‘El éxito, para mí, está asociadoa la infelicidad’

Jeremías Gamboa ha logrado un éxito ‘de película’. De paso por Quito, habla de esa experiencia a la que prefiere restar importancia.



iguzman@elcomercio.com   Ivonne Guzmán. Editora (O) 22 Noviembre 2014

En algún punto de la entrevista, Jeremías Gamboa me da una instrucción: “Cuando yo diga éxito, ponlo siempre entre comillas”. No es porque sea mandón, es porque ha sido periodista. Y los periodistas suelen hacer este tipo de cosas, incluso  cuando ya han dejado de serlo, como Jeremías, y se han convertido en escritores de ficción reconocidos.

Para hacer corta una historia larga: Jeremías Gamboa es el ahijado literario de Mario Vargas Llosa, razón por la cual su primera novela –‘Contarlo todo’, Mondadori 2013– ya era un éxito antes de ser publicada. No es broma. La recomendación del Nobel peruano le valió el respaldo de quien ya es un mito: la agente literaria Carmen Balcells; y también un lanzamiento –para la mayoría posible únicamente en sueños– en la Feria del Libro de Guadalajara, el año pasado.

A estas alturas, Jeremías ya ha pasado por todos los estadios del éxito (ese que él prefiere entrecomillar para restarle densidad); y a pocas horas de su arribo a Quito, para participar en el Lit Festival, sin que haya cenado y “en caliente” hablamos de este concepto que al parecer le tiene sin cuidado.

¿Estamos obsesionados con el éxito?

Absolutamente.

¿Por qué?

Eso es trabajo de un sociólogo, yo soy escritor. Pero diría que no solo es que estamos obsesionados, sino que se está sistematizando la idea del éxito.

¿Cómo?

El éxito está siendo mucho más fuerte que el bienestar; y el éxito, para mí, está asociado a la infelicidad. O sea, la búsqueda del éxito, en muchos casos, es la búsqueda de un reconocimiento que no atiende necesariamente a tus demandas internas. Hay mucha gente, entre comillas exitosa, que se mata al año siguiente de haber logrado el éxito.

¿El fracaso es necesariamente el opuesto del éxito?

El fracaso es una cosa más interna; cuando lo he visto a mi lado, ha sido muy individual. El fracaso es individual, el éxito es social,  sale en carátula; el fracaso no. El fracaso está desterrado del Facebook. Nadie pone: ‘Fracasé, me fue mal’; nadie pone: ‘A mi presentación vinieron cuatro personas’. El Facebook es una máquina de éxitos muy potente. El fracaso es una cosa más real, una sensación personal. Y es una sensación a la que he accedido porque me he sentido fracasado muchas veces y me voy a seguir sintiendo así seguramente.

¿Podrías enumerar tus fracasos hasta llegar a este momento?

Yo no diría que estoy en un momento de éxito. Mira, me han preguntado: ¿Qué es el éxito? Y yo he dicho: El éxito es poder escribir. Yo sé que si me nace de las tripas voy a tener la plataforma para escribir otro libro. Y ese es el éxito para mí.

Jeremías Gamboa
Jeremías Gamboa
Es colaborador con periodistas y fotógrafos, porque ha estado en sus zapatos.

Santiago Roncagliolo (escritor peruano, Premio Alfaguara 2006) te dijo: “Ya vas a ver de qué se trata esto”. ¿De qué se trata?

Bueno pero ese es el éxito contra el que se rebelan los otros. Roncagliolo (cuando ganó el Alfaguara) tuvo un colapso nervioso. Lo que él me dijo fue: “Te va a llover, porque un montón de gente va a ir contra ti”. Y también me dijo que eso es  bueno para el libro y para mí. Los libros que generan mucha más crítica de todos los lados son los que perduran. El éxito es, para los otros, una cosa que te han dado a ti, pero para mí el éxito es poder escribir. Cuando terminé el libro y empezaron a pasar cosas muy bacanes con él, pensaba: Acabé el libro; ¡fueron cinco años! (escribiéndolo) Ese era el éxito.

