18 años de celebrar una Navidad vegetariana
Por: Gabriela Balarezo
La mesa del comedor de la familia Salcedo Paladines luce un mantel rojo con siluetas doradas de arbolitos de Navidad. Sobre ella cuatro juegos de cubiertos, cuatro vasos y copas de cristal, cuatro servilletas a juego con el mantel.
En el centro de la mesa, lugar reservado para el tradicional pavo, reposa un contenedor transparente con lo que parece ser una lasaña, recién salida del horno. Afuera, se observa a través de las amplias ventanas que rodean al comedor, que lucecitas de colores que cuelgan del techo tintinean sin cesar.
De un momento a otro el peculiar aroma que desprende el jengibre al ser puesto en aceite llena el ambiente. Marco Salcedo, dueño de la casa y padre de familia, explica que la especia originaria de Asia es el condimento principal en la cocina vegetariana.
Ninguno de los miembros de la familia de Marco consume carne, tampoco ajo ni cebolla, porque son alimentos muy fuertes. Al jengibre que se calienta en una sartén a fuego medio Marco le añade nabo chino, una pizca de sal y un poco de salsa de soya, tres minutos al fuego con la tapa puesta y listo. “Es lo más sencillo y rápido de preparar”, dice y sonríe.
Mientras se guisan los nabos, Billy de 27 años y estudiante de odontología, les da forma a lo que serán unas hamburguesas de lenteja y zanahoria. Su papá aclara que no se puede ser vegetariano sin saber cómo realizar los platillos y en su casa todos colaboran en la cocina, sobre todo a la hora de preparar la cena navideña.
Desde hace 18 años que Marco, su esposa Elbita y sus tres hijos Shamir, el mayor, Billy y Jessica empezaron el largo y difícil camino de conversión hacia el vegetarianismo. Según Elbita, al principio comían carne de pollo de vez en cuando y poco a poco fueron dejando de lado cualquier tipo de alimento de origen animal.
“Es nuestro aporte a la no violencia contra los animales”, complementa el segundo hijo de los Salcedo Paladines, quien es el que más disfruta pasar tiempo en la cocina elaborando distintos menús vegetarianos. De hecho, la lasaña, el platillo central que destaca en la mesa del comedor, es su especialidad.
En la cocina de la familia no se prepara ningún tipo de carne animal. Marco abre la puerta del congelador y muestran diferentes sustitutos de carne, de origen vegetal -chorizo, salchichas, inclusive fritada-. “Como hablar de benevolencia en Navidad si se sacrificamos un pavo, un ser vivo que respira, que siente y por el que fluye energía”, acota el señor Salcedo.
En navidades anteriores -y en otras ocasiones- cuando parientes ‘carnívoros los visitan, los mismos invitados llevan su comida o los anfitriones la compran en algún restaurante.
Las bebidas alcohólicas tampoco son parte de su dieta. Lo que antes fue una licorera, empotrada sobre el refrigerador, sirve ahora para guardar envases de aceita para cocinar.
Con el pasar de los minutos la mesa del comedor empieza a llenarse de manjares, los nabos chinos que preparó Marco, las hamburguesas y la lasaña de Billy. Elbita corta unos trozos de lechuga para una ensalada y Jessica llena los vasos con té helado.
Los cuatro Salcedo Paladines se sientan a la mesa, en Nochebuena los acompañarán también Shamir, su esposa y sus hijas pequeñas. Al colorido conjunto de preparaciones se suma una buena ración de mote con chicharrón de soya. La cena navideña vegetariana no pudo quedar más deliciosa.
La cena de Navidad se escoge por consenso en la casa Carvajal-Racines
Por: Fernando Mendoza
En la casa de la familia Carvajal Racines hay un detalle navideño en cada espacio. Ellos viven en Tumbaco, en el oriente de Quito. Justo en la puerta principal, cuelga un Papá Noel. Adentro, en la sala, un árbol que va del piso al techo está lleno de adornos y junto a la chimenea donde hay un nacimiento blanco. Frente al árbol hay otro nacimiento y en las vigas de la casa de estructura mixta (madera, adobe y cemento) existen más adornos alusivos a la llegada del Niño Jesús.
