Alfaro es derrocado por última vez y exiliado a Panamá, de donde no debe volver so pena de hallar la muerte desaforada. Pero Alfaro vuelve, una vez más. La última. El comercio y la banca costeña con el gamonalismo serrano progresista, se apoderan del Estado que ha hecho la revolución y excluyen de manera definitiva el macheterismo popular y la iglesia feudal. Se exorciza la revolución arrastrando y quemando media docena de guerrilleros entre los cuales el pequeño y anciano cuerpo de Alfaro expía la sangre, el terror, el fanatismo, el radicalismo de un tiempo conmovido en sus cimientos y sobre cuyas ruinas titubea el nuevo tiempo.