un cementerio incásico en Quito y notas acerca de los incas’, 1917: 162-260). Hay, por otra parte, conjuntos dispersos de chozas cubiertas de ichu (paja de páramo), donde viven los yana o sirvientes (Libro de Cabildos de Quito), los recolectores de tributos (curaca) y otros, en la mitad de la ciudad cuyo rango ideal es hurinsaya, por el lado de los conquistados.

En cada uno de los cuatro barrios incas
En cada uno de los cuatro barrios incas
se fundaron cuatro de los principales templos e iglesias del Quito temprano colonial; una de ellas es La Merced.

Se utiliza la cultura material de los hurinsaya, por tanto no hay necesariamente el estilo imperial de la cultura inca, porque no estaba ocupado por la población de este nombre sino por una mezcla de mitimaes importantes con la población originaria. Ejemplo, Don Mateo Inga Yupangue (“hermano” de Atabalipa), era “curaca de los mitimas incas”. Se asoció a los españoles y le nombraron Alguacil Mayor de los naturales de Quito.

Algo más impactante es el mitima Diego Figueroa y Caxamarca, hijo del curaca de los mitimas en el sur, apu Carguatanta, y nieto de Apoguacal, señor de los Huayacondo, Consejo y Capitán General de los ejércitos de Túpac Yupangui y Huayna Cápac, que conquistó Quitu y triunfó sobre los cayampis.

No se menciona a otros grandes señores incas, dispersos en la hoya de Quito y regiones de los chimbus, con el señor Guamarica en disputa con el ­puruhá Pilamunga. Solo los principales vivían en Quito inca y hacían residencia esporádicamente. Quito de los incas fue -en mucho sentido- un centro ceremonial y, por tanto, poblado solo en ocasiones de esa índole.    

3. No se descarta la ulterior fundación de casas de mujeres consagradas a la religión (acllahuasi), pero además, cada inca rey tenía un conjunto de 40 esposas que se turnaban ­semanalmente con sus servicios, y Huayna Cápac habría sobrepasado esa función real.

4. La nobleza (idealmente hanansaya) debió haber estado formada por muy pocos gobernantes que ocuparon la ciudad. Para estos se construyeron algunos aposentos de estilo inca, pocos bloques, paralelepípedos de piedra pulida, precioso elemento pétreo, andesitas obtenidas en las canteras de El Panecillo y la cantera de Cantuña. Pero el material pétreo era deleznable.
Sin embargo, fue reutilizado y enterrado como cimientos por los primeros españoles y eclesiásticos que construyeron los templos principales, como La Merced, San Francisco y Santo Domingo y, por supuesto, otros edificios magnificentes, la Catedral, como la casa de don Francisco Atahualpa (hijo del Inca Quiteño),  parroquia de San Diego. Habría que de­senterrar tales cimientos para demostrar evidencias arqueológicas incas.

5. La mención más reiterada es que Huayna Cápac tuvo sus aposentos en el cerrito de El Placer, de ahí su nombre, con abundante evidencia documental. Parte de las piedras de esta fortaleza fueron utilizadas en la construcción de un gran colegio (Juan Montalvo) ubicado a los pies del mismo cerrillo (Idem).     

6. Quito inca estuvo en proceso de convertirse en ciudad por el requisito “administración”. La principal actividad, inobjetable en los datos, sería la recolección de tributos. Para esto, necesitaría de recolectores de tributos y, para su sustento, algún intercambio debían hacer en la plaza de Katug-pata, hoy San Francisco.  

7. El príncipe heredero Atahualpa, tratando de representar al Cápac Ayllu, ya como futuro Tícsi Cápac, tendría sus aposentos en la cuadra ocupada luego por la Compañía de Jesús (1588-1767) (hoy Centro Cultural Metropolitano).

8. Los miles de mitimaes que llegaron al territorio de Quito recibieron la merced del Inca para declararse apus o señores, y recibir tributarios en muchos pueblos de la Sierra. Aquí, la evidencia es más que abundante con los documentos de ‘Cacicazgos’ en el Archivo Nacional de Historia.

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9. Huayna Cápac, durante su gobierno en Chinchasuyu,  gastó tantos años en Tomebamba, otro tanto en Quito, pero fueron ocupados, periódicamente por él los tambos y aposentos de Callo-San Agustín, como aquellos de Latacunga, y en los viajes al norte largas temporadas en el bastión de Ingapirca-Cañar. San Agustín de Callo, en su versión originaria, es el único tambo real que queda en pie en todo el territorio norteño. Hay otros tambos que están en vías de investigación, con nuestro modelo, en el callejón interandino. Con todo, su vivencia en El Placer es inobjetable, pero no sería por largo tiempo, debido a la guerra.