En la cocina el ambiente es igual. Las cortinas tienen decorativos navideños. Los jarros que sirven para tomar café o chocolate tienen dibujado un Papá Noel o un muñeco de nieve. Las servilletas, en cambio, tienen la figura del traje rojo del oriundo del Polo Norte. Además, en el mesón central, hay otro arbolito que no supera los 50 centímetros. ¡Todo es navideño!
Gonzalo Carvajal es el jefe de hogar. Está casado con Sandra Racines desde hace 26 años y sus hijos son Tammy (22), David (20) y Andrea (24). Antes de la Navidad, esta familia cristiana evangélica se reúne con amigos y familiares para el devocional. Ahí, entre oraciones, tienen claro el mensaje de la reencarnación de Dios en su hijo Jesús.
En la cena de Navidad la comida es aleatoria. Se escoge dependiendo del consenso familiar. David estudia gastronomía en la Universidad San Francisco y Andrea es licenciada en Arte Culinario de la misma Universidad. Así que ambos, junto a papá y mamá,
hacen una lluvia de ideas para escoger la presentación y realización del plato. Al final, la mejor idea es preparada para Nochebuena.
Racines se inclina por el pavo, es su comida preferida. Sin embargo, Carvajal es amante de comer chancho; pero no es un impedimento al momento de escoger el menú. “Se trata de complacer a todos”, dice Racines.
A pesar de ser los platos predilectos en la Navidad, también hay licencias para escoger otro menú. Por ejemplo, el año pasado, David mostró sus dotes de chef y se hizo cargo de la cena navideña. Elaboró un menú basado en productos andinos. Hizo un puré de ocas, camote y, adicionalmente, colocó marisco gratinado. “¡Una delicia!”, dijo Andrea, la hermana mayor.
Papá y mamá hacen las compras una semana antes del 24 de diciembre. Andrea se encarga de confirmar la presencia de las personas que asistirán a la velada, de que la comida alcance y, además, de qué tipos de bebida se van a servir. Es también la encargada de elaborar la especialidad y el secreto de la casa: postre de zapallo. “Es delicioso”, menciona la orgullosa madre.
Este año se cenará chancho en la casa de la familia Carvajal Racines. La encargada de la cocina, esta vez, será Sandra. Ya tiene listo el plan. Cuatro días antes pondrá vino al chancho. Además, añadirá canela, comino, ajo y cebolla. Lo colocará en el horno de barro y acompañará la carne con llapingachos. Las ensaladas no pueden faltar. Preparará de frutas, lechuga y por qué no, otra de frutas que lleve mango. Las galletas también se suman a la mesa y un ponche elaborado con frutas, pero sin licor. “Así disfrutan todos de la bebida”, dice Racines.
El día de la cena todos ‘meten’ mano o dan opiniones de cómo se debe prepara el alimento. Sandra, esta Navidad, será la ‘jefa’ de cocina, David se encargará de picar los ingredientes, Andrea supervisará las cantidades y, además, se encargará de los postres y bebidas; Gonzalo, en cambio, opinará sobre la preparación de alimentos y Tammy decorará los postres. ¡Todos tendrán tarea en la cocina!
La Navidad une a tres generaciones bajo un mismo techo.
Por: Mauricio Durán
Dieciséis personas entre hijos, nueras, yernos, nietos y bisnietos compartirán esta Navidad en la casa de Consuelo de Chávez. Ella es la cabeza de esta numerosa familia y acoge, en el seno de su hogar cristiano, a tres generaciones para celebrar el nacimiento del niño Jesús.
Los colores rojo y verde son el contraste con los adornos navideños que se encuentran por toda la casa. Cerámicas de papá Noel, trineos y renos, así como también ángeles y otras figuras dan el toque festivo para recibir la Nochebuena. En la sala principal, como elemento central, se ubica el tradicional árbol navideño. Aquí, la familia realiza año tras año el intercambio de obsequios.
“En este lugar se celebra el verdadero espíritu navideño que es compartir junto a la familia”, dice la jefa del hogar. Esta frase, encierra una historia que comenzó hace ya medio siglo.
