A diferencia del resto del Ecuador, las poblaciones de la zona 1 están marcadas por dinámicas distintas: se encuentran en un paso fronterizo con Colombia, país que ha vivido un conflicto armado por 60 años y cuyos efectos se han traducido en una gama de actividades ilegales, que amenazan las estructuras sociales, económicas y organizacionales. Los problemas de las comunidades fronterizas históricamente se han agravado por el abandono o una mínima presencia por parte del Estado, principalmente, en zonas rurales, lo cual se ha visto reflejado en el nivel de pobreza, inequidad y difícil acceso a prestaciones.
A esto se suma que el lado ecuatoriano está más densamente poblado que su par colombiano, en donde se aprecia grandes extensiones de área selvática, cultivos de coca y es el sitio en donde se movilizan los grupos ilegales armados con poca presencia de la fuerza pública. Estas y más dificultades se reconocen en la agenda zonal 2013-2017 y se han convertido en uno de los desafíos del actual régimen para el período 2018-2021. A continuación conozca más de la demografía de las cuatro provincias fronterizas, por cantones y parroquias.
En pocos días la Fuerza de Tarea Conjunta cumplirá un mes desde que inició sus operaciones para el resguardo de la frontera. ¿Cómo ha reaccionado la sociedad civil a las acciones militares?
La vida y las actitudes de las personas en San Lorenzo han cambiado radicalmente. Nos sentimos golpeados por la violencia, pero también confiamos en las promesas del Gobierno y en la llegada de los Ministerios. Sin embargo, hasta ahora esas propuestas quedaron solo en palabras. La realidad es que la ciudad se llenó de militares, carros de guerra y policías armados. La militarización ha generado que la gente tenga miedo, los niños no entienden lo que pasa, existe zozobra y los negocios han bajado por la falta de turistas.
¿Qué cosas se quedaron en promesas? ¿Qué esperaban ustedes?
El cantón San Lorenzo cada año tiene 2300 bachilleres. Lo que esperamos es que esos estudiantes puedan acceder a una educación superior. Acá no hay universidades públicas. Se requiere opciones educativas. Los padres en cambio requieren más fuentes de trabajo. También se requiere servicios básicos y acceso a la salud. Nosotros seguimos esperando que se concrete el Plan de Desarrollo Integral.
¿El Gobierno hasta el momento solo ha cumplido con la protección militar y policial?
Claro. Todos los recursos que se han direccionado para la frontera ha ido para fortalecer a los militares y a la seguridad. San Lorenzo necesita desarrollo, no solo paz.
¿Cuáles son las principales fuentes de empleo de la frontera?
Años atrás, San Lorenzo vivía de la concha y de la pesca, pero en los últimos tiempos la gente se ha volcado a trabajar en el cultivo de la palma. Esta actividad justamente está en línea de frontera y se ha vuelto una zona peligrosa. Ahora los militares custodian esos sectores, pero la gente sigue teniendo miedo de los disidentes. Por eso se requiere más fuentes de trabajo.
Usted dijo que los niños tienen miedo. ¿Qué se necesita para que tengan un ambiente óptimo para crecer?
Lo que falta en San Lorenzo también son espacios de recreación sana. Los niños, jóvenes y adolescentes no tienen opciones para fortalecer su desarrollo integral. Hay escuelas, pero se necesita programas deportivos, artísticos, musicales, etc. La falta de estos espacios, que debe garantizar el Estado, hace que los jóvenes caigan en el mundo del narcotráfico o de otros delitos.
¿Esta realidad siempre ha existido?
Sí. En los últimos años quizá la infraestructura del cantón ha cambiado, pero el tejido social es el mismo. El núcleo familiar de San Lorenzo ha visto como el Estado no da importancia a la frontera. Por fortuna, existen fundaciones y organizaciones que apoyan a las comunidades. Pero para que el impacto sea fuerte, es necesaria la intervención del Estado y eso lastimosamente hasta ahora no se ha visto.