Flaked: alguien tiene que mentir

La serie ingresa en la tradición de algo que podríamos llamar “Estados Unidos contado por inmigrantes”.



Juan Fernando Andrade* (O) 19 Marzo 2016

Bienvenidos a Venice, una playa al costado oeste de Los Ángeles donde lo que te estimula no es el clima sino la sensación térmica. En Venice no importa quién eres sino cómo eres y, sobre todo, si puedes mantener la vibra, la buena onda que sostiene a este lugar. En Venice la gente camina, anda en bicicleta y fuma hierba viendo el atardecer. Cierto tipo de lentes y cierto tipo de chicas podrían hacerte pensar que estás metiendo los pies en aguas hipsters, pero no. Venice es más bien tranqui, un lugar perfecto para ‘chillear’ de por vida. O eso es lo que parece.  


Flaked, protagonizada por Will Arnett, pasa en Venice y bastan un par de escenas y un par de diálogos para entender por qué no podría pasar en ningún otro lado: la serie observa el comportamiento de una especie particular dentro de su hábitat natural con el rigor de un  documental tipo Nat Geo, pero, claro, esto es bastante más divertido. Esto es como una canción de los Beach Boys que se volvió realidad: todos se conocen, todos se ayudan, las chicas son hermosas y sensibles, los chicos andan en patineta y sin camisa. Relax, dude, si no le pides nada, Venice te lo dará todo.    


¿Están pensando quién es Will Arnett?, ni su rostro ni su voz son tan difíciles de ubicar: fue y sigue siendo GOB “Joeb” Bluth en la comedia de culto Arrested Development, Nathan Miller en la más conservadora The Millers, Batman en su versión animada en el universo de LEGO y BoJack Horseman, aquel caballo decadente y existencialista, en la serie homónima. Lo que resulta impresionante, en el mejor sentido de la palabra, es ver cómo se reinventa al centro de Flaked haciendo de Chip, un personaje relajadamente conflictuado, un alcohólico “recuperado” que de a poco se convierte en el algo así como la autoridad moral de Venice.


En las reuniones de Alcohólicos Anónimos se busca, entre otras cosas, la serenidad para aceptar las cosas que no van a cambiar, el valor para cambiar lo que se puede cambiar y la sabiduría para reconocer la diferencia entre lo uno y lo otro. A diferencia de quienes lo dan todo por sentado, un adicto vive día a día tratando de no volver a ser lo que fue por tanto tiempo (los años perdidos se dilatan en la memoria hasta convertirse en la mitad de tu vida o algo peor), marcando una línea entre el pasado y el presente, alimentando al monstruo que lleva adentro para que se quede tranquilo: alimentándolo con mentiras si es necesario. 


Venice, según cuenta Chip, era una comunidad que, como él antes de desintoxicarse, estaba en ruinas, “Corrías peligro si estabas sentado en la sala de tu casa”, dice. No es coincidencia que varios de los personajes secundarios (los actores David Sullivan, George Basil y Robert Wisdom brillan cada vez que aparecen) sean otros alcohólicos recuperados que más que redención buscan paz: el sueño imposible de estar cómodo bajo tu propia piel. Y no es coincidencia, tampoco, que la serie encuentre a Venice luchando con el progreso para salvar el alma: si nos costó tanto ser lo que somos, ¿por qué tenemos que cambiar? 


Al final de la primera y hasta ahora única temporada de Flaked (si hacen otra corren el riesgo de arruinar una nouvelle perfecta) queda claro que como en las mejores novelas negras norteamericanas, que dicho sea de paso nacieron en Los Ángeles, el misterio siempre estuvo ahí, frente a nuestros ojos, y que nosotros también hemos sido engañados de alguna manera por Chip, que es, al parecer, el único que realmente sabe lo que está pasando: necesitamos creer que alguien que estuvo igual de perdido que nosotros pudo atravesar la oscuridad porque si él pudo quizás, con suerte, nosotros también podamos. “La vida no se vuelve más fácil, solo te acostumbras a lo difícil que es”, dice Chip.  


Flaked, creada por el mismo Will Arnett, que es canadiense, y por el escritor británico Mark Chappell (los guiones de cada episodio van firmados por los dos), ingresa con sobra de méritos en la tradición de algo que podríamos llamar “Estados Unidos contado por inmigrantes”, un país medio inventado, amplio y competitivo donde conviven, por ejemplo, las novelas de Vladimir Nabokov y las películas de Billy Wilder. Flaked puede jugar en esa liga, cumple con todos los requisitos, paga todas sus cuentas y queda con saldo a favor: la música original es de Stephen Malkmus, una de las varias mentes brillantes detrás de los noventeros y atemporales Pavement. Flaked tiene la estructura desestabilizadora de una historia policial de Raymond Chandler, el humor casi folclórico de los hermanos Coen (Chip, a veces, llega a los niveles del Dude en The Big Lebowski, pero sin la cuota zen), la estética bronceada de Hal Ashby y el tono íntimo y confesional de las memorias de Joan Didion. Will Arnett y Mark Chapell quizás no sean estadounidenses, pero se nota que han visto, leído y escuchado lo suficiente como para postular a la ciudadanía.  


Flaked sería demasiado gringa si sus influencias más evidentes no estuvieran puestas en práctica con el objetivo de mostrar, a veces por accidente y otras en defensa propia, los  rincones más vulnerables de su personaje principal. Chip no es una mala persona, no quiere serlo: al contrario, suele partir con buenas intenciones, pero se desvía en el camino. Chip miente para no hacer daño y termina hiriendo y alejando a la gente que se preocupa por él. Chip trata de esquivar las oportunidades de traicionar a sus amigos hasta que ya no tiene más remedio. Chip no quiere enamorarse porque sabe que está contaminado y esa distancia que guarda con el mundo lo hace atractivo. Chip no quiere fastidiar a nadie, pero no se puede vivir así.  


*Escritor, editor adjunto de la revista Mundo Diners.

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