El largo y accidentado viaje de una frase feliz

La frase “sembrar el petróleo” apareció en 1936, en una columna de Arturo Uslar Pietri. Su preocupación era que cuando se extinguiera la riqueza petrolera, Venezuela quedara empobrecida. El debate sobre el tema no para.



Martín Pallares.­ Editor (O) 15 Agosto 2015

Hay frases que terminan convirtiéndose en mucho más que simples frases y que van adquiriendo un estatus especial, ya sea por su fuerza conceptual  o por su sonoridad.  “Sembrar el petróleo” es una de aquellas frases. Ha marcado el debate político y económico durante varias décadas, sobre todo en países petroleros como Venezuela, México y Ecuador. Precisamente, es en Venezuela donde nació esta frase y donde más ha marcado el debate público.

“Sembrar el petróleo” aparece por primera vez un una columna que el escritor y pensador venezolano Arturo Uslar publicó el martes 14 de julio de 1936, en el diario Ahora, que entonces circulaba en Caracas. En ese texto, Uslar Pietri hacía un llamado para que el dinero de las exportaciones petroleras, que ya para entonces eran muy significativas en Venezuela,  fuera invertido en la agricultura y la industria pues, según su entender en aquel entonces, la riqueza petrolera de su país duraría a lo mucho 10 años más.

Cuando se lee la columna de Uslar Pietri, una de las cosas que más llama la atención es que entre sus preocupaciones estaban algunos temas que la academia y los economistas modernos han alertado respecto de las economías petroleras: el abandono de la producción agrícola y de las exportaciones.

Pero también es llamativo el concepto que, ya en aquel entonces, tenía sobre la necesidad de invertir los recursos del esquema extractivista para articular uno nuevo supuestamente sustentable. “La lección de este cuadro amenazador es simple: urge crear sólidamente en Venezuela una economía reproductiva y progresiva. Urge aprovechar la riqueza transitoria de la actual economía destructiva para crear las bases sanas y amplias y coordinadas de esa futura economía progresiva que será nuestra verdadera acta de independencia. Es menester sacar la mayor renta de las minas para invertirla totalmente en ayudas, facilidades y estímulos a la agricultura, la cría y las industrias nacionales. Que en lugar de ser el petróleo una maldición que haya de convertirnos en un pueblo parásito e inútil, sea la afortunada coyuntura que permita con su súbita riqueza acelerar y fortificar la evolución productora del pueblo venezolano”, decía en aquella columna el intelectual venezolano.

En otras palabras, Pietri formulaba el paradójico llamado, que se ha repetido en tiempos modernos,  de más extractivismo para salir de él.

Lo que difícilmente imaginó Uslar Pietri en 1936 es que su columna tuviera un peso tan fuerte en el debate sobre el modelo económico de su país.  Nacido en 1906 y fallecido en el 2001, es muy probable que el intelectual haya recibido noticias de que en el Ecuador de los años 70, cuando se inauguraba el ‘boom’ petrolero, un dictador llamado Guillermo Rodríguez Lara utilizara la frase para describir su plan de Gobierno.

Muchos años más tarde, en 1960, en un artículo en el que reflexionaba sobre el impacto que había tenido su columna de 1936, Uslar Pietri calificaba a la frase como un eslogan . Ahí dice: “pensé que si la gente podía penetrar el sentido de esa simple y casi paradójica frase, se podría convertir en el punto de partida de una gran transformación para el país. ¿Qué necesitamos? Sembrar el petróleo”, decía y agregaba que “la frase tenía la oscuridad y contradicción péptica de un oráculo. En el más literal de los sentidos podía parecer un ritual mágico: tome el oscuro y maloliente sustancia que sale de las torres de perforación y que fluye pesada y viscosamente a través de los oleoductos, para vertirlo en los surcos y convertirlo en cosecha. La idea no era sembrarlo sino convertir el petróleo en dinero e invertirlo en una sana y creciente economía”.

Difícil saber, a estas alturas, si fue únicamente el contenido de la columna o el poder metafórico de su título lo que haría que la frase termine siendo todo un “eslogan”, como la calificaba en 1960 su autor.

Muchos años más tarde, en el 2010, Ibsen Martínez -otro escritor y polemista venezolano- publicaba un texto en el que trataba de desentrañar la fuerza y contenido de la frase: “Considerada como eslogan, la frase de Arturo Uslar Pietri es superlativamente digna de un anuario de publicidad institucional o corporativa. ‘Sembrar el petróleo’ tiende un puente figurado entre el orden vegetal y el mineral, tiene la concisión y el tono moralmente imperioso de una admonición bíblica y es, ante todo, mnemotécnicamente pegajosa”.

Pero Martínez no se quedaba únicamente en la sonoridad o en las imágenes que la frase podía evocar sino en su contenido. Para Martínez, un conocido crítico del modelo de “petroestado” que dice tiene su país, el gran logro de Uslar Pietri es que fue el primero en  caracterizar con precisión el tipo de relación que entabló el estado venezolano con el ­negocio petrolero a fines de la segunda década del siglo XX.

“Esta relación fue y sigue siendo ni más ni menos que la de un terrateniente con el aparcero que hace producir el lote de tierra que le arrienda.  Pues bien, arrendar la tierra bajo cuyos morichales hay petróleo para que la arrendataria lo extrajese y lo refinase y lo vendiese no hizo de nosotros un país productor de petróleo: hizo del nuestro apenas un estado cobrador de renta monopólica”.

Pero Martínez no es el único que cree que la idea de sembrar el petróleo fue lo que llevó a la creación de un Estado petrolero porque el ­concepto pasa necesariamente por la intervención del Estado para hacer la “siembra”.

La académica estadounidense Terry Lynn Karl, autora del célebre libro ‘La paradoja de la abundancia’
y teórica del petroestado, sostiene que tras el concepto de sembrar el petróleo se esconde uno de los factores más importantes en la creación del rentismo petrolero -que ha ­atrofiado  la democracia en varios países- y que es el Estado, como dueño y distribuidor de la riqueza.

“Inspirados por los escritos de Arturo Uslar Pietri, los liberales empezaron a apoyar públicamente la economía planificada, el proteccionismo, la tecnificación de la ­burocracia, nuevos servicios como la seguridad social y una indus­trialización basada en los abundantes recursos naturales del país”, ­sostiene Karl, en su libro, donde recuerda que  el mismo intelectual en otro de sus artículos, en 1948, dijo que “la intervención del Estado es necesaria para garantizar una mínima normalidad económica en Venezuela” .

Para Karl, cuando el Estado administra la riqueza que proviene de los recursos naturales y no del trabajo de la sociedad, se instaura un sistema político donde quien gobierna crea un mecanismo de distribución de la renta a cambio de votos.

Precisamente, es en esa línea que el  académico venezolano Pedro L. Rodríguez, en un texto publicado en el portal Prodavinci, sostiene que la única forma de evitar que el rentismo se instale es quitándole al Estado la  administración de la riqueza. “No es exagerado decir que, mientras no derrotemos la discrecionalidad en el reparto de la renta, la democracia venezolana estará amenazada. Luego de 100 años sembrando el petróleo, es hora de darnos cuenta que el problema no es si sembrar o no sembrar, o en qué sembramos y en qué no sembramos, el problema está en quién decide, si unos pocos o muchos”, argumenta.

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