La peor vanidad es la espiritual

Teresa Arboleda presenta uno de los noticieros televisos estelares desde hace más de 30 años y conoce bien ese mundo tan relacionado con las vanidades de todo tipo; y es de eso de lo que habla.



iguzman@elcomercio.com   Ivonne Guzmán. Editora (O) 27 Junio 2015

La entrevista comienza con dos certezas: Teresa Arboleda es una mujer físicamente bella, que hablará sobre la vanidad. Y termina con varias preguntas; entre ellas: ¿Quién es realmente esta mujer que desde hace 36 años entra a mi casa a través de la televisión y que lee a Santo Tomás de Aquino? ¿Quién es esta persona que atesora en su memoria poemas de Ruyard Kipling y es capaz de recitarlos de improviso? ¿Por qué estamos tan dispuestos a juzgar al libro por su portada (bonita=tonta)?

En los pocos minutos de los que ella dispone antes de que comience el noticiero estelar de Ecuavisa, nos acomodamos en uno de los sets del canal y como si nos conociéramos de siempre, Teresa se abre y me deja atisbar al ser complejo e interesantísimo que habita detrás de la portada.

¿Eres vanidosa?

No sé; creo que puedo tener momentos en que la vanidad se me escapa. Es difícil decir que una persona es totalmente vanidosa o que no lo es. La vanidad es uno de esos jinetes del alma que a veces se desbocan. Decir que no eres vanidoso me parece peligroso.

Toda definición de vanidad es negativa, ¿es tanto así?

Sí. Y creo que se confunde la vanidad con una verdadera autoestima. Hay gente que te dice: ‘No, la vanidad no es mala’. Lo que no es malo es la autoestima, pero la verdadera.

¿Cómo se relacionan la vanidad y la autoestima?

La vanidad es cuando el valor propio se convierte en exceso. Esa es la línea de la que tienes que cuidarte.

¿Cómo vuelves a tierra en los momentos en que ese jinete se te quiere escapar?

Como trato de estar alerta, bastantes cosas me hacen volver a tierra.

¿Y cómo era cuando recién empezaste en televisión?

¡Ah no, pues! Era una niña.

¿Se te empezó a subir la fama a la cabeza?

Era totalmente inmadura. Pero no, porque nunca me he considerado famosa. Aquí no hay gente realmente famosa.

¿Qué te han enseñado todos estos años de transitar por esa hoguera de vanidades que es la televisión?

Son 36 años aquí. Yo no te puedo decir qué me ha enseñado la televisión y qué me ha enseñado la vida, porque mi vida ha transcurrido en la televisión. Pero este mundo en el que trabajas con la imagen influye. El medio de comunicación se vuelve un momento un pilar de la sociedad, entonces está ligado con muchísimas cosas positivas del desarrollo de la sociedad. Y te puedes llegar a creer que tú misma eres eso. El ego, del cual no te puedes deshacer, te lleva a situaciones muy peligrosas. Pero creo que es también porque la gente no te dice las cosas, en Ecuador la gente es muy ‘eufemista’.

¿Cómo?

Es difícil que alguien te critique. Por sentir cierta simpatía hacia ti te dice cosas bonitas y eso es peligroso para tu ego.

Tienes que estar muy claro de quién eres.

Por supuesto. Y bueno, yo pues ya soy vieja como para estarme creyendo ese tipo de cosas. Pero definitivamente creo que en este trabajo, y no solo en televisión, sino en la comunicación en general, hay una vanidad que es aún más grave que la vanidad superficial, que es la vanidad intelectual. Porque el intelecto es un gran don. Pero si te crees muy inteligente…

¿Tienes un problema?

Tienes un problema grave. La vanidad intelectual puede ser más dañina que la vanidad superficial; esa no le hace daño a nadie, solo a ti misma. Y hay otra vanidad que es peor.

¿Cuál?

La vanidad espiritual.

¿En qué se evidencia esa?

En que te crees más bueno que el resto. Y al momento en que tú te crees esto y crees que es por ti porque: ‘Tú lo puedes hacer, tú lo crees, tú lo sueñas, está en ti, está en tu cabeza, está en tu voluntad’. Y todas son cosas maravillosas, tu carácter, tu disciplina, tu voluntad; ejercitar ese tipo de virtudes es fantástico, está muy bien.

¿Y cuándo se tuerce todo?

Es que eso te puede llevar a creerte que todo es por ti misma, que todo lo haces tú. Y eso te marca una distancia con el otro. Tu realización no se da cuando estás ensimismado, sino cuando eres capaz de realizarte en los otros.

O sea que si te crees bondadoso ¿te alejas del mundo?

No te alejas; te desubicas en el mundo más que alejarte. Porque puedes estar rodeado de gente si tienes tantas virtudes.

¿Podrías decir algo a favor de la vanidad?

No creo. Es que la vanidad es negativa. Lo que es bueno es la autoestima. Y la humildad bien entendida; porque la humildad no es disminuirte, la humildad es estar en verdad, es tener la justa medida de lo que eres, de lo que puedes dar. Y al tener la justa medida vas a saber que tú no eres mejor que los demás y que nadie es mejor que tú.

¿Quiénes son más vanidosos los talentos de televisión o los políticos?

Creo que hacen una buena competencia. Y dentro de eso hay gente que es más vanidosa que otra, pero a todos nos toca, definitivamente. Cuando tú criticas un acto que no está bien y probablemente tienes razón, pero la forma en que lo expresas es tan vanidosa, estás tan convencido de que tienes la verdad que probablemente pierdes la verdadera dimensión de lo que estás diciendo.

¿Conoces a gente a la que le esté pasando lo que a Dorian Gray, es decir que su fachada se mantenga intacta y que por dentro se esté pudriendo?

A veces me parece que les pasa a muchas personas, pero quién soy yo para juzgar eso. No lo sé.

¿Con qué se cura el exceso de vanidad?

Con los demás.

¿Cómo?

No poniendo barreras, no alejándote. Eso de buscar siempre ser el mejor, de tener lo mejor, lo más cómodo, eso te va alejando y te crea una urna hermosa en la que te metes y no te aproximas a los otros.

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