Aucas, marañón o la pena

Un masoquismo futbolístico acompaña a los seguidores del Aucas, resignados a dar apoyo a un club que nunca ha ganado nada. Pero eso no es tan cierto: antes el Aucas lo ganaba todo.



alejo@elcomercio.com   Alejandro Ribadeneira. Editor 22 Noviembre 2014

Es una mentira expresar que Aucas nunca ganó nada. Es una ofensa, un insulto a la verdad histórica y una grosería decir o insinuar siquiera que el ­‘Papá’ es sinónimo de derrota, de fracaso o de resignación. Se hace creer a sus partidarios que siguen a una especie de rey sin corona. Aucas es un rey pero con las joyas escondidas en un cofre sacrosanto.

Hay una idea generalizada, un prejuicio más bien, que asocia al Aucas con la humildad y la pobreza, y por fácil extensión con las ‘clases populares’. Y como Aucas no ha podido ser campeón nacional (ni siquiera ha jugado una Copa Libertadores), se ha establecido como percepción invariable que el equipo es justamente el representante de los desposeídos, de los sufridos (no es lo mismo que sufridores), de los que juegan honrada y esforzadamente pero que, por más que lo intenten, el resultado siempre será el mismo: perder… ¡y con in­tenso dolor!

No siempre fue así. Cuando el fútbol era fútbol y no este ­atletismo hipercomercializado que ahora se ventila en la televisión, Aucas era el más poderoso del Ecuador, el invicto, el canon a seguir del triunfo.  

El Aucas les ganaba a todos. Sí, incluso a Barcelona, como lo evoca ese aleccionador 7-0 propinado en un amistoso de enero de 1949, año que fue culminante en la historia de los orientales, pues alcanzaron el pentacampeonato de Pichincha, un hito. Si El Nacional presume del bi-tri, pues Aucas fue ‘penta’ mucho antes. En las exigencias de la época, Aucas era lo mejor de lo mejor.

Aucas ha sufrido un lento pero permanente despojo de sus virtudes hasta convertirse en un monumento a la pérdida. Lo primero que perdió fue su apodo de ‘millonario’.  Curiosamente, el plantel no nació como representante del pueblo sino de una rica transnacional, por idea de Marius Federicus Hulswit, un neerlandés, gerente de la petrolera Shell, que quiso fundar un equipo que representase a su compañía.

No le dejaron usar la denominación de Shell, porque estaba prohibido por el Reglamento que los clubes tuvieran nombres de casas comerciales. Así que el Club Deportivo cambió el Shell por Aucas, apelativo –errado– que se les daba a los huaorani que tanta admiración y tanto temor generaban en los obreros petroleros.

Hulswit y los cofundadores, como Jaime del Castillo, llevaron a la Shell a los mejores jugadores del momento de Gladiador, Crack y Titán, clubes que se  destacaban en Quito.

Los futbolistas constaban en la nómina de sueldos de la petrolera y recibían todas las facilidades para entrenarse, los mejores implementos, la alimentación adecuada, todo. Por eso, a diferencia del resto de equipos amateurs de Quito, eran llamados ‘millonarios’. Aucas era más capitalista que Rockefeller. Y ganaba casi siempre, para la antipatía inicial de los aficionados.

Otro despojo que ha sufrido Aucas es el de ser considerado un club ganador. Entre 1945 y 1949, Aucas obtuvo todos los títulos de Pichincha (tres de manera invicta) y eso le valió para acaparar la admiración de los hinchas y pasó a ser el equipo con más seguidores de Quito, un ‘Ídolo’. La pasión que despertó fue enorme, pero tuvo un golpe decisivo en el pueblo cuando Aucas también se convirtió en ‘Papá’, una condecoración que sí  ha conservado hasta hoy, aunque también desnaturalizado en parte.

Típico del Aucas
Típico del Aucas
sus hinchas sufrieron de más en el ­partido del ascenso.

Aucas, por su imán en las boleterías, fue constantemente solicitado para jugar partidos amistosos de beneficencia. Jugó para ayudar a los damnificados por el terrible terremoto de Ambato (5 de agosto de 1949, con poco más de 5 000 muertos) y de otros eventos desafortunados, como incendios en Durán y en Archidona. Además, también se recaudaban fondos para los futbolistas que estaban lesionados.

Así nació el mote de ‘Papá’, aunque luego esa ‘paternidad’ derivó sutilmente en ‘manutención’ y el Aucas también fue conocido como ‘Marido’ (algo que Deportivo Quito  ha co­piado), ‘Mozo’, ‘Macho’, ‘Mantenedor’ y otros epítetos que a las feministas debe retorcerles el estómago. La humildad del caritativo fue reemplazada por el orgullo primario y chocante de dar de comer, de proveer, algo que aún persiste en la conciencia de varios hinchas.

Todo eso ayudó a que Aucas formara parte vital de Quito y que pudiera sobrevivir cuando comenzó el profesionalismo y, con los campeonatos nacionales y las pésimas gestiones que todos conocemos, llegó una decadencia que se ha llevado a buena parte de los hinchas y, ¡horror!, de su identidad inicial.

Si no hubiera sido por esas profundas raíces, Aucas habría corrido la suerte del Crack, minimizado a escuela de fútbol; América (primer equipo de Ecuador campeón de un torneo internacional), en Segunda desde 1988, o Gimnástico, el primer gran rival del Aucas antes que LDU y ahora extinto.

Los hinchas de Aucas se han dejado convencer de que su equipo no ha ganado nada y que parte de la ‘gracia’ de ser auquista es perder y sufrir, que de eso de trata. Pero ese masoquismo es injusto, pues Aucas posee títulos oficiales y que, para la época, eran lo máximo. Quizás la verdadera derrota del Aucas fue la incapacidad de seguir siendo el más poderoso cuando se fue la Shell y le tocó aplicar eso que ahora se denomina ‘autogestión’.

Ha sido difícil pasar de generación a generación el amor al equipo cuando los vecinos, sobre todo los albos, han crecido tanto. Por eso, aunque hubo estadio lleno para el partido con LDU-P, el promedio de asistencia del Aucas del 2014 ha sido de 4 500 espectadores. ¿Ese es el número real de hinchas duros del equipo? ¿Puede crecer? Ahora que Aucas otra vez estará en el círculo de honor, quizás sea tiempo de dejar atrás la autoflagelación: nadie, ni siquiera el último de la tabla, juega para perder.

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