Hace 50 años ella y su esposo, Guillermo Chávez, empezaron la celebración navideña junto a sus cuatro hijos con el deseo de permanecer unidos y dar la importancia del nacimiento de Jesús. Desde entonces, enseñaron a los suyos la importancia de conocer los valores espirituales y los principios morales.
La repartición de obsequios la realizan siempre antes de la cena de las 00:00 del 25 de diciembre. “No tiene nada que ver con el costo ni la proporción,
sino más bien como un gesto de amor y de ser tomados en cuenta”, asegura Consuelo. Durante el ágape comparten historias personales de lo sucedido a lo largo de todo el año y leen versículos de la Biblia referentes a la venida de Jesús.
Sin embargo, esta costumbre inició desde mucho antes, cuando los ancestros de este hogar solían reunir a los niños del barrio para rezar la novena entre cantos, villancicos y panderetas. Cada año la realizaban en una casa diferente y se repartían al final la funda de caramelos.
“Antes en la cena navideña se servía gallina y luego, con la llegada de los supermercados, se implementó el pavo”, recuerda Consuelo.
Para la cena anual cada una de las nueras lleva un plato especial que acompaña al pavo. Además, se sirven postres como torta helada, bueñuelos o ‘Charlotte Parisién’ y nueces con uvas. El brindis, por tradición, lo realiza el hijo mayor y dan gracias por compartir un años más de vida juntos.
La comida es precisamente uno de los elementos que une a esta familia. Pese a que a la reunión todos asisten con sus platos especiales, la preparación del pavo se la realiza en conjunto. Consuelo, sus hijos y las nueras aportan en esta tarea. La manera de servir el pavo en la mesa no siempre es la misma, pues cada año procuran cambiar la receta.
Así, han ido variando en la degustación de pavo al vino blanco, pavo americano relleno, pavo trufado o simplemente el pavo al horno. En ciertas ocasiones incluso se ha servido lechón al horno.
No hay una fórmula para cocinar, simplemente eligen una receta y juntos la preparan. La importancia de este rituales compartir ese acto de comunión que significa cocinar con los seres queridos bajo el mismo techo.
En ciertas ocasiones suelen unirse a la familia de Consuelo sus hermanos y hermanas, con sus respectivos hijos, para compartir la fiesta.
Después de tantos años celebrando la venida de Jesús al mundo, “la familia ha crecido y ha madurado”. “No se da importancia a lo material sino a la espiritualidad. Cada hijo ha tomado su camino y otros seres amados han partido, pero los que quedamos tratamos de compartir añorando tiempos pasado”, dice ‘Tochita’, la madre de este tradicional hogar de la ciudad de Quito.
La cena navideña en Ecuador, un misterio para tres extranjeras
Por: Sara Oñate
La Navidad de Lucrecia, Maeve y Caitlin será diferente este año. Ellas son jóvenes extranjeras que llegaron a Quito hace cinco meses por razones de estudios.
La nostalgia por estar lejos de sus seres queridos y la expectativa por conocer cómo se vive, cómo se comparte y los manjares que se disfrutan en Nochebuena, son el factor común de estas jóvenes.
Lucrecia Blanchut es de Francia y tiene 25 años. Ella llegó a Quito como pasante de la Carrera Plurilingüe de la Universidad Central del Ecuador. Aunque la época navideña no le quita el sueño, admite que siente curiosidad por conocer las tradiciones de los ecuatorianos en Navidad.
Casi saboreando la comida, Lucrecia recuerda los platos que se degustan en su país. “El plato fuerte es el pavo o cualquier tipo de ave acompañado de papas, verduras, ensaladas. El aperitivo puede ser pescado, ostras o camarones”.
Blanchut también habla de los postres, que son abundantes en esta celebración. “Hay frutos secos de toda clase y muchos dulces como galletas, chocolates, pasteles, turrón, helado. Cuando se termina de comer, acostumbramos a brindar con champagne”.
Lucrecia afirma que no conoce lo que se degusta en el país por Navidad, “he escuchado que se come pavo, arroz, ensaladas, tengo mucha curiosidad de probar la comida tradicional de esta época”.
La joven francesa pasará esta fecha con un grupo de amigos que también están solos en la capital. “Tenemos pensado ir a un restaurante en donde encontremos estos platos, queremos probar la sazón y comer mucho, mucho, como en mi país”.
