'De la privacidad depende el futuro de la humanidad’

El crimen y el terrorismo en Internet han crecido exponencialmente. ¿Se debe renunciar a la privacidad para tener más seguridad?



Martín Pallares. La Haya. Editor. 25 Abril 2015

Seguridad o privacidad. El dilema está instalado a raíz de las revelaciones de Edward Snowden, que mostraron cómo ciertos estados, entre esos los EE.UU. e Inglaterra, realizan tareas de espionaje a millones de ciudadanos con el fin de detectar planes terroristas.

¿Es necesario renunciar a la privacidad para que la sociedad pueda sentirse segura?  La semana pasada la Policía de Francia, donde ya se aprobó una ley que otorga al Estado la potestad de violar la privacidad de las personas en ciertas ocasiones en el ciberespacio, dijo que al menos cinco actos terroristas se habían detectado a tiempo. En un país traumatizado por los recientes ataques como los de Charlie Hebdo, la noticia ha fortalecido la posición de quienes creen que para evitar ataques de enemigos externos o internos es mejor hacer ciertas concesiones.  

Se habla mucho, entonces, de llegar a un equilibrio entre seguridad y  privacidad. Sin embargo, la posición de quienes piensan que el dilema seguridad o privacidad es falso y peligroso para la libertad ha ganado espacio en la discusión.  

De la privacidad depende el futuro de la humanidad, dicen quienes sostienen esta tesis. El supuesto equilibrio es una forma de renunciar a la libertad y si no hay libertad en la Internet, esa plataforma virtual en la que una inmensa porción de la humanidad vive inmersa dejará de ser el espacio de desarrollo y comunicación que es.

Este tema fue precisamente uno de los que con mayor pasión se analizaron durante la semana pasada en la ciudad de La Haya, en Holanda, donde se celebró la Global Conference on CyberSpace, la más importante conferencia anual que hay en el mundo sobre el ciberespacio.  Bajo el auspicio del gobierno holandés y de la ciudad de La Haya, gobiernos, empresas privadas y sociedad civil se reunieron para tratar de encontrar un código de conducta para mantener a la Internet “libre, abierta y segura”.

En el 2009.
En el 2009.
El “China Internet Network Information Center” que es el servidor de dominios en la China sufrió un ataque masivo que duró varios días. Mark Rutte, primer ministro de Holanda, durante la apertura de la conferencia. Foto: AFP

Aunque no se llegaron a establecer protocolos de conducta porque esa no era la idea, la tesis de que el dilema de seguridad o privacidad es un equívoco peligroso fue la que mayor consenso tuvo durante la conferencia, sobre todo entre los representantes de la sociedad civil y de la empresa privada.

Bruce Schneier, director de Resilient Systems, fue seguramente el orador más aplaudido en la sesión final al convertirse en el abanderado más visible de esta posición.  Para Schneier, el espionaje en cualquiera de sus formas es una de las más graves violaciones a la libertad de las personas. Y sin libertad no hay confianza y sin confianza la Internet no tiene futuro, sostiene.

Quienes están convencidos en la necesidad de las cámaras ocultas, la minería de datos, la intervención en correos y otras formas de vigilancia masiva siempre llegan a estas preguntas, sostiene Schneier. “¿Si no estás haciendo nada malo, qué es lo que tienes que esconder?”. Frente a estas preguntas siempre hay respuestas que, para él, tampoco resuelven el problema. “¿Si no estoy haciendo nada malo, entonces no tienes justificación para estar espiándome” o “¿por qué es el Gobierno el que define qué es lo que es incorrecto hacer?”.

Para aquellos que sostienen que el dilema seguridad o privacidad es un dilema falso el problema con frases como estas es que se acepta la premisa de que la privacidad es un asunto que gira alrededor de esconder algo que está mal. Y no lo es, sostienen.  La privacidad es un derecho humano inherente y un requisito para mantener la condición humana con dignidad y respeto, sostiene por ejemplo Fank la Rue, exrelator de la ONU para la libertad de expresión y actual experto del Centro Kennedy en temas del ciberespacio.  “Todo acto de intimidación, como la vigilancia o el espionaje, es un atentado contra la libertad y su resultado es lo que en inglés se dice ‘chilling effect’, que no es otra cosa que la parálisis que produce el miedo”, le dijo La Rue a EL COMERCIO en La Haya.

La privacidad nos protege de los abusos de aquellos que están en el poder, incluso si no estamos haciendo nada malo en el momento en que se produce el espionaje, sostenía por su lado un activista que se había apostado en un hotel vecino al a la conferencia.

La privacidad está fuertemente atada a la naturaleza humana, dijo Schneier.  “No hacemos nada malo cuando estamos haciendo el amor o vamos al baño.  No nos estamos escondiendo deliberadamente cuando buscamos un lugar privado para reflexionar o conversar. Tenemos diarios privados, cantamos en la ducha y escribimos cartas a amantes secretos y luego las quemamos. La privacidad es una necesidad humana básica”, agregó.

¿Como se hace entonces para que la Internet siga siendo libre, segura y abierta a pesar del crimen cibernético y las amenazas terroristas?  Parecería que, por lo menos por el momento, no existe una respuesta contundente.  Por un lado están quienes insisten en el equilibrio como es el caso de Sir  David Omand, para quien el crimen en la Internet crece mucho más rápido que los esfuerzos de la Policía. “Tiene que haber una proporcionalidad”, sostuvo este británico que aboga por leyes que permitan al Estado tener acceso a los datos que circulan en la Internet cuando hay motivos suficientes para temer una acción criminal.

Para quienes defienden la privacidad sobre todo, el dilema no es posible. Schneier cita a Benjamín Franklin en este punto y concluye: “Aquellos que renuncian a la privacidad por la seguridad terminan sin ninguna de las dos”.

 

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