George Febres, otro septiembre

Jorge Xavier Febres Cordero Ycaza Laforgue, conocido como Georges Febres, fue un artísta pop celebrado en los EE.UU. Su obra fue ignorada en el Ecuador.



X. Andrade 04 Octubre 2014

Nacido Jorge Xavier Febres Cordero Ycaza Laforgue, el 10 de septiembre se celebraron 71 años del natalicio de quien en Estados Unidos se diera a conocer simplemente como George Febres (1943-1996), artista visual guayaquileño, fallecido en Nueva Orleans a causa del sida, y lugar donde adquiriera enorme celebridad debido a sus contribuciones entre los años setenta y noventa.  

Paradójicamente, su fama no trascendió en Ecuador debido a la magia de la burocracia estatal, misma que a mediados de los ochenta imposibilitara la donación de su obra al país.

Trabajando a espaldas de lo que ocurriera en el arte en ­Ecuador, Febres nutrió su obra –calificada como ‘neosu­rrealista’ por diferentes críticos en Estados Unidos–  directamente de pintores clásicos como Archimboldo, el arte pop norteamericano y distintas influencias locales del Sur Profundo.  

Febres fue un artista multifacético: amén de su obra pictórica y gráfica, jugó un papel crucial como galerista, curador del célebre proyecto ‘My Cousin, The Saint’, dedicado a su pariente, el primer santo ecuatoriano, el Hermano Miguel, y gestor de emprendimientos como el Contemporary Arts Center de Nueva Orleans.

El manierismo de Archimboldo fue una influencia directa en los retratos realizados por Febres a manera de litografías, quizás la forma más depurada de su arte, puesto que muestra la pulcritud en los trazos, legado directo sobre sus seguidores. Sus retratos están construidos mediante la confusión de distintos planos en los que se disgregan los rostros de los sujetos. Entre ellos generalmente aparecen seres que simulan ser gusanos, arqueólogos naturales de la eventual descomposición de quienes fueran sus heterogéneos modelos (desde Hitler hasta Robert Indiana, pasando también por personajes locales como el boticario de su barrio, y uno de sus ídolos, el escultor George Ohr). Estudioso de los clásicos, dedicó su tesis de maestría al estudio de la obra pictórica de Lucas ­Cranach y Giuseppe Archimboldo, entre otros.

Su celebridad mayor se debió, no obstante, a su inserción dentro de las lógicas pop. De hecho, su escultura funcional ‘Alligator Shoes’ –un par de zapatos hechos con cuero de cocodrilo que incorporan las cabecitas del reptil- lo condujo a obtener sus propios 15 minutos de fama en Estados Unidos. Cumplidos los 25 años de aquella, el New Orleans Museum of Modern Art (NOMA) editó una estampilla conmemorativa con un dibujo del propio Febres sobre esa obra, un homenaje a alguien quien, como él, había estilizado su propia persona pública al mejor estilo de uno de sus referentes, Andy Warhol, a quien conoció en la inauguración de su primera retrospectiva en Nueva Orleans. De hecho, Febres ganó autoridad mediante su presencia en las columnas de farándula en los periódicos locales, llegando a convertirse en un socialité a carta cabal. Como galerista, articuló a artistas noveles y generó un movimiento denominado Visionary Imagism, pionero en la región.

Nueva Orleans y el sur profundo marcaron la obra de Febres a dos niveles: elementos paisajísticos de la naturaleza tropical y, principalmente, la excéntrica persona y el legado escultórico del ceramista de Mississippi, George Ohr. Como Ohr, Febres estaba preocupado por generar distintas capas de movimiento en su obra gráfica y escultórica. Asimismo, la imagen de Ohr, famoso por autorretratos con su pelo y mostacho engominados con miel para simular movimiento y caprichosos choques con el viento para modelar sus esculturas, inspiró a Febres.

Memorias selectivas sobre Ecuador aparecen en la apelación a lazos de parentesco que sirvieron para apuntalar un aura aristocrática alrededor de su persona pública. Sus parientes, desde santos hasta ex-presidentes y líderes independentistas, fueron fuente directa de inspiración para algunos de sus proyectos. De hecho, Febres curó la referida muestra sobre el Hermano Miguel, que contó con la colaboración de 40 artistas de la región, y un esfuerzo similar dedicado a León Febres Cordero, su primo, quedó encaminado antes de su muerte.

A nivel iconográfico, la banana fue un recurso recurrente en su trabajo, elemento polivalente que hablaba tanto de ecuatorianidad como de su propia condición gay.  Respecto de esta última, contribuyó a la causa con su participación en eventos públicos y guardó una relación de tres décadas con Jerah Johnson, historiador reputado, patrono e impulsor de Febres en el plano artístico.  

Ecuador, no obstante, rechazó al artista.  A mediados de los ochenta, Febres quiso donar la colección entera de la exhibición ‘Mi Primo, El Santo’ al Banco Central del Ecuador. Existen evidencias epistolares del avance de las negociaciones, que se frustraron por inoperancia y temor político relacionado con las posibles controversias que la serie pudo suscitar en un ambiente aldeano. De hecho, Febres planeó esta exhibición como un homenaje a la memoria del Hermano Miguel y como un argumento sobre la vinculación entre religión y arte en la época moderna.  Este proyecto y su rol curatorial no tienen precedente alguno en la historia del arte del país.

Finalmente, crear asociaciones lingüísticas insospechadas por el mero hecho de la coexistencia de palabras en una frase (verbal puns) fue elevado a su obra artística estableciendo un continuo con los elementos visuales o materiales que la componían (visual puns). Esta es una clave para entender la obra de Febres: el humor, un efecto que, siendo nacido del impulso de la traducción del inglés a su idioma nativo y de la influencia de la poesía simbolista de su pariente materno, el poeta Jules Laforgue, fue ingeniosamente manipulado.

Al contrastar el silencio del Estado con el perfecto estado en el que la obra de Febres se preserva en EE.UU, resta preguntarse, con vergüenza, si ese fue su mejor destino.

Ph.D. (c) en Antropología Social, New School for Social Research, EE.UU. Ha dirigido una maestria en antropología visual en la Flacso, en Quito.

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