Para disfrutar del retiro hay que romper barreras

Nelson Maldonado comenzó la etapa de la jubilación, temida por muchos. Su secreto de una feliz vejez es pensar en ella desde los 20 años.



Carlos Rojas Editor (O) 25 Abril 2015

Aunque Cumbayá sea hoy sinónimo de exclusividad y alta plusvalía, sentarse una mañana de jueves en su parque central es evocar ese ambiente de pueblo tan propio de nuestra Sierra. Un día soleado, una banca bajo las ramas de un árbol y una pileta por donde el agua fluye con armonía.

La plaza de ‘Cumbayork’ era el lugar de encuentro para la entrevista con Nelson Maldonado. Él fijó ese sitio para hablar del retiro y la jubilación, una etapa a la que todos tememos llegar, pero que él, por su personalidad multifacética (es médico, músico, periodista radial, cinéfilo, experto en turismo), invita a no temerla y a aprovecharla como si fuera una nueva adolescencia.

¿Una persona que está por terminar su vida laboral debe estar lista psicológicamente para el retiro?
Claro y desde los 20 años. El problema es que nunca nos lo contaron, y si nos contaron no les creímos. De pronto, uno está viejo aunque nos vengan con esos eufemismos de la tercera edad o los años dorados.

¿En qué consiste esa preparación? Acaso, ¿en cultivar sabiduría?
Eso de ser sabio está bien, pero primero hay que solventar otras necesidades como la económica, porque si además de viejo estás pobre, eres un viejo pendejo. Y un viejo pendejo no quiere nadie. Por eso, desde los 20 años hay que ahorrar cinco dólares cada mes para la vejez.

¿Es exagerado decir que la vida del anciano depende de lo que pase en el IESS?
De lo que pase con la seguridad social en todos los países. Antes uno se jubilaba a los 65 años, pero se moría a los 70. El IESS pagaba solo cinco años su jubilación. Ahora, el viejo vive hasta los 95 y muy bien. No hay seguro en el mundo que pueda cubrir esos 25 o 30 años de más.

A los jóvenes de hoy les tocará postergar su retiro.
Si es un trabajador bajo dependencia, lo van a sacar pronto. Si es autónomo la cosa cambia. Pero lo interesante es que luego de esa vida laboral hay más posibilidades de crear cosas nuevas, porque se tiene más tiempo. En la música, (Arthur) Rubinstein,  (Vladimir) Horovitz o Ariel Ramírez, mi ídolo en el género folclórico, tuvieron su mejor etapa de producción a los 70 años.

Sin solvencia económica, esa autonomía no tiene capacidad de desarrollo.
Por eso hay que comenzar desde los 20 años. El problema es que creemos que nunca vamos a llegar a ser viejos.

¿Cuánto más quiere vivir?
Si Dios me regala más tiempo, eso es yapa. Ya hice todo lo que tenía que hacer. Tuve mis hijos, les eduqué, les di ejemplo y una actitud, pero sobre todo les enseñé a ser felices  y ahora estoy gozando del abuelazgo que es una maravilla. Dejo a mi familia sin hipotecas y casi sin deudas. ¡He cumplido!

¿Y lo que venga?
Lo viviré decentemente. Con salud, hasta donde sea posible, pues cada vez somos más lentos, vemos menos, nos duelen más cosas. Si ese problema lo logramos solventar con nuestro dinero, ya sea con la jubilación del IESS o con ahorros, la vida va a ser mucho más bonita a que si no nos alcanza ni para pagar los colirios.  

¿Qué otras necesidades debe prever el joven para su vejez? Usted es un hombre multifacético.
Todos lo somos.
 

A muy poca gente se le ve explotar esas otras habilidades. Por eso cuando les llega la hora de jubilarse la persona puede sentirse vacía…
Yo me gradué hace 40 años y lo único que no quiero es una placa de 40 años de graduado y peor haciendo lo mismo. Hay que cultivar otras habilidades.

¿Desde cuándo?
Toda la vida. Hace cinco años yo estudié un máster en Turismo y ya me gradué. Hace 20, decidí mejorar mi técnica de piano y ahora vivo de eso, no de la medicina. Me contratan, he hecho 24 discos y este 7 de mayo daré el concierto ¡A toda madre! en la Casa de la Cultura. Pero si usted, a los 67 años espera que le llamen a un trabajo, puede esperar sentado otros 20 años. Uno nunca debe mentalizarse con esa idea de que para tal o cual cosa ya se está viejo. Eso sí es peor que el cáncer.