Maeve quiere una Navidad con muchos dulces
En la Universidad Católica de Quito estudia Maeve Mallozzi, una joven de 20 años de Indiana, Estados Unidos. Ella también llegó en agosto a la capital y estudia antropología.
Un poco tímida comenta que ha visitado algunos lugares de Ecuador como Canoa, Baños, Puerto López y le ha gustado mucho, “estoy fascinada con el país”.
Maeve vive con una familia anfitriona en el sector de La Mariscal, en el norte de Quito. Aunque sus ‘parientes adoptivos’ fueron a pasar Navidad en Estados Unidos, ella pasará Nochebuena con un grupo de amigos ecuatorianos que prepararán la cena. “Me han comentado que la tradición es comer pavo con varias ensaladas. Estoy esperando con ansias ese día. Ya quiero probar esos platos”.
Maeve anhela que haya muchos dulces como en su país. “En esta época, en Estados Unidos, las mesas se llenan de galletas, chocolates, pastel o pie de calabaza, caramelos”.
Mallozzi también quiere que sus amigos conozcan un poco de lo que se come en su tierra, por esta razón les preparará galletas navideñas, “es muy común hacer galletas caseras, todo el mundo las cocina y son deliciosas”.
Caitlin preparará ‘hombres de jengibre’
En el sector de Monteserrín, en el norte de Quito, vive Caitlin Parks, una joven de 20 años que llegó en agosto desde Michigan, Estados Unidos, como parte de un intercambio. Ella estudia español y cine documental en la Universidad San Francisco.
Su familia anfitriona está muy feliz de recibirla en su hogar. Galo Rosales, ‘padre adoptivo’ de Caitlin, cuenta que la presencia de la joven llena el vacío que dejaron su dos hijos que también partieron a Monterrey, México, a estudiar.
A pesar de que Caitlin extraña a su familia y siente mucha nostalgia de pasar la Navidad lejos de ellos, afirma que quiere ver y vivir cosas únicas, cosas que no ve en su país. La familia Rosales, por su parte, quiere brindarle a su ‘hija adoptiva’ una Navidad especial.
“Vamos a preparar la comida típica de esta época: pavo relleno, arroz, ensaladas, papas, prístinos, que es lo que cenamos. Queremos que Caitlin pruebe nuestra comida, nuestra sazón”, dice Galo.
La joven de 20 años, por su parte, preprará galletas navideñas con formas de hombres de jengibre.
Con distintos tipos de carne y frutas, los haitianos celebran la cena navideña
Por: Mónica Jara
En una habitación de 16 m2, que ha sido su refugio desde los últimos tres años que llegó a Ecuador, Emmanuel Pierre recibe a las visitas, tiene un poco de recelo. Acerca unas sillas para acomodar a sus invitados y con una amplia sonrisa da la bienvenida.
Él se sienta en el filo de su cama de dos plazas junto a su esposa, Eline Mascary, y sus hijos gemelos de dos años. Desde allí, donde duermen los cuatro, recordaron cómo celebraban la Navidad en su natal Haití.
Él cuenta que esta fiesta se realiza de diferente forma. Depende de las creencias religiosas y de las posibilidades de cada familia, por la precaria situación económica de ese país. Unos la celebran basados en la religión católica y otros con rituales del vudú.
La Navidad para los creyentes comienza con la decoración de las casas. Predominan las luces y los tradicionales árboles de pino. Allí, levantar un pesebre no es habitual. En efecto -dice Emmanuel- los nacimientos de las iglesias no se montan desde finales de noviembre, como en Ecuador, sino que un pequeño grupo se encarga de instalarlo la mañana del 24 de diciembre. “Así cuando la gente va a la misa de medianoche se sorprende con el pesebre y por la decoración que cambia cada año dentro de los templos”.
Las familias acuden juntas a la gran misa donde entonan melodías, que traducidas al español, significan ‘canciones de Noel’.
Posteriormente, en las casas se comparte la cena navideña que es a base de gandul (fréjol) y arroz acompañado con carne de pollo, pescado o de chivo. Existe abundante fruta y también beben una crema de licor de coco. “Ese día los niños tienen permiso para tomar una copa”, explica entre risas.