¿El éxito agota?

Es que esa idea tú la manejas. El día en que tú quieres parar, paras. El día en que quieres dejar de viajar, dejas de viajar. El día que quieres dejar de dar entrevistas, dejas de dar entrevistas. Lo importante es escuchar tu centro. Si padeces el éxito es porque te has esclavizado. Ahora, no voy a tirar la primera piedra, pero el éxito no es tanto cuando estás del otro lado.

¿Da miedo el éxito?

Me abrumó en un punto, pero sabía que era momentáneo. En Lima empecé a recibir una cantidad de ataques furibundos. Escribí una columna abrumado en (la revista) Asia Sur y luego me retiré; me salí del ‘Face’ un tiempo. Hay que saber recogerse también. Pero sabía que eso iba a pasar, y en efecto pasó. Lo maravilloso con la literatura es que es literatura, no es el territorio del jugador de fútbol ni de la televisión; muy poca gente te reconoce en la calle. Nunca me han parado en cada esquina… es que eso no le pasa ni a (J.M.) Coetzee. El único lugar en el que he sentido mucha atención ha sido la Feria del Libro de Lima. Y ha sido muy bonito y también ha sido solo un momento.

¿Qué es lo que más pronto aburre de la fama?

Para hablar del éxito tendrías que hablar con un actor. Nunca es tan brutal para un escritor. Sales a la calle y nadie te ha leído.
Me hubiera imaginado que serían las entrevistas.

A mí me gusta conversar. Claro que si hay una ronda de entrevistas es un momento complicado, pero es un rato. O puede haber una fila de gente que te pide firma, pero a la vez no dejas de pensar en la bendición de tener gente haciendo cola por ti.

¿El éxito es más escalera, trampa o agujero negro?

Es una trampa.

¿Qué te ha dado el éxito?

Tranquilidad, para no vivir en la angustia de qué va a ser de mi vida. He vivido una vida un poco angustiada, que es también la de mi personaje (Gabriel Lisboa), porque el tiempo pasaba y no tenía nada fijo. Después de lo que ha pasado con el libro vivo menos angustiado cada noche.

¿Y qué te ha quitado?

Nada.

¿Estás consciente de que bajo los parámetros absurdos del mundo de hoy, los ‘fracasados’ somos legión y tú te has salvado de estar entre ese montón?

O sea, lo veo en la cantidad de insatisfacción que hay en la gente. Lo veo en la cantidad de gente que viene a mis talleres y me dice: En realidad quiero ser escritor o pintor. No lo hicieron porque les dio miedo. Y digo: Qué bueno que a mí no me pasó. No he escrito la cantidad de novelas que me hubiera gustado escribir, porque no me dio el talento, no me dio la plata, no tuve apoyo... Y así es la vida. Pero sí me pude dar una novela y un libro de cuentos.

O sea que no somos fracasados, ¿solo inconformes?

Sí. Es que entramos al carril de los medios, de lo que te dicen. Cuando yo me decidí a escribir (a los 32 años), tenía dinero para comprarme un carro, y también quería darme una novela. Decidí que me iba a dar una novela. Saqué las cuentas y vi que podía pagarme la renta dos años y que dando un curso como profesor y escribiendo una columna podía vivir. Hice una lista de lo que necesitaba para ser feliz: comer, ropa, un lugar para vivir, plata para ir al cine y comprar café; y escribir, porque lo que quieres, lo importante, es comprar tiempo.

Jeremías Gamboa

Nació en Lima en 1975. En el 2013 fue escritor revelación con su novela ‘Contarlo todo’. En el 2007 publicó ‘Punto de fuga’ (cuento). Se inició como periodista en El Comercio, de Lima, donde hoy tiene una columna de opinión. Es profesor y escritor a tiempo completo. Acaba de ser padre de Octavio (de 1 mes); es pareja de la dramaturga Mariana de Althaus. Sus padres se llaman Jeremías y Laura; escribe sin artificios para que ellos lo sigan leyendo.

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