Mucha gente dice que la vejez significa pobreza, enfermedad y soledad.
Claro, si es que no nos ocupamos de aquello desde jóvenes.

¿Cuál es la dimensión del patrimonio económico que un joven debe construir para su vejez?
Ni la casa ni los autos nos llevamos con la muerte; sí los besos y los abrazos. Pero vivir pendiente de que no te alcanza la plata para nada debe ser duro. Tampoco creo que una persona deba atesorar en su vejez demasiado dinero. Esos recursos deben ser para que los viejos se gasten en vida. Lo que uno debe tener para la vejez es, al menos, un departamento de donde no te echen.

Ni el casero ni los hijos…
Un viejo debe vivir en un lugar donde no le suban el arriendo cada mes, porque su pensión no va a subir. Por más modesta que sea su vivienda, si esta es propia, ya es una bendición. Y con los hijos, uno debe vivir lo más tarde que pueda.

¿Y si tiene plata para pagarse un buen asilo?
Mucho mejor, vaya allá.

El asilo es el olvido.
No. Vivir en un ancianato tiene sus ventajas, porque los otros ancianos recuerdan las mismas cosas que usted. Juegan a los mismos juegos. Al viejito no se le debe sustraer de su ambiente. También debe estar cerca de sus nietos, para que le revoloteen la vida.
Pero solo el fin de semana.
Nada más (risas).

¿En síntesis, los jóvenes no veneramos la vejez?
Nuestras pasadas civilizaciones sí lo hacían, ahora el anciano es desechable. Los políticos dicen: “queridos jóvenes”, nunca “queridos viejos”. Y es porque el viejo ya no tiene la obligación de votar.

Y porque el anciano tampoco come cuento…
Son los más ácidos detractores de lo que estamos viviendo. Si ya pasaron por dictaduras militares, por guerras…
Preocuparse menos de la política también es otra ventaja del retiro.
Esta es una etapa de ilusiones si es que nos decidimos a desarrollar cualquier actividad,que haga que la vejez llegue más lento. Yo pertenezco a un grupo de billar, todos jubilados. El equipo se llama Unidos por las Bolas. Nos reunimos dos veces por semana. Un juego a tres bandas nos ocupa tres o cuatro horas. Nos agachamos para las jugadas, analizamos los golpes, aplicamos la geometría pero, sobre todo, nos reímos.  

¿Los ancianos ríen poco?
Muy poco. Sus rostros se vuelven adustos. Hay que entenderlos. Por ejemplo, a los ancianos les molesta el ruido.

¿El retiro es la mejor época para viajar?
El viajar proporciona más placer que un carro nuevo. El vehículo se desvaloriza, el viaje no. Cuando los nietos te dicen: “abuelito, cuéntanos de tu viaje a Europa”, el viejito recuerda y vuelve a viajar. Esa neuronas y esas sinopsis nos alejan del ‘alemán’ (el alzhéimer) y del ‘italiano’ que es el franco deterioro (risas). Cuando uno llega al retiro tiene que romper muchas barreras mentales.

¿Por ejemplo?
Ya recibí mi primer cheque de la pensión del IESS. Hice fiesta, aunque ese dinero me alcance para los remedios del colesterol y la presión. Esta es una nueva etapa y hay que disfrutarla, pero para ello también había que fortalecer la salud desde temprana edad.

¿En el retiro hay que mantener los buenos hábitos de la vida laboral?
La disciplina es fundamental en cada etapa de la vida. La actividad física debe mantenerse a los 20 años, a los 40, para tener una buena masa muscular que evite las fracturas y que luego te permita caminar erguido, para que cuando uno salga a la calle le digan: “Qué viejo más bien puesto, miren cómo camina, derechito”.

Nelson Maldonado
Quiteño, tiene 66 años. Se siente muy orgulloso de ser del Colegio Benalcázar y de la Universidad Central. Es un médico reconocido, pero también un talentoso pianista. Cada tarde conduce el programa ‘En su punto’, de Radio Católica. En el 2009 quiso ser Alcalde.

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