Los campeones de laboratorio de la ex RDA

Unos 10 000 deportistas fueron víctimas del ‘dopaje de Estado’ en la ex Alemania Oriental. La idea era forjar una idea de superioridad.



Dennis Rodríguez P. Editor (I) 08 Noviembre 2014

‘Llegaron a controlar mis menstruaciones y los músculos se me desarrollaron de forma extraordinaria (…). Se transformó mi masa muscular. Se me alteró la voz, que se me hizo más grave. Me creció mucho el vello y mis órganos genitales comenzaron a modificar­se (…)”.  Este ha sido el testimonio cargado de dramatismo de Andreas Krieger (antes Heidi Krieger), uno de los damnificados, probablemente el más emblemático, de la poderosa maquinaria que la ex República Democrática Alemana (RDA) echó a correr para fabricar campeones a cualquier precio.

Él se cambió de sexo y de nombre en 1998. Dejó de ser Heidi, la medallista de oro en lanzamiento de bala en los Campeonatos Europeos de Atletismo que se realizaron en 1986, en Stuttgart, en la ex República Federal Alemana (RFA). Pasó a ser Andreas, ahora de 48 años, uno de los afectados por el abuso de anabolizantes en su época de ‘conejillo de Indias’ de la nación comunista  liderada entre 1974 y 1989 por Erich Honecker.

Krieger, a quien los esteroides anularon por completo sus rasgos femeninos, integra la Asociación  de Ayuda a las Víctimas del Dopaje de Estado de la ex RDA (DHO), que en días anteriores se reunió en Berlín. El encuentro de la agrupación,
que acoge a más de 700 exatletas, ha permitido redescubrir más casos y detalles de los atropellos y violaciones de los derechos de al menos 10 000 personas, como resultado de la política de ‘dopaje de Estado’.

La presidenta de la DOH, Inés Geipel, fue otra de las perjudicadas por las políticas del Régimen de Berlín de crear más de una generación de campeones de laboratorio. En declaraciones a la cadena pública alemana Deutsche Welle, la exvelocista y exsaltadora de longitud develó más detalles acerca de la gris fábrica de atle­tas de élite, que el sistema de medicina deportiva de la ex RDA construyó sobre los pilares del dopaje y del engaño.

“En 1974, el Gobierno (de Honecker) aprobó un plan nacional que ordenó que a todos los deportistas de élite se les daría hormonas sexuales masculinas (…). Pero los atletas no fueron informados de esto. Es decir, se lo hizo sin su conocimiento ni consentimiento”.

El programa fue bautizado con el eufemismo ‘Medios de apoyo’. En la jerga de la Stasi, el órgano de Inteligencia de la RDA era conocido como UM (Unterstuetzende Mittel o Medios de apoyo ). Se convirtió en la punta de lanza de una política destinada a hacer de los éxitos deportivos un instrumento de publicidad del Régimen autoritario de Alemania Oriental, una nación creada en 1949, por imposición de la Unión Soviética, liderada por Iosif Stalin. Una decisión que recordaba los métodos empleados por el dictador Adolfo Hitler, quien usó los Juegos Olímpicos de Berlín 1936 para promocionar su nacionalsocialismo y la supuesta superioridad aria.

La exdeportista, que se ha convertido en una conocida autora de libros (uno de ellos precisamente se enfoca en el drama de Krieger), en especial hace alusión al grupo de especialistas médicos que integraban el departamento de Deporte de competición II. Este era el encargado de la administración y suministro de sustancias anabolizantes a unos 10 000 deportistas, entre 1974 y 1989,  año en que se desplomó el Muro de Berlín, la ‘muralla de la vergüenza’ que separó a dos mundos, en medio de la confrontación ideológica Este-Oeste de la Guerra Fría.

Al cabo de los años, señala la exsaltadora, las consecuencias para los exatletas, en general, han sido catastróficas. “Estamos hablando de un daño grave de órganos, especialmente del corazón, pulmones e hígado. También hay casos de niños (hijos de los afectados) con discapacidad y muchas enfermedades de cáncer, y de trastornos del metabolismo”. El resultado fue una suerte de Chernobyl a escala humana.

Años atrás, Geipel había declarado al diario deportivo francés que fue “sometida a prácticas de dopaje y mutilada luego de una operación intestinal”. Se refería en particular a la utilización de las píldoras azules de Oral Turinabol (o testosterona), la ‘fórmula mágica’ que los laboratorios de la ex RDA patentaron para convertir en campeones de papel (y del dopaje) a atletas, nadadoras, gimnastas, patinadores, levantadores de pesas, etc.

Una fórmula mágica que, por ejemplo, terminó por segar –en octubre pasado- la vida del pesista Gerd Bonk, doble medallista olímpico en los Juegos de Múnich 1972 y de Montreal 1976. El fallecimiento del que en su tiempo fuera considerado uno de los hombres más fuertes del mundo se produjo al cabo de una larga enfermedad, que fue ocasionada por las prácticas de dopaje del programa ‘Medios de apoyo’, según la DOH. “La RDA arruinó mi cuerpo”, había declarado el exdeportista, quien padecía graves lesiones en los órganos y permaneció en coma desde finales de septiembre pasado.

En forma paralela, los casos de Krieger, Geipel y Bonk sintetizan los alcances del ‘experimento deportivo-político-social’, que se escenificó en un país que exhibía un compás y un martillo en su bandera.  Un experimento que, aparte de la publicidad del Régimen, perseguía otro propósito: convertir en una nación de poco más de 16 millones de habitantes en un serio competidor de Estados Unidos e incluso de la URSS.

¿Cuáles fueron los resultados finales? En el plazo inmediato, la RDA cosechó 519 preseas, 192 de ellas de oro, en 11 Juegos Olímpicos. También consiguió, por ejemplo, que la atleta Marita Koch impusiera, en Canberra, Australia, en octubre de 1985, un récord mundial de 47,60 segundos en los 400 metros planos. Una marca impensable en la actualidad y que permanece imbatible. Se sospecha que fue establecida con la ayuda de las píldoras azules, a pesar de que la exdeportista lo ha negado. En segundo lugar, dio paso a una serie de procesos judiciales y de pedidos de indemnizaciones, que se ventilan hasta ahora. Y en tercero, dejó como triste ‘legado’ una generación de exglorias del deporte convertidas en la evidencia de una de las vergüenzas detrás del Muro y de la ‘Cortina de Hierro’.

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