Sátira de una etapa sombría en Sudáfrica

En ‘La analfabeta que era un genio de los números’, Jonas Jonasson recrea -con ironía- uno de los períodos más grises del país africano.



Dennis Rodríguez P. Editor (I) 27 Septiembre 2014

‘A ver, noventa y cinco por noventa y dos –masculló el jefe-.  - Ocho mil setecientos cuarenta.
Noventa y cinco son cien menos cinco, y noventa y dos con cien menos ocho. Si cruzas las cifras y restas la diferencia, es decir, noventa y cinco menos ocho, y noventa y dos menos cinco, siempre da ochenta y siete. Y cinco por ocho son cuarenta. Ochosietecuarenta. Así que ocho mil setecientos cuarenta”.

El cálculo no es el resultado de la operación mental de un profesor o de una maestra de aritmética o de matemáticas. Tampoco de un estudiante algo aventajado.

Lo realiza sin esfuerzo Nombeko Mayeki, una chica pobre y analfabeta de una de las áreas más miserables de Soweto, el tristemente célebre ‘gueto’  de Johannesburgo, en la sombría Sudáfrica del ‘apartheid’.

Es también el cálculo que hace una superviviente del caldo de cultivo de tuberculosis, neumonía, disentería, drogas y alcohol (o una combinación de todo ello) que, en definitiva, se cocina a lo largo de generaciones en el barrio miseria donde reside desde que nació. Allí, pocos celebran sus 50 cumpleaños y no entran en las estadísticas. Son afros y, si se quiere, ‘desechables’.

La respuesta de la adolescente Nombeko, que asombra a su jefe, el joven Piet du Toit, quien desde entonces empieza a verla con más consideración, se escucha en medio de los ignominiosos años sesenta.

Se escucha en una Sudáfrica todavía perforada por la segregación racial y la enorme desigualdad social. Un país cuyo Primer Ministro planteara, entonces, la siguiente pregunta  (condenable, por todos los ángulos): ¿Por qué los negros tendrían que ir a la escuela cuando, al fin y al cabo, solo sirven para transportar leña y agua?”.

Se trata de una Sudáfrica que el sueco Jonas Jonasson ((Växjö, 1962), uno de los escritores de ‘moda’ del Viejo Continente, refleja con una equilibrada combinación de sensibilidad y patetismo, a los que agrega, en dosis abundantes, una fina ironía y un humor irreverente.

Los trazos, de la mano de Nombeko, de un Estado con una brutal brecha social los plasma el autor escandinavo en su segunda novela. Esta exhibe en su carátula un sugestivo título, que descubre desde el inicio el hilo de una especial (y, en varios pasajes, hilarante) historia de vida: “La analfabeta que era un genio de las matemáticas” (Editorial Salamadra).

Una iletrada, como casi todos en su barriada miseria, que labora desde muy pequeña. Al fin y al cabo, es hija de una madre que se pierde y perece en el abismo del alcohol.

No transporta leña ni agua, como dijera el Primer Ministro de marras. El suyo es un trabajo sucio, mucho peor que eso: cada jornada se encarga de limpiar las letrinas del sector B, una de las áreas más necesitadas de Soweto. Y ni siquiera está muy segura de que su apellido sea realmente Mayeki.

Tampoco está muy convencida de que sus destrezas en  las operaciones aritméticas la vayan a sacar algún día del analfabetismo y de la miseria.

La probabilidad estadística de que ella sobreviva y se encuentre un día subida a un camión, en compañía del Primer Ministro de Suecia, es de una entre cuarenta y cinco billones setecientos setenta y seis millones doscientos doce mil ochocientos diez. Eso, según la previsión de la propia  adolescente, de 14 años (aunque parece dos años menor).

No obstante, exhibe un intelecto fuera de lo común. Gracias a este y al azar  se embarcará en un viaje inverosímil (igualmente, a veces hilarante)  con pasajes quizás inconcebibles, que finalmente la conducen a la pacífica Suecia. En su camino se cruza con personajes disímiles, como el mencionado Rey sueco, un ingeniero  que simula ser un físico nuclear y constructor de bombas atómicas, pero que es un charlatán, e incluso una pareja de espías del Mossad, una de las agencias de inteligencia de Israel.

Al margen de lo inconcebible que pudiera resultar en particular la segunda parte del libro, y si se aparca la fina ironía, Jonasson ha dejado en claro cuál es la intencionalidad de su segunda novela.  

Ha apuntado a colocar los reflectores  sobre  épocas no tan lejanas en las cuales Sudáfrica fue el escenario, según ha dicho, “de dos de las mayores estupideces de las que ha sido capaz la  raza humana”.

Se ha referido, en primera instancia, a la segregación racial -como norma política- por parte de una minoría blanca en perjuicio de una mayoría negra (o africana). Y en segunda, a la proliferación nuclear, pues Sudáfrica produjo seis armas atómicas en los años ochenta, aunque las desmanteló en la década siguiente .

“Tanta estupidez en tan poco espacio era demasiado tentador como para no intentar escribir sobre ello. Y ya que estaba en ello tampoco quería desperdiciar retratar otras situaciones y personajes”, apostilló a la prensa, en meses anteriores, a propósito de la promoción del libro en España.

‘La analfabeta que era un genio de los números’ y ‘El abuelo que saltó por la ventana y se largó’ configuran un sello personal. Este, según lo ha definido el propio coterráneo de Ingmar Bergman, mezcla  una parte de conocimiento general sobre historia moderna, otra de investigación profunda y una tercera de imaginación refrescante. Es su fórmula.

Jonas Jonasson
Productor de TV y periodista, ha irrumpido con fuerza en el mundo de las letras. Lo hizo con su primera novela. Esta, al igual que la segunda, tiene un título sugestivo: “El abuelo que saltó por la ventana y se largó”, que ya ha sido adaptada al cine. En 400 páginas combina el sarcasmo y el humor y retrata a un hombre (Allan Karlsson) que al cumplir 100 años decide vivir con desenfreno lo que le resta de existencia. Más de 6 millones de copias del libro se han vendido. Jonasson también se muestra cáustico con los políticos. Al menos así lo hizo en una entrevista en el 2012 con el diario español El País.  Entonces, dijo: “Un político idiota es lo más peligroso”.

Autor.
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Jonas Johasson.

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