El poder es la droga más tremenda que hay

Gonzalo Ortiz es periodista, sociólogo, novelista, político. Estos días tiene un libro en imprenta y varias actividades propias de su vida de hombre curioso. Sin embargo, saca tiempo para hablar del poder.



iguzman@elcomercio.com   Ivonne Guzmán. Editora (O) 12 Diciembre 2015

La advertencia era:  “Va a hablar de Rodrigo Borja”. La misión: hablar del poder tratando de sacarlo del ámbito de la política.   La advertencia se cumplió (una mención breve); y la misión se cumplió a medias. Es difícil hablar de poder con un hombre tan político, en el sentido amplio del concepto, como Gonzalo Ortiz y no terminar hablando de política. Hombre de libros e ideas claras. Hombre simpático que ha visto de cerca el poder y que por eso puede tratarlo sin reverencia.

¿El poder es una droga?

Sí, creo que es la droga más poderosa que existe. Muchas cosas de la historia se explican por el ansia de poder. Esa obsesión por el poder explica muchas cosas.

¿Qué es lo más grave que usted ha visto hacer a nombre del poder?

Por poder se han hecho guerras tremendas. Es el caso de Hitler y es el caso de otros caudillos; desde las hordas hasta el mundo moderno.

Pero el poder no se circunscribe solo a estos personajes o a la política, también está en el ámbito doméstico.

Sí, también está en ámbito privado, en la empresa, en la familia, en la iglesia, en las organizaciones de todo tipo.

¿Por qué nos es tan difícil salir de esta forma patriarcal de ejercer el poder, si hay otras formas de hacerlo?

Bueno, supongo que tiene que ver con la cultura, con las raíces más profundas del ser humano. El ser humano es social, el más social de todos los seres que pueblan la Tierra y eso implica algún tipo de organización, que lleva al tema del poder.  Y estoy pensando sobre todo en el poder político porque es la quintaesencia de la forma pública del poder, pero por supuesto, en lo privado hay poder. Y el patriarcal se configuró desde muy antiguo, porque el hombre salía a cazar y la mujer recolectaba los frutos, y esa realidad probablemente fue marcando los roles del poder a lo largo de la historia.

¿A qué se debe esta obsesión de estar a cargo de lo que sea, pero estar a cargo?

Creo que en el fondo es el ansia de que la voluntad de uno se imponga. No estamos tan dispuestos a conciliar, aunque sea necesario. Estoy seguro de que ese en el fondo el problema que lleva al feminicidio, por ejemplo: el ansia de imponer la voluntad del varón, la necesidad de que no le contradigan, de no perder autoridad.

¿Esta actitud egoísta es consustancial al humano?

Es consustancial. Y se mueve en la dualidad del ser social y el individuo que quiere dominar. 

¿Para qué no sirve ni todo el poder del mundo?

Para alcanzar la felicidad; porque la felicidad no es solo satisfacer los instintos primarios.

Ya sabemos los defectos, pero ¿puede nombrar virtudes que el poder potencia en las personas?

Depende de la ideología y de la psicología de la persona. De una forma ejerce el poder un demócrata y de otra una persona autoritaria. 

¿Dice que en una psicología sana el poder sí es capaz de extraer virtudes?

Sí, puede extraer lo mejor de las personas, como la vocación de servicio, que es la voluntad de ayudar a los demás; o la justicia, que es la voluntad de que todos reciban lo que corresponde.

¿Quién nunca debería acceder a ningún tipo de poder?

Las personas que tienen un trauma de su infancia, de su vida y que intentan compensarlo ejerciendo el poder. Aquellos que tienen un complejo de inferioridad no deberían ejercer el poder, porque lo van  hacer de una manera excesiva, desbocada y van a hacer daño.

¿Cómo se sobrevive a la cercanía del poder?

Con sentido común, recordando que es pasajero. Recordando siempre que el poder no es algo inmanente a uno, que le es otorgado; eso es lo primero. Lo otro es que uno tiene que tener los parámetros de su propia vida; es decir, saber qué es lo más importante para uno en la vida. Y si se tienen claros esos principios superiores, el poder no le va a marear. Se sobrevive con los pies en la tierra.

Piense en cualidades que normalmente no se asocian al poder, como la paciencia.

La capacidad de administración, el tener una mirada estratégica... aunque eso sí se suele asociar al poder. Una cosa que no se asocia generalmente es la capacidad de persuasión; el poder no es solo el que se ejerce por la fuerza. Al poder se lo gana por una autoridad moral más que por la ‘autoritas’, que implica la posibilidad de mandar. Entonces, ese poder de convencimiento tiene que ver con la formación de uno, con la apertura de miras. Una de las cosas que admiro, por ejemplo, en Paco Moncayo es su capacidad de tener todo el abanico delante de sí. No es fácil.

¿Qué detesta del poder o de los poderosos?

El abuso de su poder.

Razones por las cuales deberíamos aspirar al poder.

La que ha sido para mí un motor, y para las personas que creemos que el Ecuador tiene un destino mayor, es la voluntad de servir. Esa es la razón fundamental para estar en política. Platón decía que aquellos que son tan inteligentes, tan inteligentes, que no les interesa entrar en la política, se ven castigados porque van a ser gobernados por los más tontos. Entonces esa es una razón.

¿Para que no nos gobierne un tonto?

Claro.

Y ahora, razones para no querer ver al poder ni en pintura.

Por el cambio profundo que causa en la gente. Las mayores decepciones de mi vida han sido con gente bastante cercana a mí, que he visto transformase en ególatra, sátrapa o corrupta. Y eso es lo peor.

¿Transformarse o revelarse como son?

Tal vez revelarse, tal vez tenían eso adentro; aunque yo no creo, insisto en que es transformarse. El poder es una droga tan tremenda que cambia a la gente. Probablemente tenían alguna debilidad anterior que nunca noté y eso se potenció.

Gonzalo Ortiz es periodista, sociólogo, novelista, político. Estos días tiene un libro en imprenta y varias actividades propias de su vida de hombre curioso. Sin embargo, saca tiempo para hablar del poder.

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