En Navidad, quienes practican el vudú en Haití realizan una gran fiesta. Emmanuel explica que a las 12 de la noche, entre el 24 y 25 de diciembre, el líder del grupo asegura estar poseído por un espíritu. El sacerdote dirige el ritual entre oraciones y el sonido de maracas y tambores.
Luego matan a un animal, que puede ser un toro, una gallina o un cerdo, y beben su sangre fría. Esa carne del animal será posteriormente usada en una gran comida que se reparte en un ‘calbazo’. Este es una especie de plato que se obtiene del corte de una cáscara interna de una verdura similar al zapallo.
La carne se deja en el cementerio, en las cuadras de las casas y en las esquinas de las parroquias. Según explica el haitiano, “para que coman los santos o los dioses del vudú”.
Otro de los objetivos de este ritual es la brujería, para conocer y prevenir qué pasará en el futuro. “Por ejemplo hay quienes se curaron de enfermedades con sacerdotes del vudú y se realizan baños con hojas para evitar que los males les sucedan en el nuevo año. Por eso también se lo hace el 31 de diciembre.
Su esposa, Eline, menciona que aunque vinieron a Ecuador en busca de un futuro mejor, les aqueja una difícil situación económica. Ambos, junto a sus dos gemelos de dos años, no han podido decorar su casa ni celebrarán la Navidad.
El panorama de esta familia se complica porque Emmanuel no tiene un trabajo fijo y Eline no puede laborar, ya que debe cuidar a sus vástagos. Sin embargo, ella espera preparar la cena, pues muchos de los ingredientes sí existen en el país, aunque con algunas diferencias. “El arroz en Haití es más grueso y la polenta también".
Al contrario de lo que ocurre con otras comunidades de migrantes, para los haitianos es difícil agruparse con otras familias y compartir. Como asegura Emmanuel, “vienen a Ecuador solo como un país de paso, porque muchos quieren ir a Brasil. Por eso no se quedan más de tres meses en este país”.
Después de compartir la historia de cómo se celebra la Navidad en Haití, Emmanuel y Eline, cantan una canción navideña en francés, la cual se enseña en las escuelas a los niños desde la educación inicial. Traducida al español dice: “pequeño Papá Noel cuando vengas del cielo no olvides mi zapato pequeño”… Por un momento dudan al cantar, porque olvidaron la letra. Luego se miran, sonríen y la repiten completa.
Una Navidad mexicana es la fiesta de la generosidad y la alegría
Por: María Paz Mejía
Hay tres sinónimos para la Navidad en México: generosidad, alegría y amor por lo propio. Gabriel Corona, su esposa Laura Ramos, sus hijos Gabriel y Esteban y el tío Cuauhtémoc lo representan a la perfección. Junto a esta tradicional familia mexicana recorrimos, como si de posadas se tratase, las tradiciones, la comida y la decoración de las fiestas.
- En el nombre del cielo os pido posada pues no puede andar mi esposa amada.
- Aquí no es mesón sigan adelante yo no debo abrir no sea algún tunante.
- No seas inhumano, tennos caridad que el Dios de los cielos te lo premiará.
- Ya se pueden ir y no molestar porque si me enfado os voy a apalear.
No hay nada más tradicional para esta familia mexicana que anticiparse a la Nochebuena preparando las posadas. Similar a la novena ecuatoriana, Gabriel y su familia representan el peregrinaje de José y María en búsqueda de alojamiento antes del nacimiento del Niño Jesús. Desde el 16 de diciembre, en familia o con vecinos, se busca un hogar para la Sagrada Familia.
- Venimos rendidos desde Nazareth, yo soy carpintero de nombre José.
- No me importa el nombre, déjenme dormir pues que ya les digo que no hemos de abrir.
Dos casas niegan posada para los peregrinos antes de encontrar abrigo en la tercera. Allí, tras el rezo de un rosario, comienza la “pachanga”. Buñuelos y ponche se comparten entre todos mientras los niños rompen las piñatas que han representado los siete pecados capitales. La ganancia está en la fruta, los dulces y los regalitos.