10. ‘Fortaleza’.  Para ser cortos, las quebradas -especialmente Ullaguangayacu (Jerusalem), Zanguña (Manosalvas)-  eran verdaderas barreras para evitar invasiones. En Burgos (1995) se lee que un fraile franciscano, de Zúñiga, trataba de conseguir licencia real de Felipe II para poner murallas alrededor de 16 manzanas de la ciudad colonial, a sabiendas que esta se protegía sola, con las cavas existentes

11. ‘Geografía sagrada’. Se ha desconocido por mucho tiempo la crónica de Fernando de Montesinos, hallazgo que nos ha permitido justificar mejor la construcción del sistema ceque (se basa en materiales que incluyen los sistemas político-religiosos que se implantaron primero en el Cusco, y se adaptaron después a otras ciudades conquistadas, como Tomebamba y Quito inca).
En sus Memorias antiguas, historiales y políticas del Perú (1888), realza la “cuatripartición” de Quito, dividido en cuatro barrios por cuatro cerros sagrados con denominaciones incas 1. Yavirag (Panecillo) 2. Mama Anahuarque (Itchimbía), Huanacauri (antes San Juan, hoy Cerrito de El Placer), Carmenga, (La Chilena-Toctiuco).  

12. ‘Mercado’. Se ha dicho que Quito era un gran centro de intercambio, comenzando por los productos exóticos. Por esto era periódicamente un emporio multicultural y multi-lingüístico, hasta que venían los mindales de habla pasto y sibundoy (a semejanza de los pochteca náhuatl, en México).
La ubicación de Catug Pata, como lugar de mercado, es inobjetable desde tiempos ­prehispánicos.

13. ‘Templos’. Inferencia principal: solo se han encontrado, por una arqueología remota, ciertos muros de piedra debajo de algunos templos o sitios (San Francisco o en el Hospital San Juan de Dios). Topográficamente es distinto; en cada uno de los cuatro barrios incas, aparecen fundados cuatro de los principales templos e iglesias de Quito temprano colonial (que lucen hasta hoy): a) La Merced (norte) alineado con capilla San Sebastián, exactamente sobre  el meridiano W 78° 30’00’’, que hemos llamado el “meridiano de Quito”, que cruza sobre la torre antigua de los jesuitas, línea geodésica al que los académicos Jorge Juan y Antonio de Ulloa, denominaron el “meridiano de La Merced” (ver fotografía). Anteriormente, pensábamos que el meridiano pasaba sobre  la cruz de la catedral; este dato lo hemos rectificado por lo dicho aquí. b) Santo Domingo (suroriente) San Francisco (poniente), bajo el Pichincha. San Agustín (nororiente) alineado con San Francisco en el paralelo  S 0° 15’ 09’’.

14. Existencia de cuatro caminos de Chinchasuyo, que convergían en la Torre del Reloj, de la Compañía de Jesús.  En cada cuadrante, aparece fundado uno de los cuatro ­templos católicos ya men­cionados. La cuatripartición resultante, tanto nativa como española colonial, proporciona una imagen medieval dividida en cuatro cuadrantes, única en todos los Andes. Tanto de las universidades de Illinois, Bolonia y Berlín, he recibido la aceptación que Quito inca y su cuatripartición del sistema ceque tuvo mucho que ver en la utilización del diseño cuatri-partito de los incas, por lo que fue fácil la adaptación del diseño cuatripartito del medioevo, que aparece tan solo en pocas ciudades de Europa. Un diseño igual existe en una ciudad de Holanda.

15. Fue descubierta una división dual, en un documento  de 1622 , misma que alude  a una división por parroquias del perímetro de Quito, HANANSAYA: parroquias: La Matriz, San Roque, San Marcos, San Sebastián. HURINSAYA: Sta. Bárbara, San Blas y Santa Prisca. Hanansaya es “sur” y “alto”. Se dice : “Voy a subir al Cusco”. HURINSAYA: es “norte” y “bajo”, Voy a bajar a Otavalo y Popayán. La línea divisoria de estas dos mitades de Quito inca resultó ser la quebrada menor, Zanguña, Pilishuaico, Manosalvas.

*Ph.D  en Antropología;  Premio José Mejía Lequerica, Municipio de Quito 1995; Medalla de la Ciudad de Jaén, Cajamarca, Perú, 2012. Autor de Relaciones Interétnicas en Riobamba, 1970-1977. Miembro numerado de la Academia Nacional de Historia, 2013.

El convento de La Merced
El convento de La Merced
fue el primer templo de los religiosos.

El primer convento de Quito

Amílcar Tapia Tamayo* (O)

Sobre la fundación de Quito y su propia existencia como capital de los ecuatorianos se han escrito numerosos trabajos históricos; sin embargo, la información sobre las primeras iglesias y conventos de la ciudad es muy limitada.

Uno de los personajes más desconocidos y menos estudiados en la historia de la fundación de Quito es el padre Hernando de Granada, religioso mercedario,  quien fue capellán de Sebastián de Benalcázar. Recordemos que luego de la muerte de Atahualpa, Francisco Pizarro nombró a este como gobernador de la ciudad de San Miguel de Piura, en 1533. En este lugar se enteró de que Diego de Almagro venía desde Nicaragua y Guatemala, para conquistar el Reino de Quito, donde había la fama de que allí se hallaban fabulosos tesoros que fueron escondidos por los seguidores de Atahualpa, luego de que supieron de su muerte.

