El ansia de celebridad Pasa con la edad

Omar Rincón sabe de medios y espectáculo, da clases y escribe libros sobre eso. De paso por Quito, se dio un tiempo para pensar la celebridad.



iguzman@elcomercio.com   Ivonne Guzmán. Editora 07 Febrero 2015

Es muy difícil mantenerse en el tema, porque con Omar Rincón se puede hablar de todo. Cada palabra lleva a otra cosa; y cada cosa es más interesante que la anterior. Que si el capitalismo solidario, que si Abraham y las tres religiones monoteístas, que si el consumo, que si los ‘hipsters’, que si la teoría del impostor de Javier Cercas, que si el Subcomandante Marcos, que si la viejoteca de los medios y la política y, así… Pero con un método algo marcial y monótono, no lo dejo salirse del tema y logro que hablemos de nuestra obsesión por la celebridad, ese virus que tenemos inoculado en el cuerpo.

De paso por Quito –apenas dos días y medio–, Omar asistió al homenaje que Ciespal le hizo esta semana al teórico de la comunicación español Jesús Martín Barbero y aprovechó para dar un taller sobre ciudadanías ‘celebrities’ y culturas bastardas. En medio de tanto trajín, me concede un pedacito de un mediodía para echarle cabeza a este tema que tanto le divierte.

Ahora que gracias a las redes sociales casi todos hemos tenido nuestros 15 minutos de fama, ¿qué queda?
El capitalismo nos vendió que todos podemos ser felices vía el consumo. Y esa era la idea grande del capitalismo del siglo XX. En el siglo XXI ya eso no vende. Entonces ahora  las redes sociales y la sociedad del espectáculo, la sociedad bárbara de (Alessandro) Baricco si quieres, nos vende que la felicidad está en ser estrella por un instante. Pero ya no son los 15 minutos de Andy Warhol.

¿Si no?
Ser alguien en las pantallas; pero uno ya no alcanza a ser ­famoso ni por 15 minutos.

¿No?
No, ahora lo máximo que alcanzamos a hacer es ser estrellas entre nuestros amigos. Y por eso queremos ampliar nuestra red, que fue el gran descubrimiento de Facebook.

¿Ahora tenemos celebridades porque ya no tenemos reyes ni dioses?
Primero está esto de querer ser una estrella entre mi grupo de amigos. Eso ha sido un deseo humano y ahora las redes sociales y los medios de comunicación lo permiten. Pero por otro lado también hay niveles de comunidad; han empezado a aparecer celebridades-nación, que son por ejemplo algunos presidentes, que ya no son gobernantes sino ‘celebrities’. A ellos ya no se les evalúa por su obra, sino por actuación como ‘celebrities’, que no necesitan producir conocimiento.

¿Qué necesitan producir?
Una puesta en escena emocional-afectiva que retome los códigos, las estéticas, las narrativas y los saberes de donde quiere ser adorado. Por eso el gobernante ecuatoriano quiere ser adorado entre la comunidad ecuatoriana y lo es; es ‘celebrity’ aquí, pero no afuera.

Pero quiere serlo a escala latinoamericana.
Sí, pero no lo logra. El único que ha logrado volverse marca país, ‘celebrity’ internacional es (Pepe) Mujica, que es un ‘pop star’ y superó lo local.

¿Queda algún ámbito que no haya sido tocado por el encanto de la fama?
Ah, no, porque si hablamos de la ‘celebrity’ mayor, y que me encanta, ese es Francisco. Es un tipo que cambió la imagen de la Iglesia sin hacer nada. Francisco recibe una iglesia pedófila y ladrona y la convierte en una semana a punta de signos ‘celebrities’ (pagar la cuenta del hotel, no cambiarse los zapatos, no irse a vivir al otro lado, subirse en un Renault 4) en una iglesia de pobres y alegre. Pero con estos ‘celebrities’ hay un problema, lo reconozco, yo que soy hincha de los ‘celebrities’ y el entretenimiento, lo mejor es evitarlos, porque si no lo convencen a uno de amarlos.

¿Por qué no queremos ser del montón, ser ‘nadie’?
Pues porque la sociedad que habitamos nos vendió que tenemos que ser alguien. La sociedad de mercado es eso. Y son unos genios porque me hacen creer que soy original, pero cuando salgo a la calle todos son igualitos a mí. Han logrado vender la capacidad de ‘ser original’, que es un horror.

¿Podríamos vivir sin celebridades, sin estos objetos de admiración?
No podríamos vivir sin ellos, lo que pasa es que cada vez los estamos volviendo más
desechables. O sea una persona como Madonna o Mick Jagger casi que es imposible en este tiempo; a Britney Spears la acabaron en poco tiempo, y Lady Gaga es la que ha aguantado más, pero cada temporada tenemos una celebridad nueva.