Los buñuelos, parecidos en textura a las empanadas de viento locales aunque sin relleno, se comen con azúcar. Mientras tanto, el ponche se sirve para mitigar el frío y acompañar la caminata. Esta bebida, hecha a base frutas hervidas con canela, caña de azúcar, tamarindo y panela, se distribuye entre quienes acompañan a José y María peregrinos, en su búsqueda de techo.
- Posada te pido amado casero por solo una noche la Reina del Cielo.
- Pues si es una reina quien lo solicita ¿Cómo es que de noche anda tan solita?
Llega la noche de Navidad y en casa, Gabriel y su familia se reúnen para comer. En una esquina de la sala, el árbol con luces y esferas (bombillos) acoge en sus pies al nacimiento, la posada final de José, María y el Niño que ya llega. También luce un camino y los Reyes Magos. En casa, las ‘Nochebuenas’ (flor de pascua, originaria del estado mexicano de Morelos pero popular alrededor del mundo) dan color y mantienen viva la tradición.
- Mi esposa es María, es Reina del Cielo, y madre va a ser del Divino Verbo.
- ¿Eres tu José? ¿Tu esposa es María? Entren peregrinos no los conocía.
Llega la medianoche y la familia arrulla el Niñito Jesús. De mano en mano, con cariño, se da la bienvenida al Salvador. Una vez que los peregrinos han encontrado su techo, el niño y sus padres descansan y es hora de celebrar y comer en familia.
La más típica cena navideña mexicana tiene algunos platillos: romeritos con mole, tortas de camarón (parecidos a los llapingachos locales pero hechos con polvo de camarón y huevo), nopales frescos, picados y hervidos. Se acompaña de la tradicional ensalada mexicana de la fecha: remolacha, cacahuate, naranja... Entre risas la familia Corona confía: “En la Navidad sabe delicioso”. Una ensalada dulce acompaña la cena que podría complementarse con “importaciones” como pavo, pierna de cerdo, bacalao, entre otros. Ensaladas (manzana, queso, zanahoria, ciruela, leche condensada, piña, nuez, pasas, crema de leche). La pachanga también sucede a la comida en la Nochebuena.
Los Corona Ramos pasarán la Navidad de este 2013 lejos de casa, aunque fieles a su tradición y raíces mexicanas, fáciles de detectar: generosidad, alegría y amor por lo propio.
- Dios pague, señores vuestra caridad y os colme el cielo de felicidad.
- Dichosa la casa que alberga este día a la Virgen Pura, la hermosa María.
El mejor regalo de Navidad para el adulto mayor es cenar con sus familiares
Por: Jenny Proaño
La imagen de un santo a la entrada se conjuga con los adornos de papel crepe de colores verde y rojo. Lazos, flores y girnalidas cuelgan de las esquinas de una pizarra en la que se informa sobre las actividades del mes.
El bazar navideño, el pase del Niño, la Novena y la cena navideña de los adultos mayores con sus familiares son los eventos clásicos que se realizan en el geriátrico Plenitud Ciudad de la Alegría, en el sur de Quito.
Es precisamente la figura de San José -que se impone en la entrada- el punto de encuentro del personal del geriátrico para ultimar el programa musical que han preparado para los residentes en la casa hogar. Este show será el último programa antes de la esperada cena navideña.
Ruth Mera, de 84 años, es una de las primeras que acudió puntual a la sala principal.
Ella está ansiosa porque dentro de tres días se sentará a la mesa con sus familiares y compañeros a degustar el menú navideño.
Al día siguiente, a partir de las 09:15, la devoción al Niño Dios se vive en la capilla del hogar de ancianos.
Unos residentes esperan en silencio a que se inicie la Noven, otros cantan en voz muy baja el villancico ‘Ya viene el niñito’, otos se acercan al atrio para ver al Divino Niño y otros prefieren quedarse en el salón principal y no participar.
En esta ceremonia los residentes hacen peticiones al Niño Dios. Ellos no quieren regalos tangibles que se envuelvan en papel de regalo. Le piden compartir nobles sentimientos con los suyos y no ser olvidados.
Al recordar la mejor Navidad de su vida, a Olga Pazmiño le vienen a su mente las imágenes de la cena de Navidad con su madre y hermanas.
La mujer de 82 años prefirió dedicar su vida a cuidar a su madre enferma, quien murió hace 27 años. Por ese motivo no se casó, ni tuvo hijos.