De forma inmediata, y sin pedir permiso a Pizarro, se aventuró hacia el norte acompañado de 140 hombres de a pie y a caballo. Junto a él viajaban también los frailes Hernando de Granada y Martín de Victoria.

Por otro lado, es conocido que Diego de Almagro, socio de Pizarro, en su afán por evitar que Pedro de Alvarado conquistase Quito, fundó en las planicies de Riobamba la ciudad de Santiago de Quito, hecho ocurrido el 28 de agosto de 1534.

Más tarde, Benalcázar, autorizado por Almagro, organizó de manera definitiva la Villa de Quito, el día domingo 6 de diciembre de 1534, en medio de las ruinas dejadas por Rumiñahui, en su afán por destruir todo y evitar el asentamiento de los españoles.

Fray Hernando de Granada fue uno de los fundadores de Quito y como tal, meses más tarde: “En cuatro días del mes de abril de mil y quinientos y treinta y siete años. Los señores Gonzalo Díaz, alcalde e Joan de Padilla alcalde e Sancho de la Carrera…..regidores entraron en su cabildo como lo an de costumbre y después de aver platicado paresció y se presentó en dicho cabildo el Padre Fray Hernando de Granada e presentó una petición por donde pidió a los señores justicia e regidores le señalen en esta Villa un sitio donde haga y edifique un Monasterio de Ntra. Señora de la Merced de cuya orden es el dicho Padre fray Henando y Visto por los dichos Señores justicia y regidores dixeron que señalaba e señalaron para Ntra. Señora de la Merced cuatro solares en el sitio que está arriba del solar de Joan Lobato como desciende el agua y va a la calle sobre mano derecha linde con unos edificios antiguos, donde estaban unas casas de placer del señor natural…” ( Copia textual. Fr. Joel Monroy,  ‘El convento de la Merced de Quito’, 1534-1617, p. 58) (Ver también el Libro Verde de la Fundación de Quito, 1534. Archivo Municipal de Quito). Relacionado con la ubicación de los solares, estos quedaban “Calle de por medio y a una escasa cuadra de la calle Real, el gran sitio limita hacia el naciente con la Plaza de la Villa, en cuyo rededor comienzan a levantarse enclenques muros y techos pajizos de los más encumbrados vecinos y, sin titubeos, viene el trepar de la colina de Huanacauri, al Poniente, el impresionante huayco de Sanguña, que solo permite pasarlo más arriba “en la falda del cerro que está frontero de las casas que eran del placer de Huaynacápac” (Alfredo Fuentes Roldán, Quito, Tradiciones, 2013, p.499)

Efectivamente, las actas fundacionales de Quito señalan que el convento de La Merced fue el primer templo  de religiosos que se fundó en tierras de los shyris, y también de lo que ahora es América Latina.

El primer comendador (superior) que tuvo el convento de Quito fue el padre Martín de Victoria, quien abrió la escuela de primeras letras para hijos de caciques y principales de la Villa de reciente fundación. Además, aprendió prontamente el idioma quichua, que enseñó a los religiosos de diversas órdenes de frailes quienes se establecieron en la nueva ciudad, para lo que escribió una gramática de esta lengua, siendo la inicial que en su género se redactó en tierras de América.

La iglesia primitiva fue “sumamente pobre, sin paramentos ni ornamentos, más que los necesarios para la sagrada Liturgia. Constaba de una pobre choza trabajada junto al convento que carecía de todo… en el año de mil e quinientos cuarenta y seis, que el señor Capitan Dn Francisco Pizarro ante tanta necesidad hizo de ofrescer una cuantiosa donación para levantar la capilla mayor e donde han de posar los restos del señor Marqués, siendo que por ello que la dicha iglesia recibió la primera gran ofrenda de la que se tiene memoria en esta villa y año...” (Archivo del convento de la Merced, Varios 1546 y siguientes.. Copia textual del documento). Los restos de Pizarro nunca llegaron a su destino.

En cuanto a la imagen de la Virgen de la Merced, existe en el archivo mercedario una curiosa relación sobre su origen. “El Rvdsmo. P. Fray Hernando de Granada, uno de los primeros vecinos desta cbdad de Sn Fco. de Quito, fue el que acompañó al gran Capitan don Sebastián de Belalcázar a su fundación… en abril del año  de mil e quinientos y treinta y siete años fue en donde  se levantó la primera capilla que hubo en la villa, pero antes de su hechura, el citado P. Granada supo de que en las breñas del cerro que se llama de pichincha había un bulto de piedra con forma de mujer que eran visitada por los naturales y la tenían desde su gentilidad llevándole flores y objetos de oro y plata y la visitaban sobre todo cuando tenían enfermedades y dolencias. Luego de bendecirla según el rito de Ntra. Sta., Iglesia la colocaron en un pobre altar proclamándola como nuestra Señora de las Mercedes, siendo la primera imagen de Ntra. Sta. Madre María que hubo en destos reinos de Quito, a la cual además el regio Cabildo la proclamó fundadora y Protectora de la Villa” (Archivo del convento de la Merced, informe de Bartolomé Martínez, 1596, folio. 34. Copia textual)

* Doctor en Historia. Numerario de la Academia Ecuatoriana de Historia

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