¿Un buen lema para la sociedad actual podría ser ‘sin celebridad no hay paraíso’?
Yo creería que ‘sin estilo’, porque no todos podemos ser ‘celebrities’; el evangelio del siglo XXI es: Todos tenemos que tener un estilo. Pero llegar a la celebridad es más difícil porque implica una puesta en escena, un querer estar en público, y a muchos no nos gusta estar en público, pero toca.

¿Qué te ha quitado la celebridad a ti?
La celebridad le impone a uno actuar un personaje. En el mundo que me tocó en la repartición, porque además esa es otra cosa, hay que ver cuál es el hueco disponible para ser celebridad que le queda a uno; bueno, en ese mundo había un pedacito hueco que era el del entretenimiento, lo ‘light’ y dar conferencias divertidas. Yo no soy tan inteligente, entonces me toca gritar, brincar, bailar, me toca hacer chistes, hacer reír. Me tocó ese pedazo y eso se ha vuelto una camisa de fuerza muy jodida, porque cuando quiero ser serio no me lo quieren aceptar.

¿Y qué te ha dado?
Un lugar en América Latina para hablar, y eso es una delicia. ¡¿Sabes lo que es poder pensar el mundo y hablar de todo desde un punto de vista y que un pocotón de gente te escuche?!; es maravilloso, es para darle gracias al dios de las celebridades. Esa es la parte egocéntrica fea; la parte linda es poder entusiasmar a jóvenes para que piensen alguna cosa.

¿De qué se trata ese mundo poblado por celebridades que es la televisión?
Yo no participo de él.
Pero lo observas de cerca.
Debe ser un mundo muy raro, por lo menos muy doloroso, porque implica crear un personaje y actuarlo todo el tiempo; y ya no puedes saber qué eres tú y qué es tu personaje. Y además te juzgan por el personaje y no por lo que eres.

Estamos todo el tiempo confundiendo al personaje con la persona.
Mejor dicho, la ‘celebrity’ auténtica es la que ya vive su personaje como si fuera él. Es la gente que vive de ser ‘celebrity’, como Kim Kardashian. Pero  también les pasa a los políticos y a muchos intelectuales, porque no es un fenómeno solo de la farándula. El ‘celebrity’ termina comiéndose al personaje real. Una vez un indígena ecuatoriano me dijo: “A nosotros nos va mejor sin los medios”.

¿O sea que hay que quitarse del foco?
Exacto. Hay una gran virtud en los segundos. A mí me encanta ser segundo.

Explica un poco esa teoría.
La virtud del segundo es que puede ser auténtico, porque en el fondo está libreteando al primero. Y el primero es el que tiene que actuar y tomar las responsabilidades de eso. Detrás de cada celebridad hay un libretista, hay un diseñador o un asistente que tiene en realidad el poder.

Y que además no tiene ninguna obligación.
Claro, ninguna obligación de ser coherente con nada ni de actuar absolutamente nada. Me parece que esta sociedad le ha dado demasiada prelación al primero y creo que el placer está realmente en los segundos.  Hay una película iraní que se llama ‘Los niños del cielo’, en la que aprendí eso; que trata sobre unos zapatos. Es la historia de un niño que compite en una carrera y quiere llegar segundo, no primero.

¿Por qué?
Porque el premio que le dan al segundo es el que él necesita: un par de zapatos. Y la película prueba que es dificilísimo llegar segundo; es más fácil llegar primero. Porque para llegar segundo tienes que calcular que alguien llegue primero y que además el tercero no te vaya a pasar; tienes que calcular para adelante y para atrás. Por eso es que muchos fracasan, porque quieren seguir siendo primeros siempre y le dan a fondo y pierden perspectiva.

¿Qué se te antoja más pesado: compartir una isla desierta con un presidente ‘celebrity’ o con una celebridad de televisión?
Hijuemadre… yo creo que en fondo las dos cosas se pueden manejar bien. La celebridad y el presidente tienen ego de poder, y en ambos casos yo sería el segundo entonces no sería problema. Creo que el problema se da cuando creemos que nacimos graduados de primeros.

¿Habrá algún método para curarse de estas ansias de celebridad?
La edad (risas). Yo creo que uno es arrogante  a los 8 años, a los 15, a los 20, a los 25, pero con el tiempo uno se da cuenta de que uno no es nadie en el mundo, sino un sujetico, ahí, que trata de hacer alguna cosa.

Omar Rincón. Nació en Maripí, Colombia, en 1961, y le da pereza que le hagan una ficha típica, por eso sugiere: “Pon que soy rata, acuario e hincha del Santa Fe; que escribo en un periódico (El Tiempo, de Colombia) sobre televisión, que de vez en cuando pienso y que muchas veces hablo en conferencias”. Es una autoridad en análisis de medios; entre sus 12 libros están ‘¿Por qué nos odiantanto?’  y  ‘La nación de medios’.

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