Como una contradicción de la vida, ella no quiso que su un madre viviera en un asilo.
Esta será la segunda Navidad que Olga pasa en la casa hogar y el sábado 21 de diciembre tendrá la cena navideña. La octogenaria tiene una sobrina a la que quiere como si fuera su hija y espera verla con ansias.
Recuerda que el año anterior sirvieron pavo, aunque no recuerda en qué consistió la entrada y la guarnición. Le resta importancia a esos detalles ya que para ella la comida no es importante en Navidad, sino pasar con sus seres queridos.
La cena de los residentes y sus familiares es una tradición en Plenitud Ciudad de la Alegría, de la Fundación San José, comenta su directora, Wanda Piana.
Todos los años desde la creación de la casa hogar (hace 20 años) el pavo, el arroz navideño, las ensaladas y el vino son una tradición en la mesa.
El postre no se queda de lado, aunque con medida. Este año la cena cerrará con broche de oro con pristiños bañados en miel.
Desde hace dos semanas, en los talleres de manualidades, los residentes han aprendido a diseñar adornos con servilletas rojas y verdes. También han fabricado las decoraciones con colores brillantes.
Olga espera sorprender sus familiares con sus habilidades artísticas.
Una comunidad logra organizarse para la cena navideña
Por: Estefanía Velasco
Armonía es el nombre del grupo de 43 mujeres que se conocieron en el Centro de Desarrollo Comunitario de la parroquia de Cotocollao (CDC), este es liderado por Ximena Meneses Gachet. Ximena considera que el espacio que encuentran en el CDC les ha servido para fomentar una bonita amistad, por eso cuando se avecinaban las fiestas navideñas decidieron organizarse para realizar una cena.
Fue así que después de sus clases de bailoterapia se reunían para hablar de la cuota, los adornos, el menú y la música. Una de las integrantes de Armonía ofreció su casa y darse el tiempo para elegir los alimentos a servirse. Para el sábado 14 de diciembre todo estaba listo, Alexandra Montenegro dueña de la casa recibió a 36 de las 42 integrantes. En la sala de su casa arregló tres mesas largas, les colocó manteles blancos con detalles azules y manteles dorados, como centro de mesa unas velas rojas y verdes resaltando los colores propios de la Navidad.
En la cena se encontraron compañeras de los barrios que llegan al CDC, fueron de la Roldos, El Condado, La Ofelia, San Carlos y del barrio 23 de Julio dónde está ubicado el Centro. Alexandra dio la bienvenida a sus compañeras cuando eran las 19:30, luego Ximena ofreció un emotivo discurso deseando felices fiestas a sus amigas. Más tarde se dio paso al número que cada una tenía organizado, se oyeron cachos y poesías por Navidad, se hicieron juegos y hubo baile.
El plato que cada una se sirvió lucía delicioso y colorido, carne con verduras, pollo al curry, arroz con pimientos, una de las ensaladas contenía papas, tomates cherry, y la otra ensalada fue dulce, con frutas y pasas. La comida estuvo acompañada de bebidas gaseosas y sangría para el brindis. Todo el tiempo la música que sonó fue bailable, ritmos como el merengue, la salsa, y la cumbia sonaban minuto tras minuto. A eso de las 00:00 se empezaron a retirar, algunas en sus autos y otras en taxis.
Con UDS 10 que fue la cuota que cada una aportó comieron, bebieron y obtuvieron un pequeño presente. Ximena recuerda que todas estuvieron felices, y las que recién se integraban al grupo “se dieron cuenta que nuestra intención es buena, que lo que buscamos es compartir momentos para de esta manera conocernos mejor y distraernos un poco”.
Antes de la cena el viernes 13 organizaron un Festival de Villancicos, también hubo una exposición de adornos navideños, todo esto como preámbulo de las fiestas. La tradicional novena también es parte de los festejos, alrededor de 30 personas se reúnen a las afueras del CDC, rezan oraciones para la familia y hacen alabanzas al niño Jesús, cada día se elije una coordinadora para la novena. El octavo día estuvo a cargo de Mónica Rodriguez, ella se encargó de verificar que todo este en orden y que no falte nada. Al finalizar los rezos se sirven un café con bizcochos.
