FÚTBOL RICO, FÚTBOL POBRE

La carestía que exhibe la Serie A contrasta con el lujo que rodea a la Tricolor. Lateoría del centro y la periferia en el balompié.



aribadeneria@elcomercio.com   Alejandro Ribadeneira.  Editor (O) 12 Diciembre 2015

Un deporte, dos mundos. Por un lado están los clubes, algunos de los cuales se han derrumbado hasta la mendicidad, como si hubieran jurado el voto de pobreza de Francisco de Asís. Por otro está la Tricolor, articulada al suntuoso engranaje hipermercantilizado de la FIFA y que paga USD 12 000 a cada jugador por partido ganado en el Atahualpa. Esto supera en 340% lo que recibe un futbolista corriente de Segunda, e incluso de Serie B, en todo el mes. Sí, carestía y exceso se abrazan en Ecuador y eso incluye al fútbol.

Por eso no es verdad que el fútbol siempre es el mismo. No lo es. Lo son las reglas dentro de la cancha pero nunca son iguales los contextos y bien puede aplicarse la teoría de centro y  periferia:  al polo rico siempre le rodea uno más pobre.

Recibir USD 12 000 por 90 minutos golpea fuertemente en un país con futbolistas en permanente zozobra, quienes han tenido que bañarse con baldes de agua de lluvia porque el club no tuvo recursos para pagar el servicio.

Lo contó el argentino Facundo Callejo, ariete de Liga de Loja que abandonó el club con solo un mes cobrado, uno de varios refuerzos que volvió a caer en la seductorísima trampa de que en Ecuador se paga en dólares (en el 2014 los sueldos en Ecuador eran solo superados por los de Brasil y Argentina). A la hora de la verdad, para bañarse luego de los partidos él y sus compañeros debían servirse de baldes colocados a la intemperie en la víspera, para recolectar el agua que Dios enviaba del cielo. 

Callejo no lo resistió y prefirió regresar a Argentina sin cobrar su deuda. Ahora está en Colón, narrando su exótica experiencia en la tierra de Benjamín Carrión, quien soñó un Ecuador diferente al de ahora.

Los seleccionados, por supuesto, no se exponen a esta inopia cuando representan a la Tricolor. Cuando viajan suelen llegar a hoteles de cinco estrellas, por ejemplo. Para su último cotejo con Argentina, el equipo nacional se hospedó en el relumbrante Hotel Intercontinental, que por su habitación estándar de dos camas individuales cobra USD 174 por noche, incluido el desayuno.  Piscina cubierta y climatizada, sala aeróbica, masajes y solárium son los servicios que el hotel ofreció a una Selección que derrotó 2-0 a Argentina, resultado inédito en Buenos Aires y que borró de un plumazo la pésima Copa América.

En la Serie A, los viajes rara vez son así de dispendiosos, aunque Emelec cumplió en enero su cuarta pretemporada en Argentina, no en un hotel pero sí en un estupendo complejo, el Buenos Aires Football, equipado para brindar confort a deportistas de élite. 

Los hermanos pobres de los azules no han tenido tanta suerte. En Deportivo Quito comenzó a ser frecuente el desplazamiento hacia Guayaquil por tierra, que toma ocho horas y que genera desmotivación, como contó el jugador Juan Rojas en agosto, cuando los chullas comenzaron a sentir en la cancha y en los bolsillos su espiral hacia el abismo. El traqueteo, el sueño mal atendido, la columna torcida, el cuello rígido y los riñones aplastados no son lo que un atleta necesita antes de  un cotejo profesional.

El colmo de esta estrechez llegó a finales de noviembre, cuando el club realizó una colecta pública para costear el viaje por tierra a Loja, como si se tratara de un comité de padres de familia que organiza una kermés para reunir fondos destinados al Club de Música. También se desarrollaron colectas para ayudar a Liga de Loja y a El Nacional, club con 13 títulos y que cerrará el año con un déficit de USD 3,5 millones de dólares. Curiosamente, esos tres clubes perdieron puntos 
por no honrar sus deudas.

En la tienda militar las cosas tampoco han estado fáciles este año, aunque ya nada fue sencillo desde que la Revolución Ciudadana suprimió la obligatoriedad de que 40 000 integrantes de la milicia aportaran al equipo con un total de USD 800 000 al año, un verdadero batazo a las rodillas. Aunque más ha dolido que El Nacional haya dejado de ser un equipo exportador de jugadores, pues desde el 2011, cuando Renato Ibarra se fue al Vitesse, nunca más se vendió al exterior a nadie. Y el club se redujo en presupuesto y en resultados.

La decadencia criolla fue descrita por el entrenador Rubén Darío Insúa, quien cuando estuvo al mando de El Nacional contó que un juvenil promovido de la Reserva se rompió el ligamento de un tobillo y que no hubo dinero para un antiinflamatorio. Fue culminante que, por los atrasos en los sueldos, el jugador Cristian Márquez fuera detenido en Guayaquil antes de un partido, acusado de no honrar una pensión alimenticia. Ese círculo vicioso se multiplica en cada club.

El público también tiene su parte. La Tricolor recolectó USD 1 002 180 en boletos vendidos para su duelo con Bolivia. Ningún partido de la Serie A ha juntado esa cantidad este año. Ese dinero prácticamente coincide con los USD 942 000 que la Ecuafútbol repartió en el 2013 a los tricolores. 

Ese mismo año, la Federación recolectó USD 8 508 000 solamente por derechos de tele­visión y propaganda, récord histórico y que no se compara con los USD 19,2 millones divididos entre 24 clubes y 24 asociaciones que se deben pagar este año por la TV. 

Barcelona y Liga de Quito (a pesar de los reclamos que Rodrigo Paz achaca a los ‘noveleros’), son los equipos con mejor promedio de asistencia del año: al 9 de diciembre ambos exhibían 11 000 hinchas por partido.  No alcanza para cubrir todos los gastos y ambos clubes sufren déficit. Entre todos los clubes, se estima que el déficit bordeará los USD 40 millones.

Por eso, mientras la Ecuafútbol es opulenta y gastó USD 1 millón en invitados por cada Mundial, los jugadores normales, los que dan vida a la Serie A, como Cristian Cuero, casado, con un recién nacido, con una operación en julio de USD 4 000, sobreviven como pueden. Cuero recibe remesas de su madre desde España. Sí, como sufrió el Ecuador desde la crisis de 1999. Como entonces, la mejor opción del jugador es migrar.   Nada ha cambiado.

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