‘House of cards’ demuestra el cinismo político del espectador

La serie de Netflix ‘House of cards’ narra las artimañas de un senador demócrata para lograr sus objetivos políticos. El programa ha transgredido la forma de hacer TV.

06 abril 2014.

La obligación de reverenciar al Estado suele ser una forma simbólica para sostener un proyecto político. Esa misma reverencia a los estados ha sido cuestionada en la historia.

La patria sagrada pudiera entenderse como un artefacto inventado en sociedad para acordar reglas. Estas normas son solo aceptadas por los que creen pertenecer a esa comunidad. Los irreverentes, desde el punto de vista de los gobiernos, pudieran ser aquellos que ya no se imaginan en esa construcción social. Los que están fuera son los que critican la simbología sagrada o los que rinden reverencia a otras formas de poder.

¿Es irreverente ‘House of cards’, la serie de Netflix? Sí, en el aspecto más formal de la propuesta. La iconografía que se usa para presentar la serie da las primeras muestras. El actor Kevin Spacey está sentado en la silla de Abraham Lincoln como si fuera él la estatua viva que está en el monumento en Washington. El seriado también utiliza una bandera de EE.UU. al revés en su póster. Esa profanación de la historia y la simbología serían duramente condenadas en otras latitudes. Este pudiera ser un punto para la irreverencia.

Una segunda señal de ruptura está con un hecho que aún no involucra a la trama de la serie. ‘House of cards’ rompió un esquema, toda la primera temporada (13 capítulos) estuvo en Netflix de un solo tirón sin necesidad de esperar horas y semanas para ver todo el seriado; además sin publicidad ni interrupciones.Netflix es un sistema de transmisión de películas y series en ‘streaming’ por Internet.La serie alcanzó tal éxito que ya ganó premios que antes estaban destinados solo para las producciones que se veían en las grandes cadenas.

Aquí empieza a partirse la epidermis de lo formal. Las grandes estaciones de EE.UU. no quisieron producir la serie y eso genera preguntas que pueden ayudar a desenredar los nudos que generan las relaciones que tienen la política, el poder económico y algunos medios de comunicación a escala mundial. ‘House of cards’ abre la puerta del patio trasero de la Casa Blanca y relata cómo a ese patio entran los políticos con maletines de ambiciones ilimitadas, periodistas con grabadoras de doble moral y las ONG de agenda económica.

En ‘House of cards’ el corazón de la madeja de enredos es el matrimonio de Francis y Claire Underwood, interpretados por Spacey y Robin Wright. Él es un senador demócrata que se molesta con su partido y el flamante Presidente de EE.UU. porque no fue nombrado Secretario de Estado. Su esposa maneja una ONG que apoya a países pobres. Su amor está construido con las mismas cartas políticas que se usan para sostener un pacto de izquierdas y derechas en tiempo de escasas ideologías.

El ser humano construyó normas para la convivencia social, muchas de ellas basadas en la moral y en la ética. Pero él mismo se ha encargado -con razón y con ambición- de cambiar sus propias reglas. Del mismo modo aparece esta ficción: para construir desde un lenguaje audiovisual una supuesta crítica a la política del país con la democracia más sólida. Underwood, al abrir el patio de la Casa Blanca y sus instituciones vecinas (incluidos los medios), logra manipular el sistema con herramientas básicas e intuitivas. El ser humano se diferencia de los animales porque sus acciones superan a sus instintos. El senador de ‘House of cards’ logra demostrar que los instintos animales permiten reinar en el mundo de los hombres. El asesinato es, según el ‘héroe’ de esta historia, justo para evitar el descalabro de un proyecto político. El sexo ayuda a disipar los nubarrones que construyen los periodistas y los medios de comunicación y el matrimonio es en ‘House of cards’ la base política para mantener una economía.

Para Underwood no existen los titubeos, los arrepentidos aniquilados política y personalmente. El presidente de Estados Unidos (en la vida real), Barack Obama, se declaró fanático de la serie cuando se estrenó la segunda temporada. Además de pedir que no se tuitearan avances aseguró que la vida en la Casa Blanca es muy aburrida en comparación a ‘House of cards’. Las declaraciones pueden ser tan políticas como la inocencia que muestra Francis Underwood a sus coidearios del partido Demócrata.

Otra vez la pregunta, ¿es irreverente ‘House of cards’? Sí, su discurso vulnera a esa patria sagrada, aunque solo refleja esa política de pactos sospechosos y la serie se convierte en el bufón que se burla del rey. La política no cambia, los formatos cambian. Hay un grafitti en Quito que dice: la vieja política con otra cara. El mérito de esta ficción es el uso del cinismo. El senador Underwood -en cada capítulo- dialoga con la cámara o con el espectador, lo hace cómplice de sus patrañas, lo hace voyerista de sus negocios en la cama. El público se convierte cómplice silencioso.

La irreverencia al Estado ha sido reemplazada por la reverencia a los supraestados o corporaciones transnacionales, cuya fuerza es más expresa en el primer mundo. La simbología de los nuevos gobiernos (y de la vieja política) es más fácil de ser decodificada y por ende exhibida en una ficción. Y las nuevas formas de estado construyen su discurso para no ser identificarlas como poder.

Marcos Vaca Morales. Editor
mvaca@elcomercio.com

Datos curiosos de la serie


El 14 de febrero pasado, día del estreno de la segunda temporada, Barack Obama se declaró fanático de la serie.


El proyecto fue rechazado por canales como HBO. Sin embargo, es un ‘remake’ de una serie británica.


El director de cine David Fincher (‘Red social’) es parte de la producción. Sin embargo, también dirigió 2 capítulos.


El guionista Beau Willimon ha estado siempre interesado en temas políticos. Hay escenas y personajes de la vida real.

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