Ximena organiza esto con mucho amor, a ella le gusta que la gente se sienta cómoda y disfrute de lo que prepara en el CDC, va tres años y medio como líder, la gente confía en ella por su carisma y transparencia.
Para el sábado 21 de diciembre organizó el pase del niño que recorrió la calle del CDC hasta la iglesia, en la procesión les acompañó una banda y luego hubo misa.
El espíritu deportivo también presente en Navidad
Por: Juan Carlos Narváez P.
El espíritu deportivo en la familia Montesdeoca –Méndez se evidencia incluso al momento de la cena navideña. Cada año los integrantes se pelean por la mejor parte de la comida.
Esta familia se caracteriza por practicar varias disciplinas deportivas, entre ellas natación, triatlón y escalada. Valerie Montesdeoca -como cabeza de familia- transmitió la pasión por el deporte a sus hijos Juan Pablo, Dashalía y Néstor.
Ellos compartieron cómo viven la época navideña en un hogar donde no sobresalen los íconos navideños, pero sí los elementos deportivos como las medallas. La Navidad es más un proceso de trabajo, entrenamientos y competencias donde resalta la unión familiar; esa es su forma de celebrar.
Para Valerie la Navidad no es solo un día ni una fecha. Navidad, según su concepto, es algo que hay que vivirlo y festejarlo todos los días. Mientras Valerie relata la experiencia navideña, sus hijos no pierden el hilo de la conversación y centran su atención cuando menciona el aspecto de la reunión familiar que, por lo general, es en casa de sus hermanas quienes ahora, viven en Quito.
Cuando llegan los festejos de diciembre, empieza el ajetreo porque deben cumplir con todas las actividades- entrenamientos y de tipo laboral- para después, llegar a tiempo para compartir con el resto de la familia que, a esa hora, ya están reunidos.
Sin duda, el momento que más gusta en la familia Montesdeoca-Méndez es aquel previo a la cena navideña porque “son momentos muy especiales” en donde hacen actividades diferentes y lúdicas cada año. Por ejemplo: jugar a buscar los regalos con varias pistas que les lleven a encontrarlos.
Conforme relata Valerie los momentos familiares, de inmediato llegan a su memoria los recuerdos y menciona emocionada que era su madre quien utilizaba toda la energía y hacía íntegramente la cena a pesar de recibir la ayuda necesaria de la familia, pero era se encargaba de organizar todo lo necesario.
Llegó una época, asegura Valerie, en la que el resto de la familia se dio cuenta que terminaba rendida.
Desde hace dos años, decidieron adelantar la hora de la cena a las 22:00 para que los más pequeños de la familia puedan disfrutar más de los regalos.
En este momento, Juan Pablo el hijo mayor interviene para explicar que le gusta este hecho en particular, aunque más le gusta cuando el resto de la familia se pelea, durante la cena, por lo mejor de la comida.
Juan Pablo no tuvo reparos en mencionar que hace algún tiempo atrás, él practicaba la escalada, pero que actualmente, ha disminuido la intensidad de los entrenamientos debido a sus estudios universitarios. Él sostiene que la Navidad era algo especial pero ahora que debe trabajar la ve desde otra óptica.
Cuando Juan Pablo termina de hablar, una mirada cómplice se dirige hacia su hermana Dashalía, quien practica triatlón.
En 2012, Dashalía viajó a Cuba a cumplir con la preparación para los próximos juegos clasificatorios de triatlón en su categoría. Ella se da tiempo para buscar en su memoria y traer a colación que debió viajar del 22 de diciembre al 22 de enero, justo en la fecha de Navidad en donde descubrió que sí existen otras formas de celebrar esta fecha.
Mientras tanto, Néstor con 16 años ve la Navidad como una fecha alegre en la cual toda la familia comparte. Aclara que nunca le gustó el deporte pero dada la insistencia de su madre, ahora practica el Triatlón y entrena junto a su hermana Dashalía.
La familia Mendoza-Montesdeoca quiso dejar un mensaje para esta Navidad: “Desear a todas las personas que encuentren algo que les llene, que les de alegría, la paz que les de ese crecimiento personal que todos necesitamos para ser mejores personas”.
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